Relación de amistad con Jesús: Teresa y los pastores

pastor

Hoy celebramos el primer aniversario de la elección del papa Francisco. Ayer, renovaba sus cargos la Conferencia Episcopal Española. Buen momento para recordar a los pastores de la Iglesia y pedir para ellos sabiduría y gracia en el ejercicio de su misión. Ofrecemos esta reflexión de Paqui Sellés (ocd) sobre la espiritualidad teresiana para pastores, aparecida recientemente en la Revista Cresol.

Cuando se me propuso escribir acerca de la espiritualidad teresiana para pastores, me pregunté: ¿qué tendrá que decir una carmelita descalza sobre este tema? Y la luz me vino, precisamente, de mi madre fundadora, que gozó de la amistad de muchos “defendedores de la Iglesia” como ella los llamaba. Por citar alguno, destacaré a Francisco de Borja, Juan de Ávila, Pedro de Alcántara y un buen grupo de dominicos, jesuitas, sacerdotes diocesanos, obispos con los que Teresa se relacionó a lo largo de su fecunda vida.

A propósito de los mismos, Teresa ofrece como consigna a sus monjas, en los albores de su primera fundación: “procuremos ser tales que valgan nuestras oraciones para ayudar a estos siervos de Dios, que con tanto trabajo se han fortalecido con letras y buena vida y trabajado para ayudar ahora al Señor” (Camino de perfección 3, 2).

Letras y vida evangélica son los rasgos esenciales que Teresa busca en quienes han de ser guías de los caminos del Espíritu.

Por propia experiencia, Teresa supo de las dificultades en el camino de la oración, al no contar con la luz de un buen maestro espiritual. De ahí que, a lo largo de su vida, tuviera un gran empeño en buscar el discernimiento de buenos letrados, siempre en comunión con la Iglesia, a la que amaba profundamente y por la que sufría en sus divisiones y dificultades. Teresa vivía atenta a la situación y necesidades de la Iglesia y, en su espíritu, crecía el deseo de “hacer eso poquito que es en mí” para bien y crecimiento de la Iglesia. De hecho, su empresa fundacional radica en este convencimiento de honda proyección eclesial.

Porque su experiencia se lo va confirmando, sabe que el itinerario espiritual no se puede recorrer en solitario, el discernimiento es vital para no caer en falsas experiencias. La Santa vive un tiempo histórico en que los alumbrados aparecían por doquier. Por ello, deseaba mostrar su vivencia a los letrados que, apoyándose en la Sagrada Escritura, le pudieran ofrecer una palabra de verdad y luz: “Buen letrado nunca me engañó” (Vida 5,3); “en la Sagrada Escritura que tratan, siempre hallan la verdad del buen espíritu” (Vida 13, 18). “Tienen un no sé qué grandes letrados que, como Dios los tiene para luz de su Iglesia, cuando es una verdad, dásela para que se admita” (5 Moradas 1, 7).

El segundo rasgo fundamental del que nos habla Teresa, centrándose en los pastores, es llevar una vida evangélica. Muy acertadamente dice: “Mirad que no son tiempos de creer a todos, sino a los que viereis van conforme a la vida de Cristo”. Exhortación que invita a centrarse en la relación de amistad con Jesús: “esta sacratísima Humanidad”, de quien Teresa se sabe amada profundamente, a pesar de su inconstancia y debilidades. Esta experiencia de amor desbordante la irá capacitando para poder amar.

Bien podría considerarse este texto un estímulo a los pastores que, a su vez, han de “despertar a amar” a cuantos tienen confiados: “Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir; es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero (…) Mirando su vida es el mejor dechado. ¿Qué más queremos de un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? Bienaventurado quien de verdad le amare y siempre le trajere cabe sí” (Vida 22, 6-7).

Para Teresa, el orante, el verdadero espiritual es aquel que, en su trato de amistad con Jesús, se va dejando transformar por el Espíritu, quien le capacita para testimoniar el amor que, como don gratuito, recibe de Dios.

Por ello, invita a la transformación del ser, que requiere disponibilidad para el don, “una muy determinada determinación” para emprender el camino y una serie de “cosas necesarias” para la vida espiritual: amor, desasimiento y humildad. El amor, que va imitando al que nos tuvo “el buen Jesús”, mirándole a Él y dejándose mirar por el que “nunca tornó de sí”, es decir, por quien se entregó a los hermanos en total gratuidad.

Desasirse de todo aquello que ata y obstaculiza para el crecimiento en el amor, darse al Todo sin hacerse partes.

Humildad que “es andar en verdad”, el cimiento del edificio sin el cual, no hay oración auténtica, oración que se ha de verificar en la vida: “no en los rincones, sino en mitad de las ocasiones” (Fundaciones 5, 15).

También Teresa anima a recorrer el camino junto a los hermanos, “haciéndonos espaldas los unos a los otros”, de manera que la auténtica comunión se vaya fraguando en la medida que vamos siendo cada vez más “amigos fuertes de Dios”. Tarea apasionante a la que los pastores están especialmente llamados.

Concluyo con un texto de Moradas, que me parece iluminador para el camino espiritual: “¿Sabéis qué es ser espirituales de veras?: hacerse esclavos de Dios, a quien, señalados con su hierro que es el de la cruz, porque ya ellos le han dado su libertad, los pueda vender por esclavos de todo el mundo, como Él lo fue” (7 Moradas 4, 8).

Paqui Sellés (ocd, Puzol)
Revista Cresol,118


3 respuestas a “Relación de amistad con Jesús: Teresa y los pastores

  1. Un pastor es buen pastor si tiene discernimiento; también una oveja necesita discernir si confiarse o no a un pastor, … este segundo discernimiento no es en absoluto secundario… puede que haya más o menos posibilidad de elegir… tenemos tendencia a pensar que «el Señor pondrá en nuestro camino la persona que necesitemos»… pues la Santa lo echó en falta… Ideal, pero no tan sencillo ver que la vida de este o el otro es evangélica… hay que conocer bastante, y aún así… las apariencias siempre son engañosas … será bueno fiarse de testimonios de experiencias de otros… tampoco es imposible el soplo del Espíritu a través de personas poco ejemplares… pero claro, cualquiera se arriesga… el caso es que seguridades hay pocas… más bien ninguna…..

    Me gusta

    1. Tienes razón, Miriam. Juan de la Cruz, experto en el arte del acompañamiento espiritual, afirma:
      «…grandemente le conviene al alma que quiere ir adelante en el recogimiento y perfección, mirar en cúyas manos se pone, porque cual fuere el maestro, tal será el discípulo, y cual el padre, tal el hijo. Y adviértase que para este camino, a lo menos para lo más subido de él, y aun para lo mediano, apenas se hallará una guía cabal según todas las partes que ha menester, porque, además de ser sabio y discreto, ha menester ser experimentado. Porque, para guiar al espíritu, aunque el fundamento es el saber y discreción, si no hay experiencia de lo que es puro y verdadero espíritu, no atinará a encaminar al alma en él, cuando Dios se lo da, ni aun lo entenderá». Llama B 3, 30

      Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.