Límites de la vocación intelectual: Teresa en Camón Aznar

teresa-librosPedro Paricio Aucejo

Desde la postguerra civil hasta finales de la década de los años 70 del siglo XX, el escenario humanístico de España tuvo en José Camón Aznar (1898-1979) a uno de sus más destacados protagonistas. Entre otras actividades, su entusiasta vocación por el conocimiento de variadas áreas del saber (literatura, arte, historia, filosofía, teología…), su fecunda creatividad intelectual (ensayo, crítica de arte, periodismo de colaboración, poesía, novela, teatro…) y su bagaje académico e institucional (catedrático universitario, consejero del C.S.I.C., miembro de varias Academias españolas y extranjeras así como de patronatos museísticos, director de museos, fundador y director de revistas artísticas…) le convirtieron en un humanista integral: por su reflexión, su hacer, su sensibilidad y su altura de miras ante todo lo humano. Además, su afición por el coleccionismo artístico y literario le permitió formar –a lo largo de toda su vida– un importantísimo acopio de obras, que legó al pueblo de Aragón, en cuya capital se creó el Museo e Instituto de Humanidades ´Camón Aznar´.

Este ´hijo predilecto y meritísimo de la ciudad de Zaragoza´ encontró sus fuentes intelectuales principalmente en el pensamiento de la generación del 98 –en especial, el de Unamuno–, en Rubén Darío, Ramón Gómez de la Serna, Nietzsche, Cervantes y todos los grandes maestros de la literatura universal y española, sobre todo los del Siglo de Oro, destacando entre estos la influencia de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

El magisterio de los dos santos carmelitas, junto con el de San Pablo, conformaría el entramado místico de este pensador aragonés que, dotado de hondas convicciones existenciales aunque ajeno al academicismo filosófico, teorizó sobre la vida y su radical circunstancia. En este posicionamiento místico de Camón no ocupó un papel secundario la influencia espiritual de su madre, de quien afirmó “no haber conocido ninguna otra persona de tan exaltada religiosidad; la vida tenía para ella un sentido trascendente”. Dios en San Pablo, El hombre en la tierra, Divina Tragedia o El ser y el espíritu son buenos ejemplos de su creación literaria en este ámbito del conocimiento humano.

En el caso de sus estudios sobre la Doctora de la Iglesia me ceñiré ahora al análisis que realiza en ´Artes y letras en santa Teresa de Jesús´¹, donde reflexiona acerca del alcance de su vocación intelectual. Comienza su exposición relatando las numerosísimas referencias de respeto y amor a los libros que –desde sus años juveniles a los de su cumbre espiritual– mostró siempre la monja abulense y transmitió a sus personas más queridas. La lectura fue un interés constante en su cotidianidad (´siempre tengo deseo de tener tiempo para leer´) hasta el punto que le llevaría a afirmar: ´cuando me faltaba libro, era luego desbaratada el alma´. Consiguiente con este amor a los libros era su respeto y admiración a los hombres de letras divinas que trató. No exigía solo que el maestro fuera religioso, sino también letrado.

“Pero esta vida intelectual quedaba exterior y era fuego apagado en el ardor de sus éxtasis”, comenta el intelectual zaragozano, pues resulta imposible alcanzar a través de los libros el misterio de Dios, que supera y trasciende toda actividad conceptual. De ahí que la Santa de Ávila exclamara: ´hartos años estuve yo que leía mucho y no entendía nada… Cuando su Majestad quiere, en un punto lo enseña todo de manera que yo me espanto. Entendí que si el Señor no me mostrara, yo pudiera poco con los libros aprender, porque no era nada lo que entendía hasta que su Majestad, por experiencia, me lo daba a entender´. Llegado el momento del crecimiento total, es preciso apartar las nieblas de la claridad intelectual; sus solas energías no solo no aclaran la visión sino que la embozan y son su principal obstáculo: ´no se negocia bien con Dios a fuerza de brazos… y no haga caso del entendimiento, que es un moledor… El entendimiento, si entiende, no puede comprender nada de lo que entiende´.

Estas declaraciones tienen un especial valor en almas como la de la mística castellana, tan vocadas a empresas intelectuales y tan amorosas de las letras, de modo que, sin desdeñar el valor del intelecto –más aún, exaltándolo– lo sitúa en el puro plano natural. La posesión entrañable y misteriosa de la luminosa verdad de Cristo es percibida por la Santa solo cuando se anonada. Su ciencia es trascendencia, a pesar de que su contemplación de lo que no puede entender vive dentro de su alma: ´no podía dudar que estaba dentro de mí o yo estaba engolfada en Él… El entendimiento está como espantado de lo mucho que entiende´.

En sintonía con lo estudiado, al profesor Camón Aznar –a la hora de interpretar la vocación intelectual de Santa Teresa– no le cabe mejor conclusión que la de afirmar que el dictamen “tiene que realizarse, no desde una pura valoración literaria o histórica, sino, y sobre todo, desde el misterio de un alma que se halla en perenne comunicación con la divinidad”.

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¹Cf. Boletín del Museo e Instituto “Camón Aznar” (X-1982), Zaragoza, pp. 105-117.

 

 


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