Teresa de Jesús vista por Azorín

Pedro Paricio Aucejo

tereazoEl primer libro íntegro que leí de Azorín fue España. Hombres y paisajes. Aunque sucedió en mi adolescencia, a finales de los años sesenta del pasado siglo, ya nuestra sociedad de entonces distaba bastante del arcaísmo con que José Martínez Ruiz describió –en esta colección de estampas con paisajes, ciudades y personajes– el país provinciano y rural de su tiempo y de siglos pasados. Narradas siempre con literario primor, muestran el embrujo escondido en todo lo aparentemente sin importancia.

Son reflexiones acerca de nuestra patria entreveradas de historias cotidianas, serenas, conmovedoras, trágicas o incluso sórdidas. En definitiva, las formas y los contenidos que, con posterioridad, se me mostraron en la lectura de otras obras suyas. Son los rasgos que han definido la esencia estilística del escritor de Monóvar, quien, con visiones diferenciadas según los momentos, afrontó el problema de la grandeza histórica de España, pero también el de su miseria y mediocridad, aspectos estos que le llevaron a caer en un escepticismo solo compensado –según su propio testimonio– por el “catolicismo firme, limpio, tranquilo” de su madurez.

Compartida por los restantes miembros de la Generación del 98 como consecuencia de la postración que abatía a nuestro país a finales del siglo XIX, esta preocupación por España –manifestada en el caso de Azorín en infinidad de páginas a lo largo de su ingente obra literaria– se encauza en parte a través de la recuperación y actualización de las figuras señeras de su esplendor clásico. Este es el caso de su dedicación intelectual a Santa Teresa de Ávila, a quien no abandonaría nunca, como temática de su producción, desde que en 1900 –cuando todavía no firmaba sus escritos con el pseudónimo que le dio fama universal– hablara por primera vez de ella.

Tres referencias bibliográficas evidencian la ligazón que el maestro alicantino establece entre las cualidades que adornan a la Santa y el apogeo histórico de España. Así, en su libro El alma castellana, cuando Azorín habla de los conventos, lanza la interrogación “¿Hay espíritu más enérgico e indomable que el de la mujer de Ávila?”. Esta pregunta es el colofón que ejemplifica su tesis de que “las almas más enérgicas, más grandes, más españolas de los siglos pasados están en los conventos… Todo el genio de la raza está aquí. No es inactivo, silencioso y absorto en los grandes claustros solitarios el misticismo español; es religión batalladora, inquieta, andariega, proselitista… Mantiene perpetua batalla contra las pompas y lacerías del mundo”.

También en Una hora de España, al hablar de Ávila, dice que su “ambiente es aristocrático. Y un momento hay en la vida de Ávila en que esta modalidad culmina en una fórmula viva y espléndida: Teresa de Jesús; una fórmula en que la acción se alía, no a un fin terreno y limitado, sino a un anhelo espiritual, universal, y en que el sentido aristocrático llega a su más alta y refinada expresión: a la elegancia desafeitada”.

 Y, en fin, en su artículo Beato Juan de Ávila, tras enumerar a los santos españoles más universales, argumenta que “España ha sido grande por sus santos. No se puede decir que España no alcanzó en lo pasado el grado supremo de esplendor. Quisiéramos que se nos dijera si la sensibilidad humana puede llegar más alto que el grado a que llegó en [en el alma de] Santa Teresa”.

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3 thoughts on “Teresa de Jesús vista por Azorín

  1. Estimado autor de artículo tan excelente sobre Sta. Teresa; muchas gracias.
    Las-los carmelitas solemos decir que “lo mejor está siempre por llegar”. Igual que la santa puso sus cimientos en “aquellos tales” ( “de esta casta venimos, estos padres nuestros del Mte. Carmelo de los que provenimos”), las nuevas generaciones nos establecemos “a hombros de gigantes”; tanto sobre “aquellos” como, desde Teresa y Juan de la Cruz, en otros grandes santos históricos, hermanos nuestros, todos ellos hitos y baluartes de gran riqueza referencial.
    Puesto que nuestra santa de Ávila refundó y refrescó el Carmelo, infundióle nueva savia y ahondó su espíritu, en dinámica de progresión constante, inacabada e inacabable nos decía: “Ahora comenzamos y procuren ir comenzando siempre de bien en mejor”. Paradigma, estímulo, acicate en la urgencia de nuestra Iglesia y nuestro mundo para avanzar siempre: acrecer la Orden, la iglesia y el mundo. Conociéndola, no querría nunca Teresa hiciéramos techo en ella sino redimensionarla en la pluralidad de dones de cada hermana-hermano de la gran familia teresiana.

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