Teresa y Rodrigo construyendo ermitas

Juan García de Miranda. "Santa Teresa y su hermano Rodrigo intentando construir ermitas". Capitanía General de La Coruña.
Juan García de Miranda. “Santa Teresa y su hermano Rodrigo intentando construir ermitas”. Capitanía General de La Coruña.

Este lienzo, de Juan García de Miranda  (1677-1749), titulado “Santa Teresa y su hermano Rodrigo intentando construir ermitas”, forma parte de una serie sobre la vida de la Santa (al igual que la «Educación de santa Teresa»), y está datado también en torno al año 1735. Se encuentra actualmente en el Palacio de la Capitanía General de La Coruña¹. Sus dimensiones son similares a las de las otras obras de la serie (163 x 225 cm.). Estamos ante una de las escenas más populares de la infancia de Teresa. Ella misma nos describe esta actividad infantil en su Libro de la Vida:

«De que vi que era imposible ir a donde me matasen por Dios, ordenábamos ser  ermitaños; y en una huerta que había en casa procurábamos, como podíamos, hacer  ermitas, poniendo unas pedrecillas que luego se nos caían, y así no hallábamos  remedio  en nada para nuestro deseo» (V 1,5).

Isabelle Poutrin² afirma que, junto con el afán por el martirio, el eremitismo representaba un estilo de santidad que ejercía una poderosa influencia sobre los niños de aquella religiosa España del siglo XVI. Se trata de un modelo que se nutre de las vidas de los padres del desierto y la Flos Sanctorum.  Los profetas Elías y Eliseo están en el origen bíblico del modelo eremítico. María Magdalena y Santa María Egipciaca son referentes femeninos de este estilo de vida. Teresa es la encargada de colocar las piedras, y su hermano Rodrigo, elegantemente ataviado, le hace de peón, acarreando piedras de un tamaño considerable (no parecen estas las “pedrecillas” que menciona Teresa en su Vida). La nota simpática la ponen dos angelitos que parecen colaborar en la tarea, ayudando con el acarreo de piedras. Aunque los vemos dedicados a esta pesada labor manual, tanto Teresa como Rodrigo llevan adornos de lujo en su indumentaria: ella, collar y pulsera de perlas; él, una cadena a la cintura, adornada con piedras. Sin duda, el artista quería reflejar por este medio su estatus social, lo que no dejaba de contrastar con el estilo de vida que pretendían abrazar como ermitaños, caracterizado por el desprecio de lo mundano y la  austeridad.

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Más adelante, Teresa descubre que el aislamiento eremítico no le basta, y entonces busca la comunidad, y juega a los monasterios: «Gustaba mucho, cuando jugaba con otras niñas, hacer monasterios, como que éramos monjas, y yo me parece deseaba serlo» (V 1,6). En este cuadro encontramos a Teresa afanada en la construcción. Pasarán varias décadas hasta que, metida de lleno en su tarea de fundadora, se convierta en una experta en el tema de las obras. Así, en el Libro de las Fundaciones, asistimos a una permanente búsqueda de casas para transformarlas en monasterio, en muchos casos, después de múltiples reformas: «Vimos la casa para decir lo que había de hacer, que la experiencia hacía que entendiese yo bien de estas cosas» (F 19, 7). Al fondo de la imagen, a la derecha, se observa también una noria. El trabajo de cargar el agua mediante arcaduces le servirá más tarde a Teresa para ejemplificar el segundo grado de oración. Frente al modo de orar como quien saca agua del pozo (primer grado, la meditación), con la noria es “a menos trabajo” y “sácase más agua”. Se observa una comunicación sin palabras entre los dos hermanos. Afirma Teresa Jiménez Priego, en el comentario sobre esta obra que seguimos: «La compenetración de su mirada es expresión de su íntima unión en sus empeños infantiles»³. Más tarde. Rodrigo tomaría otros derroteros. Emigraría al Nuevo Mundo, como el resto de los hermanos varones, y no seguiría a Teresa en su vocación religiosa ni en su labor fundacional. De momento, niños aún, secunda a su hermana en todo.


¹Agradecemos  a D. Enrique Angel Costas, responsable de la Oficina de comunicación de la Capitanía General de Coruña, su amabilidad en cedernos la fotografía de este cuadro  que reproducimos. La Capitanía General celebra en este año 2013 su 250 aniversario (1763-2013) con actividades como una visita guiada al Palacio, donde está expuesto este cuadro de Juan García de Miranda.
²POUTRIN, Isabel, “Souvenirs d’enfance: l’apprentissage de la sainteté dans l’Espagne moderne”,  Mélanges de la Casa de Velázquez, 1987, t. XXIII, p. 331-354.
³JIMÉNEZ PRIEGO, Teresa, «Juan García de Miranda: Pinturas religiosas en conjuntos madrileños (I)» Espacio, Tiempo y Forma, Serie VII. Historia del Arte, t. 7, 1994, págs. 129-164.
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