Edith Stein y Teresa de Jesús: dos mujeres y un castillo

ellas-castilloA pesar de los siglos de distancia y la diversidad de ámbitos en los que sus vidas discurren, existe entre Teresa de Jesús y Edith Stein (1891-1942) una amplia red de aspectos que las acercan y las unen¹.

El primer punto de contacto proviene de ser ambas mujeres de ascendencia judía, con las implicaciones sociales y culturales que ello conlleva. Otro aspecto es el amor por los libros y la influencia ─experimentada como negativa─ de algunas de esas lecturas. En el caso de Teresa, las novelas de caballerías –según ella narra en el Libro de su Vida–  enfriaron su espíritu, y la abocaron a la frivolidad. Para Edith Stein, el contacto inicial con la escuela, donde ingresó antes de la edad reglamentaria y en donde no encontró referentes religiosos sólidos, desembocó en la pérdida de fe. Otro aspecto remarcable en común es que la historia vocacional, en las dos, se materializó después de múltiples obstáculos y oposiciones.

Les une también el afán por la búsqueda de la verdad, y las dificultades provenientes de su condición femenina, en un mundo hecho por y para los varones. Sin embargo, ello no ha sido impedimento para que ambas nos legaran obras escritas de extraordinario valor espiritual.

Pero, dejando de lado otras múltiples conexiones existentes, hoy nos interesa destacar aquí un tema relacionado con la obra teresiana que este año estudia la Orden: el libro de Las Moradas². Y es que la carmelita alemana dedicó un pequeño estudio a esta obra de la santa de Ávila, a modo de apéndice de su gran obra Ser finito y ser eterno, titulado Die Seelenburg [El Castillo Interior]³.

La obrita consta de dos partes:

  • La primera está dedicada al análisis de la obra teresiana (elabora una especie de síntesis de cada morada, con especial interés en las últimas, de carácter místico).
  • La segunda parte  examina el libro a la luz de la filosofía moderna.

Edith Stein propone un interesante diálogo entre la filosofía- psicología y la visión teresiana del ser humano: «qué es lo que esta imagen del alma [la teresiana] tiene en común con la que antes nosotros mismos hemos descrito (con criterios filosóficos), y qué es lo que tiene de diverso».

Y responde en seguida: «Es común la concepción del alma como un amplísimo reino, a cuya posesión debe llegar el propietario, porque precisamente es propio de la naturaleza humana (mejor dicho, de la naturaleza caída) el perderse en el mundo exterior».

Y se pregunta si, además de la oración como puerta de entrada al alma, hay otras vías de acceso para quienes no vean el sentido de esta primera, señalada por Teresa. La respuesta es, en un primer momento, afirmativa, y señala las siguientes:

  • La capacidad para ser consciente, no solo del mundo exterior, sino de la propia vida espiritual.
  • El trato con otras personas, donde interactuamos con la imagen que los demás tienen de nosotros.
  • La pura experiencia, el crecimiento de la persona durante el período de maduración que va desde la infancia a la juventud.
  • La investigación científica del “mundo interior”, desde la psicología moderna.

Otro interrogante que Edith se plantea es la cuestión de las relaciones entre el alma y el cuerpo, el alma y el espíritu, el espíritu y Dios… Aquí introduce ella su concepción del yo como un punto que se mueve en el “espacio” del alma. Sin embargo, a pesar de esa movilidad, el Yo está siempre ligado al punto central del alma «en el cual se siente en su propia casa».

Edith Stein reconoce la aportación que Teresa hace al conocimiento del alma en su obra cumbre: «…el Castillo interior es insuperable; ya sea por la riqueza interior de la autora, que cuando escribe ha llegado al más alto grado de vida mística; ya sea por su extraordinaria capacidad de expresar en términos inteligibles sus vivencias interiores, hasta hacer claro y evidente lo inefable, y dejarlo marcado con el sello de la más alta veracidad; ya sea por la fuerza que hace comprender su conexión interior y presenta el conjunto en una acabada obra de arte».

Puedes profundizar también sobre este tema en el siguiente artículo:


¹Cf. ANTOLÍN, Fortunato, «Teresa de Jesús, vista por Edith Stein» en Teresa de Jesús (1998) nº. 96, 227-229.

²Cf. ÁLVAREZ, Tomás, «Edith Stein y Teresa de Jesús: dos páginas paralelas» en Monte Carmelo 113 (2005) 475-482.

³Se puede leer en Obras completas, vol. III: Escritos filosóficos. Etapa de pensamiento cristiano. Ediciones El Carmen, Editorial de espiritualidad, Editorial Monte Carmelo, Burgos 2007,1113-1136).

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5 thoughts on “Edith Stein y Teresa de Jesús: dos mujeres y un castillo

    1. No cabe duda que la figura de Edith Stein es atrayente y rica en los diferentes ámbitos de su personalidad. Por su larga trayectoria en búsqueda de la auténtica verdad, se le puede considerar modelo y testimonio; seriamente implicada en conseguir la igualdad para la mujer tanto en el campo político como en el académico, con extraordinarias dotes pedagógicas y con una fidelidad a su propia conciencia que le llevó a ser coherente con sus convicciones más íntimas por encima de cualquier traba. Su capacidad de reflexión filosófica, que quizá hubiera desarrollado en mayor medida, quedó ensombrecida por el “ámbito masculino” que dominaba en aquellos tiempos el mundo universitario.No podemos dejar de resaltar su condición de discípula de dos grandes maestros de la espiritualidad, y doctores de la Iglesia, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz que fueron guías luminosos en su caminar.

      Con todo ello, y reconociendo que es una figura interesantísima como mujer y como creyente, no sé si reúne los requisitos para ser promovida a doctora de la Iglesia. Lo cual no merma su condición de modelo de cristiana comprometida con su fe. Edith puede ofrecernos una palabra viva y coherente a todos cuantos nos acercamos a ella y ahondamos en su comprensión, a través de sus escritos y de su vida.

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      1. Los requisitos para ser Doctor de la iglesia son insigne santidad de vida, doctrina celestial eminente y reconocimiento o declaración expresa del Sumo Pontífice. Lo que sé es que no se conoce aún toda su producción escrita, especialmente los escritos de Filosofía, en la época en que trabajó con Husserl, eso podría plantear algún problema, y es esa ilustración, el ser erudita en la fenomenología uno de los rasgos más impactantes de su santidad. De igual manera el hecho de su “conversión” que en otros santos ha sido motivo de admiración, en este caso no lo sé, ya que de su línea filosófica se considera atea. Su popularidad puede incidir también, no es fácil que se popularice su devoción. Santa Teresa, era considerada “Seráfica Doctora” desde el siglo XIX incluso antes (por San Enrique de Ossó entre otros teresianistas), de igual manera Teresa de Lisieux y Catalina de Siena. A estas mujeres ya el pueblo les reconocía su doctrina antes de ser largamente pospuestos sus doctorados, por siglos incluso, a causa de su género. Y creo que median otros aspectos, que no citaré.

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