Teresa de Jesús y la oración ignaciana «Tomad, Señor»

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A pesar de la importancia que los directores espirituales de la Compañía de Jesús jugaron en la vida de Teresa, no sabemos con certeza si ella llegó a hacer los Ejercicios Espirituales de S. Ignacio. Que los conocía es seguro, ya que los menciona en el Vejamen, donde, comentando las palabras de Juan de la Cruz, afirma con sorna: «Harto buena doctrina dice en su respuesta, para quien quisiere hacer los ejercicios que hacen en la Compañía de Jesús…».

En 1993, apareció en la revista Manresa¹ un artículo de Benigno Hernández (SJ), dedicado a presentar la relación que parece existir entre una oración de Teresa en el Libro de la Vida (Cap. XXI, 5) y la conocida plegaria ignaciana: “Tomad, Señor” (EE. 234), que se encuentra en el librito de los Ejercicios, concretamente en la “Contemplación para alcanzar amor”.

Sucede que, según expone el autor, el texto de los Ejercicios, hasta 1615 no se imprimió en castellano. Los ejemplares impresos en latín y los manuscritos en romance que corrían entonces solían estar en manos de los jesuitas y se desaconsejaba entregar el texto a los ejercitantes. Si Teresa tuvo en sus manos el texto ignaciano, se trató –según Benigno Hernández– de una circunstancia excepcional.

 Expone así la simetría entre los textos de Santa Teresa y San Ignacio:

  • Teresa de Jesús: «Aquí está mi vida, aquí está mi honra y mi voluntad; todo os lo he dado; vuestra soy; disponed de mi conforme a la vuestra… No os apartando de mí, todo lo podré»
  • Ignacio de Loyola: «Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer, Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro. Disponed a toda vuestra voluntad, dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta».

Teresa de Jesús

Ignacio de Loyola

1.Primeramente, el acto de ofrecimiento:

Aquí está … aquí está Tomad y recibid …

2. Reconocimiento del señorío divino sobre el alma:

Todo os lo he dado
Vuestra soy
Vos me lo disteis;
a Vos, Señor,lo torno

3. Actitud de disponibilidad del alma ante Dios:

Disponed de mí conforme a la vuestra (voluntad) Disponed a toda vuestra voluntad

4. Suficiencia del amor divino:

No os apartando de mí, todo
lo podré
Dadme vuestro amor y gracia,
que esta me basta

5.Objeto del ofrecimiento:

Mi vida
Mi honra
Mi voluntad
Todo
Toda mi libertad
Mi memoria
Mi entendimiento
Toda mi voluntad
Todo mi haber y mi poseer

Tras exponer este paralelismo, Benigno Hernández concluye con estas palabras:

«Con ser importante esta sorprendente simetría conceptual entre ambos textos, casi es más la dinámica general que a ambos invade; por encima de las no muy grandes variantes del léxico, late en ambos textos un mismo sentimiento de entrega, de disponibilidad, de amorosa donación y descanso en Dios, que toma posesión de la totalidad del ser humano y lo conforta y potencia hasta el infinito con la fuerza de su gracia. Quien haya orado muchas veces con las famosas palabras de Ignacio, puede pasar a las de Santa Teresa y seguir orando con ellas sin ningún rompimiento interior, sintiendo interiormente las mismas resonancias espirituales, los mismos sentimientos. Tanto monta, monta tanto … Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad … todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad … Aquí está mi vida . .. mi voluntad; todo os lo he dado; vuestra soy; disponed de mí conforme a la vuestra …Todo lo dicho creo que permite concluir que no nos hallamos simplemente ante una gozosa coincidencia de dos almas místicas, ante dos expresiones anímicas casualmente convergentes, sino ante una dependencia conceptual y quizá lexicográfica. Evidentemente no se trata de una conclusión matemática, pero si una conclusión que tiene a su favor bastantes razones. Ahí quedan expuestas para que cada uno las valore como le parezca. La conclusión de la dependencia del texto ignaciano nos habría conducido a otra conclusión más amplia: Santa Teresa no solamente practicó total o parcialmente los Ejercicios, sino que conoció el texto de los Ejercicios y lo interiorizó hasta tal punto, que su pluma lo acusa en momentos tan importantes como es éste del capítulo XXI de su Vida».

¹ HERNÁNDEZ, Benigno, «Santa Teresa de Jesús y el “Tomad Señor” de San Ignacio», en Manresa,Centro Loyola, Madrid. vol. 65,1993, pp 79-87.

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