Isabel de la Trinidad y Teresa de Jesús

Trinidad

Isabel de la Trinidad (Isabel Catez) nació el 18 de julio de 1880 en el campo militar de Avor, diócesis de Bourges (Francia). En 1901 ingresó en el Carmelo Descalzo de Dijon, donde profesó en 1903. Allí falleció el 9 de noviembre de 1906 para irse – como dijo ella – “a la luz, a la vida, al amor”. Adoradora auténtica en espíritu y verdad, llevó una vida humilde, acrisolada por intensos sufrimientos físicos y morales, en alabanza de gloria de la Trinidad, huésped del alma, hallando en este misterio el cielo en la tierra y teniendo clara conciencia de que  constituía su carisma y misión en la Iglesia.

María del Puerto Alonso, ocd 

Dentro del  marco de la celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, vamos a ver la influencia de Santa Teresa de Jesús en esta carmelita.

Como Carmelita Descalza, sor Isabel tiene en Santa Teresa un modelo como fundadora y madre espiritual. Es cierto que a sor Isabel le impactaron más los escritos de Santa Teresita y San Pablo, pero respiró desde antes de ser carmelita el carisma teresiano, leyó los escritos de la Santa y estos tuvieron gran influencia en su vida y su santidad personal.

Recordamos cuando la niña Isabel va al locutorio de las Carmelitas el día de su primera comunión… es entonces cuando le dicen que su nombre significa “casa de Dios” y que ella es morada de Dios. Esto es algo que ella había experimentado muy hondamente esa mañana al comulgar. Pero esa idea de ser morada de Dios, además de ser bíblica, es totalmente teresiana. Teresa, en el Castillo Interior o libro de las Moradas, comienza explicando que el alma es como un castillo de puro diamante o cristal en el que mora el mismo Dios “en su centro y mitad”. Esta verdad marcará la infancia y juventud de Isabel.

Más adelante, siendo una jovencita que asiste a las misiones, Isabel escribe en su diario y allí no falta Santa Teresa…

Lunes 20-2 [20 de febrero de 1899]: Estoy leyendo ahora el Camino de Perfección, de santa Teresa. Esta lectura me interesa muchísimo y me hace bien. La Madre Teresa dice cosas tan buenas sobre la oración y sobre la mortificación interior, esta mortificación que deseo tan vivamente conseguir con la ayuda del Señor. Ya que no me puedo imponer grandes sufrimientos por el momento, puedo al menos a cada instante del día inmolar mi voluntad.

¡La oración! Cómo me gusta la manera como Santa Teresa trata de este tema, cuando ella habla de la contemplación, ese grado de oración en el que Dios hace todo y nosotros no hacemos nada, donde Él une nuestra alma tan íntimamente a Sí que ya no vivimos, sino que es Dios quien vive en nosotros, etc. Oh, he reconocido allí los momentos de éxtasis sublimes adonde el Señor se ha dignado elevarme durante estos Santos Ejercicios y también después.  ¿Qué le daré por tantos beneficios? Después de estos éxtasis, estos arrobamientos sublimes en los que el alma olvida todo y no ve más que a su Dios, ¡qué dura y penosa parece la oración ordinaria, con qué pena hay que trabajar en recoger las potencias, cuánto cuesta esto y qué difícil parece!…

No podría decir todo el bien que me hace este libro de Santa Teresa, que se dirige, sin embargo, principalmente a sus hijas carmelitas. Ella habla muy bien de la amistad. Oh, qué verdadera y perfecta amistad la de una persona o una religiosa que trabaja en el bien espiritual de su prójimo anteponiendo sus intereses a los propios. Una tal amistad vale mil veces más que la que se podía testimoniar en el mundo con las palabras de ternura de que se usa demasiado. Vosotras, hijas mías, dice Santa Teresa, dejadlas para vuestro Esposo, habiendo de pasar tanto tiempo con Él y estar solas con Él. No os sirváis de ellas más que cuando le habléis a Él.

Oh, Jesús mío, sí, lo confieso, he amado demasiado a las criaturas, me he entregado demasiado a ellas y deseado demasiado su amor. O, mejor, no he sabido amar, amar divinamente. Pero ahora, lo siento, no tengo otra cosa que a Vos, y sobre todo, Amado de mi corazón, no quiero ser amada sino por Vos. Ah, dice también Santa Teresa, si se cree que las almas que se han dado a Dios no saben amar sino a Él, se engañan. Aman también al prójimo y con un amor más grande, más fuerte, más verdadero, con más pasión que los demás. En fin, digo que a esta manera de amar pertenece este nombre de amor y no a los bajos afectos de la  tierra. Pues cuando estas almas aman a una persona, procuran llevarla a amar a Dios para que sea amada de Dios.

Siendo ya una joven pretendiente al Carmelo, celebra con gozo el día de Santa Teresa: Quisiera haberla tenido a mi lado en el Carmelo el lunes, escuchando un hermoso y estupendo sermón sobre Santa Teresa, que era su fiesta. Asistí con María Luisa y estábamos tan contentas. ¡Oh, si usted hubiera estado allí!..; La víspera de Santa Teresa pasé una parte de la tarde en el Carmelo, ayudando a las Hermanas Torneras a adornar la capilla. Estaba tan contenta en mi querido convento. Lo quiero tanto…

No es extraño encontrar en sus escritos frases de Santa Teresa con las que ella se siente identificada.

Para caminar, sin rodeos, por este camino magnífico de la presencia de Dios, en el que el alma camina “sola con Él solo UE23

¡Ah! Este Carmelo, este solo a solo con el que se ama, si supieses lo hermoso que es. Sí, es un cielo anticipado…

También llega a copiar el conocido poema “Nada te turbe”.

Otra expresión teresiana que hace suya es la de estar dispuesta a morir mil veces por salvar un alma, y así lo escribe: ¡Dios mío, ayudadme! No solo quiero salvar mi alma, deseo también conquistaros otras. Vos sabéis cuánto me consume este deseo. Y estaría dispuesta a morir mil veces para ganaros una sola alma (Diario 140). Otra frase importante de Sta. Teresa que utiliza Isabel es  que “la humildad es la verdad” (GV4). La expresión original es que la humildad es andar en verdad (6M 10,7).

Cuando Isabel habla diciendo que Es en este pequeño cielo que El se ha hecho en el centro de nuestra alma donde nosotros debemos buscarle y, sobre todo, donde debemos morar, se refiere a Camino de perfección. Y así, en el diario, llega a reformular entera una oración de esta misma obra de Santa Teresa, haciéndola propia.

Ya hemos hablado al principio de cómo Sta. Teresa habla del alma como de un diamante o puro cristal, imagen que Isabel también se apropia: Sé que usted ruega todos los días por mí en la Santa Misa. ¡Oh! ¿Verdad? Métame en el cáliz, para que mi alma se bañe en la sangre de mi Cristo, de quien estoy tan sedienta, para ser toda pura, transparente, para que la Trinidad pueda reflejarse en mí como en un cristal. ¡Le gusta tanto contemplar su belleza en un alma! Cta. 131.

La comparación del alma con un cristal proviene de Teresa de Jesús en Moradas 1,1. A esto se añadirá el influjo de San Juan de la Cruz (Ll 1,13) y del Apocalipsis: Santa Teresa dice que el alma es como un cristal donde se refleja la Divinidad. Me gusta mucho esta comparación, y cuando contemplo el sol invadir nuestros claustros, pienso que Dios invade de la misma manera el alma que solo le busca a Él. Vivamos, querida mía, en la intimidad con nuestro querido, seamos totalmente suyas, como Él es totalmente nuestro. Usted no puede recibirle con la frecuencia que desea y comprendo muy bien su sacrificio. Pero piense que su amor no tiene necesidad de sacramentos para venir a su pequeña Germanita. Comunique con Él todo el día, ya que está viviendo en su alma (Cta. 136).

Y, por último, también toma para sí la idea de la Santa de que la vida espiritual sin obras está vacía: Adorémosle en “espíritu”, es decir, tengamos el corazón y el pensamiento fijos en Él, y el espíritu lleno de su conocimiento mediante la luz de la fe. Adorémosle en “verdad”, es decir, con nuestras obras, pues es sobre todo por nuestras obras como nos mostramos veraces (CF33).

Esta idea viene, fundamentalmente, del libro de las Moradas de Sta. Teresa de Jesús(3M1,7-8): ¿qué queréis que haga Su Majestad, que ha de dar el premio conforme al amor que le tenemos? Y este amor, hijas, no ha de ser fabricado en nuestra imaginación, sino probado por obras; y no penséis que ha menester nuestras obras… (y 7M4,6-8) Mirad que importa esto mucho más que yo os sabré encarecer. Poned los ojos en el Crucificado y haráseos todo poco. Si Su Majestad nos mostró el amor con tan espantables obras y tormentos ¿cómo queréis contentarle con solo palabras? ¿Sabéis qué es ser espirituales de veras? Hacerse esclavos de Dios, a quien, señalados con su hierro que es el de la cruz, porque ya ellos le han dado su libertad, los pueda vender por esclavos de todo el mundo, como Él lo fue; que no les hace ningún agravio ni pequeña merced. Y si a esto no se determinan, no hayan miedo que aprovechen mucho…

Conclusión: Isabel de la Trinidad fue fiel hija y discípula de Santa Teresa de Jesús.

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