Santa Teresa de Jesús ante el V Centenario de su nacimiento

Fr. Francisco Víctor López Fernández, OCD

Nos encontramos a las puertas de la inauguración del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa (15 de octubre del 2014 a la misma fecha del 2015, que será la clausura). Este es el motivo por el que, ante una mujer de talla tan eminente en la historia de España, de la Iglesia, de la vida religiosa, de la mística, de la literatura, del pueblo llano, merezca la pena hacer hincapié, en esta monja del S. XVI, para enriquecernos de su experiencia humana y creyente.

Motivos para celebrar el Centenario

  1. logoSu persona es de tal valía que celebrar el Vº Centenario de Santa Teresa es disponernos a descubrir que entre las dificultades y materialismo de este mundo aún calientan las brasas o rescoldo de otro mundo diferente, mucho más justo y mucho más humano, como ella experimentó y trabajó.
  2. Recordar cómo celebrar es hacer posible el cambio de las cosas, si cambias tú mismo, optando por una vida más simple, más comprometida, en línea con el Evangelio de Jesús, que por experiencia sabemos, siempre pasa por el amor.
    Vivir la celebración es convertir el tiempo en la renovación y reactivación espiritual, de un profundo rejuvenecimiento y de crecimiento en intensidad.
  3. Es una ocasión y oportunidad excelente que nos invita a todos a un encuentro profundo con la madre Teresa.
  4. Es el momento de tomar conciencia de que nos implica, de que nos narra cosas que sentimos en algún modo nuestras; lo que ella nos cuenta, de alguna manera, está dentro de nosotros y nos suceden.
  5. No es muy acertado acudir a ella por curiosidad u obligación. Eso sería semejante a una simple “celebración arqueológica”, parecida a una huida romántica a un pasado glorioso que se añora con nostalgia, pero que de ahí ni pasa ni nos transforma, esto es, que no nos cambia. No nos sería muy provechoso tal festejo.

Rasgos biográficos

Teresa Jaen
Santa Teresa de Jesús. Carmelitas Descalzas. Jaén

Bajo el prisma del Vº Centenario nos  conviene entrar en nuestro personaje homenajeado: Teresa de Jesús (1515-1582).

En su hogar de Ávila nacieron 12 hijos del matrimonio formado por D. Alonso Sánchez  de Cepeda con Dª  Catalina del Peso, primera esposa (2 hijos); con Beatriz de Ahumada, segunda esposa (10 hijos, de estos, Teresa es la primera de este matrimonio y la tercera de los hijos del padre).

Teresa es la más querida de su padre. La primera hija de su segundo matrimonio.

Cuando Teresa contaba 13 años, volvió a enviudar su padre. Sufre una gran crisis afectiva Teresa, y se arrodilla ante la Virgen de la Caridad  “y supliquéla fuese mi madre, con muchas lágrimas”. Poco después, para salvaguardar a su hija de las amistades peligrosas y previendo un buen futuro interna a su hija Teresa, adolescente, en el monasterio abulense de Santa María de Gracia. En el internado del convento de monjas agustinas superó las dificultades del principio y rápidamente entabló relación amigable con sus compañeras y monjas formadoras, hasta el punto que se cuestionó el futuro de su vida; optó por el monjío en el Monasterio de la Orden del Carmen, en la propia ciudad, en el convento denominado de la Encarnación. No fue poco el disgusto de su padre al saber que su hija quería irse de monja, nada menos que su hija predilecta; esta tuvo que huir a sus 20 años para poder hacer su voluntad y desarrollar su vida, no sin un dolor terrible al dejar a su padre y la casa de familia.

El cambio de costumbres y rigor de la vida monacal le hicieron daño en la salud. Necesitó reposo, cambio de aires, medicina y hasta curandera, en Becedas, a la edad de 22 años. En este tiempo de escasa salud, aprovechó la ocasión que le brindó la enfermedad, mientras se sanaba o curaba, para leer libros de recogimiento y oración; estos formarán la base de su rica experiencia para la oración mental. Poco después, se produce otro aprendizaje espectacular. Será su gran amor a San José, por haberla curado de sus enfermedades, lo que no fueron capaces de hacer los médicos y entendidos de la tierra. Siempre le estará eternamente a gradecida a este intercesor que todo lo puedo del cielo, y que de alguna manera, la misma Teresa, le pagó dedicándole todas sus fundaciones y haciéndose lenguas, pregonera, de los beneficios que podía el santo patriarca, al que no se le resistía nada ni nadie, desafiando a quien lo dudase o negase, para que hiciese la prueba de confianza en el padre de Nuestro Señor Jesucristo.

Dios que la buscaba y quería más que ella a sí misma le regalaba mostrándole su amor de mil maneras y ocasiones, si bien Teresa se debatía entre los contentos del mundo y Dios, esto es, en la elección entre Dios o el dinero según el estilo evangélico. Tardó pero se rindió al Señor y recibió una cascada de gracias, que le llevaron a soñar con sus amigas y algunas monjas de la Encarnación, en la posibilidad de fundar un pequeño monasterio de monjas al estilo del Colegio Apostólico (13 monjas). Sueños, secretos, proyectos, anhelos…que con mil dificultades de todo tipo surgió la primera fundación a la que llamó: San José, en Ávila (1562). Cinco años de vida serena y familiar en su Carmelo de San José, cuando arrancan una catarata de fundaciones, sin esperarlas ni buscarlas, y que se sucederían 16 más: Medina del Campo, Malagón, Valladolid, Toledo, Pastrana, Salamanca, Alba de Tormes, Segovia, Beas de Segura (10ª fundación: 1575), Sevilla (11ª fundación: 1575), Caravaca de la Cruz, Villanueva de la Jara, Palencia, Soria, Granada (16ª fundación: 1582) y Burgos; y dos fundaciones más de frailes: Duruelo (1568), ayudada por San Juan de la Cruz, que fue el primer Carmelita Descalzo, por lo que ella es considerada no solo Reformadora de la Orden del Carmen sino, también, Fundadora de frailes y monjas por el nuevo vigor que imprimió al espíritu de la Familia Carmelitana, y Pastrana (1569).

Vocación de escritora

A esta labor fundacional de monasterio de monjas y frailes, poco a poco, en los que ella misma hace o escribe la historia de cada una de las fundaciones con relatos autobiográficos, místicos, didácticos y anecdóticos de un sin fin de personajes y vicisitudes del tiempo sin igual, hay que añadir la labor de escritora. Su misión de escritora se justifica por su obediencia a Dios y a sus confesores, aunque en realidad nace esta misión de escritora por su vocación literaria y de los deseos de entrar en comunión con el lector a través de la palabra escrita: escribo como hablo, nos dirá. Y su experiencia nos la dejará en las cuatro obras denominadas mayores, de los que se conservan perfectamente los manuscritos o autógrafos teresianos: Libro de la Vida o autobiografía (Biblioteca del Escorial), Camino de Perfección (Monasterio de Valladolid), Castillo Interior o Las Moradas (Monasterio de Sevilla) y libro de Las Fundaciones (Biblioteca del Escorial). A estas obras magistrales de doctrina, experiencia mística y riqueza humana hay que añadir otras obras denominadas menores:  como las Poesías, casi todas ocasionales para las fiestas de sus monjas y conventos, las Cuentas de conciencia o relaciones espirituales, las Cartas, que disponemos casi de unas 500, de las 15.000 que escribió, creando un mundo de relaciones con la sociedad española dejándonos un magnífico retrato de aquel siglo XVI en comidas, vestidos, , personas de alcurnia, hombres sencillos, caminos, medios de viajes o vehículos, carreteros, mesones y mesoneros, oficios, clero, religiosos… y, por encima de todo, la presencia de Dios en su persona y cuanto tocan sus manos, dejando esa huella teresiana o divina a su paso.

A Teresa le llegó el mal de la muerte camino de Ávila donde era priora y tenía que recibir la profesión religiosa de su sobrina Teresita. No podía dejar su misión de madre que proseguía tras la última fundación de Burgos. Hizo parada en Alba de Tormes, para ver a sus monjas y a requerimiento de la Duquesa de Alba. Aquí se le torció el destino, enderezándose para el cielo, el 4 de octubre de 1582. Eran las 9 de la noche. Ese día de su muerte o vida eterna comenzó o entró en vigor el calendario gregoriano contándose ya como 15 de octubre, día que lo celebra la Iglesia y la Humanidad.

Tras la labor de escritora y fundadora, en que siempre está Dios, la Iglesia y los hombres en su corazón, he escogido un ramillete de doce pensamientos o sentencias teresianas, entresacados de sus escritos principales que reflejan, de alguna manera, el motor de su alma. Aquí quedan para ser rumiados y saboreados:

Claves espirituales

  1. “Que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8, 5)
  2. “Lo que yo he entendido es que todo este cimiento de la oración va fundado en humildad y que mientras más se abaja un alma en la oración, más la sube Dios” (V 22, 11)
  3. “Su Majestad ha sido el libro verdadero adonde he visto las verdades” (V 26, 5)
  4. “Aquí todas han de ser amigas, todas se han de amar, todas se han de querer, todas se han de ayudar” (C 4, 7)
  5. “La verdadera humildad está mucho en estar muy prontos en contentarse con lo que el Señor quisiere hacer de ellos, y siempre hallarse indignos de llamarse sus siervos” (C 17, 6)
  6. “Quien de veras aman a Dios, todo lo bueno aman, todo lo bueno quieren, todo lo bueno favorecen, todo lo bueno loan, con los buenos se juntan siempre y los favorecen y defienden” (C 40, 3)
  7. “Jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios” (1M 2, 9)
  8. “Humildad es andar en verdad” (6M 10, 8)
  9. “El Señor no mira tanto la grandeza de sus obras como el amor con que se hacen” (7M 4, 18)
  10. “El aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho” (F 5, 2)
  11. “Desear trabajos almas que tienen oración es muy ordinario, estando sin ellos; mas, estando en los mismos trabajos, alegrarse de padecerlos no es de muchas” (F 12, 5)
  12. “Ahora comenzamos y procuren ir comenzando siempre de bien en mejor” (F 29, 32)

Para el recuerdo

La historia ha colocado a Teresa de Jesús en el sitio en que la conocemos:

  • Escritora: en 1588 publica Fr. Luis de León sus obras; si bien el Camino de Perfección vio la luz en 1583.
  • Valor testimonial: Desde 1613 se dedican los artistas a plasmar su persona y gracias místicas con plena creatividad; antes Fr. Juan de la Miseria nos la dejó pintada en Sevilla (1576).
  • Santa de la Iglesia: canonizada en 1622; su fama de santidad se extiende con sus pasos por doquier.
  • Doctora de la Iglesia: en 1970 la declaró el Papa Pablo VI; era la primera mujer.

 


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