Los “Grecos” y la quinta fundación teresiana

capilla-de-san-joseLa capilla de San José, en Toledo, es uno de los llamados “Espacio Greco”,  seis enclaves que exhiben las obras del Greco en el mismo lugar para el que las ideó y en el que las pintó.

Está situada en la calle Nuñez de Arce, y este jueves abría sus puertas a los medios de comunicación durante la presentación de la macroexposición ‘El griego de Toledo’ . Desde el viernes 14 de marzo puede visitarse previo pago de ocho euros.

La pequeña capilla, en la que apenas caben una veintena de personas, custodia dos de las obras del genial pintor.

Será una de las pocas ocasiones que tenga el público para visitar este lugar privado, muy conectado con la historia de las fundaciones teresianas. Y es que la capilla de S. José está ubicada junto a la casa que Teresa de Jesús compró con el dinero que obtuvo de los albaceas del rico comerciante Martín Ramírez. A este lugar acudiría Juan de la Cruz, huido de su prisión, a refugiarse junto a sus hermanas carmelitas descalzas.

Al Carmelo de Toledo le solía llamar la Santa en tono humorístico “la quinta”, o bien, “su quinta”: quinta fundación / quinta de descanso. Sin embargo, fue una de sus fundaciones más accidentadas, más complejas en la madeja de clases sociales y de prejuicios inveterados en la España de su época. En buena medida, porque el fundador, de origen converso, Martín Ramírez, falleció antes de que se llevara a cabo la fundación, y las negociaciones con la familia fueron muy complicadas.

1389890369_185127_1389893910_sumario_grandeEn ellas quedó estipulado que edificarían junto a la casa una capilla. Las monjas permanecieron allí trece años, pero la falta de dinero no les permitió cumplir lo pactado por lo que desistieron del proyecto mudándose a otro lugar de la ciudad. Entonces, los herederos de Martín Ramírez, después de un largo pleito para hacerse con la frustrada fundación carmelitana, decidieron erigir una capilla cuyas obras comenzaron en 1588 y terminaron, tras alguna interrupción, en 1596, aunque la capilla fue consagrada antes, el 26 de diciembre de 1594.

La capilla y esto fue una gran novedad, se dedicó a San José cuyo culto, desconocido hasta entonces, empezaba a florecer en el siglo XVI, fomentado, en gran parte, por la Santa de Ávila quien había dedicado ya a san José su primera fundación de Ávila.

La familia encargó su decoración al Greco en 1597. Concebida como oratorio privado con función funeraria, acoge a ambos lados del altar mayor los sepulcros de los fundadores. En el retablo central, considerado como el más innovador de los realizados por el Greco, se muestran los dos únicos lienzos originales del pintor que hoy se conservan en ella, San José con el Niño y, en el ático, una Coronación de la Virgen.

​Los cuadros de los retablos laterales, San Martín y el mendigo y la Virgen con el Niño, Santa Inés y Santa Martina, fueron adquiridos a comienzos del siglo XX por la National Gallery de Washington. Ambas obras llegarán de Estados Unidos para formar parte de la Exposición El Griego de Toledo, y se expondrán en el Museo de Santa Cruz.

La capilla de San José pertenece desde su origen a la misma familia, hoy los Marqueses de Eslava, y mantiene intacto su ambiente original tal como El Greco la decoró en su momento.

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2 thoughts on “Los “Grecos” y la quinta fundación teresiana

  1. Dentro de pocos días iré a Toledo de nuevo (se verá en mi fotos laterales 😀 ), una de mis ciudades amadas, en la que he estado varias veces aunque hace años que volvía. También voy a ver la gran exposición que se va a hacer sobre El Greco, pero he de admitir que en el “paquete” de entradas que he comprado no he comprado la de la Capilla de San José, cuya entrada me parece carísima (8€) y no hay rebaja cuando la compras en conjunto. Y sin embargo, al leer esta entrada y ver la fotos de una obra de El Greco que no conocía ¿como es posible? creo que no dejaré de visitarla.
    Además la pintura de El Greco sigue la iconografía que da importancia a San José como el padre humano de Jesús, el que tuvo que mantenerlo, defenderlo, educarlo y enseñarle un oficio, dignísimo, como el de carpintero. Y ese cambio en la apreciación de San José se lo debemos a Santa Teresa.

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