“Teresa de Jesús, maestra espiritual en tiempos recios”, por Angel Moreno de Buenafuente


teresaofjesus01--Ángel Moreno, de Buenafuente de Sistal

Introducción

Con ocasión del V centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, se acumulan diversas iniciativas de las autoridades civiles, de las ciudades teresianas, de la CEE, y también de nuestra diócesis, vinculada tan estrechamente a la santa, para hacer llegar al mayor número posible de personas el legado de la maestra de oración y doctora mística, que fue Teresa de Ávila.

Si las rutas de las fundaciones teresianas están siendo diseñadas como itinerario turístico y religioso,  no será menos atractivo adentrarnos en el itinerario espiritual y  en la experiencia de oración de la mujer que nos hizo conocer en un lenguaje llano su experiencia de lo divino, introduciéndonos por las moradas del castillo interior que es el alma.

Al inicio del curso académico 2014-2015, de nuestro seminario diocesano, y en vísperas de la apertura del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, el señor Obispo y señor Rector, habéis considerado la oportunidad de que os dirija esta lección inaugural. Me es muy grato ofrecer un pequeño esbozo sobre quien se nos presenta no solo como referencia luminosa de un tiempo pasado, sino como verdadero acompañamiento espiritual para nuestros tiempos. Agradezco la confianza y amistad que significa poder compartir esta tarde con todos vosotros este trabajo.

La enseñanza de Teresa de Ávila nos estimula, ante la llamada que nos hace la Iglesia, y el PPD, y los signos de los tiempos, a adentrarnos en la experiencia interior, y en la originalidad que demostró la santa, en estos tiempos recios y de intemperie, que diría la monja andariega, como hoy son los nuestros. Providencialmente, el objetivo que hemos asumido en la diócesis para este primer año del nuevo Plan Diocesano de Pastoral es: “Renovar y revitalizar nuestras comunidades a partir del encuentro personal con Cristo en la oración y la liturgia”. Propuesta que nos lleva a mirar a Cristo, y a tratar con Él, como nos indica Santa Teresa de Jesús. “Que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama.” (Vida 8,5)

Contexto histórico

En el deseo de comprender mejor la experiencia y enseñanza teresianas sobre el camino espiritual, es imprescindible observar el contexto inmediato, en el que vivió (1515-1582) [1], especialmente el período de la reforma del Carmelo (1562-1582). De tener en cuenta o no el enclave cultural, espiritual, religioso y político, en el que se desarrolla la vida de Teresa de Cepeda, depende en parte la claridad y valoración de la pedagogía que ella emplea para el trato con Dios y el perfeccionamiento personal.

Las influencias doctrinales y la espiritualidad de los movimientos y maestros del siglo XVI se pueden dividir en tres grandes grupos: los partidarios de la mediación corpórea, los contrarios a la mediación material y corporal, un tanto heréticos, y los más inclinados al interiorismo, sin llegar a romper la comunión eclesial. Las tres vertientes afectaron a Santa Teresa a la hora de su opción por alcanzar la perfección en el camino espiritual.

El giro humanista y cristológico de la espiritualidad, que venía gestándose [2], la reforma protestante, la devotio moderna, el intercambio de culturas con los Países Bajos y Centroeuropa, influyeron en los místicos españoles del siglo XVI [3] y en la piedad del pueblo. ¡Qué distinto es conocer que el recurso, por ejemplo, a la imagen era un consejo del Maestro Ávila y del General de los Jesuitas, Francisco de Borja, y no sólo una mera expresión de la piedad popular o de una mujer!

Si no se tienen en cuenta la historia de la Iglesia, la doctrina sobre el culto a las imágenes, la controversia iconoclasta, la reforma protestante en su dimensión política y doctrinal, los movimientos interioristas, la hora conciliar y postconciliar de Trento, se pierde la valoración de dimensiones importantes, como son la novedad de la opción de recurrir a las imágenes, la acertada pedagogía religiosa de su culto, el testimonio confesional frente a los iluminados e iconoclastas y el profetismo teresiano de recurrir a la contemplación de la imagen plástica, especialmente de Cristo, para despertar el amor teologal y el seguimiento radical del Evangelio.

En Teresa de Jesús tenemos uno de los mejores testigos de cómo lo icónico, por vía del afecto, personaliza espiritual y teologalmente y sirve, como puerta por la que entrar, a la relación amorosa con Cristo. “Así lo que más os despertare a amar, eso haced” (Moradas IV, 1,7). La maestra y santa Teresa de Jesús nos enseña el camino espiritual por el desarrollo de la relación afectiva con Cristo. No es por abaratar o rebajar la exigencia espiritual, sino para aumentar la posibilidad que todos tenemos de tratar de amistad con Dios.

Nuestra mirada a la enseñanza de Santa Teresa, al abordarla desde el lenguaje popular, piadoso y sencillo, como es el lenguaje de la iconografía y de la mediación de los sentidos corporales, y al acrecentar así la llamada a la relación con Dios a través de la mediación material, puede contribuir a que muchos accedan al conocimiento de la experiencia mística. Nunca se comprendería a Santa Teresa sin la referencia a la cultura popular de su tiempo[4], referencia que nos ayuda a transmitir en el nuestro la fascinación por Jesucristo.

Contexto político- eclesial

Es cierto que en esta época nacieron en la Iglesia varios santos fundadores [5], pero también diversos movimientos y asociaciones espirituales de muy variado signo y no siempre ortodoxos. Los más importantes, con los que a veces tuvo que luchar la santa, fueron, dentro de los cercanos, los formados por los “alumbrados”[6] y los místicos penitentes exagerados, algunos señalan también a los “recogidos”. Entre los extranjeros, debido a las noticias que de ellos llegaban, los reformadores protestantes[7], y en parte los erasmistas, fueron motivo de sufrimiento para santa Teresa.

Al ambiente familiar, social, político, religioso, y de manera muy particular a los diferentes movimientos espirituales, hay que añadir la intervención de personas concretas que acompañaron a la fundadora en su itinerario[8]. El carácter espontáneo de Santa Teresa y las dudas que le produjo su experiencia mística la llevaron a recurrir a personas acreditadas. Nunca le importó la pertenencia religiosa que tuvieran, con tal de que la ayudaran en las cosas de Dios. Escribiéndole al P. Gracián dice: “… tenemos sermón esta tarde del maestro Daza, harto bueno. Los dominicos nos hacen mucha caridad, que predican dos cada semana y los de la Compañía uno” [9]. Está acreditada la relación que mantuvo con San Juan de Ávila, al que confió el discernimiento sobre el libro de Vida.

Guadalajara en el siglo XVI

La provincia de Guadalajara ocupa un lugar muy significativo en los tiempos de Teresa de Ávila. Si las circunstancias ambientales del siglo de oro español influyeron en la vida de Santa Teresa, las que se dieron en nuestra Provincia son reflejo arquetipo de lo que sucedía en el siglo XVI en España, en Europa y en la Iglesia.

La familia de los Mendoza, una de las más próximas a la Corona en el siglo XVI, se relaciona muy directamente con la reforma teresiana. El cardenal D. Pedro González de Mendoza[10] fija su casa noble en Guadalajara, introduce el Renacimiento en sus palacios, es obispo de Sigüenza y arzobispo de Toledo, quien recomendó a los Reyes Católicos, como sucesor en la sede primada de Toledo al fraile de la Salceda, en Tendilla (Guadalajara), Francisco Jiménez de Cisneros (1436 – 1517), que había sido arcipreste de Uceda (Guadalajara), Vicario General de Sigüenza, nombrado por los mismos Reyes Católicos reformador de las órdenes monásticas (1496-1497), y fundador de la Universidad de Alcalá de Henares en 1499, donde se imprimiría la Biblia políglota (1514-1517). Ambos cardenales tienen especial importancia en el contexto eclesial y espiritual de Santa Teresa. D. Álvaro de Mendoza, obispo de Ávila, y su hermana doña María son grandes protectores de las fundaciones teresianas. Doña Ana de Mendoza y Cerda interviene en la fundación del convento de monjas de Pastrana[11]. El príncipe Ruy Gómez, valido de Felipe II, era un noble portugués, esposo de la princesa de Éboli[12], que ayudó en el empeño fundador.

Los “alumbrados”, aunque se ubicaron en Toledo, Extremadura y Andalucía, parece que tuvieron su origen en la Alcarria, en el entorno de Pastrana. La fundadora pudo ser Isabel de la Cruz, hacia 1510-1512[13]. A Pastrana también llega el seglar Pedro Ruiz de Alcaraz, contable del Duque de Escalona, quien al parecer es el ideólogo del movimiento[14], y emprende una acción proselitista, que implica a los frailes de la Salceda[15], de manera especial a Francisco Ortiz[16].

En el proceso inquisitorial contra María de Cazalla, el cura de Pastrana testifica la presencia de estos “alumbrados” en la Villa, presencia que llega a Guadalajara y su entorno. Los vecinos de Guadalajara, Horche, Yunquera de Henares y Usanos, entre otros testigos, deponen en los procesos contra ella y sus seguidores en Guadalajara. Juan de Cazalla, obispo auxiliar de Ávila, hermano de quien será juzgada por la Inquisición, se desplaza en varias ocasiones hasta Pastrana[17] y predica al grupo que se reunía en torno a su hermana María y a Isabel de la Cruz, si bien el obispo predicaba la “vía del beneficio”, los frutos del amor de Dios. Los eremitorios de Bolarque[18] están relacionados con esta espiritualidad.

La mística del Recogimiento se sistematiza en La Salceda [19], en Tendilla, que junto a Cifuentes, son lugares muy cisnerianos [20]. Este movimiento espiritual fue una de las fuentes en las que bebió Santa Teresa. De esta espiritualidad reformadora se alimentó San Pedro Regalado (1390-1456). En 1450 San Diego de Alcalá se refugió en el convento alcarreño [21], y en torno a 1520 vivieron allí Francisco de Osuna [22] y Francisco Ortiz [23], que concretaron y sistematizaron la mística del Recogimiento [24]. Melquíades Andrés señala que “en las casas de oración de los observantes, como La Salceda, (las enseñanzas del Recogimiento) las reducen a su esencia” [25].

En estas circunstancias, Santa Teresa rompe con las tendencias espiritualistas e iconoclastas, por causa de la Inquisición y como reacción frente a los iluminados, erasmistas y luteranos y centra su espiritualidad en la relación afectiva con Cristo, a quien le gustaba venerar en diferentes representaciones, especialmente en los pasos de Pasión. “Y así siempre tornaba a mi costumbre de holgarme con este Señor, en especial cuando comulgaba. Quisiera yo siempre traer delante de los ojos su retrato e imagen, ya que no podía traerle tan esculpido en mi alma como yo quisiera” (Vida 22, 4).

La Alcarria teresiana

En Pastrana, caso único, en 1569 Santa Teresa lleva a cabo dos fundaciones carmelitanas; el 28 de junio funda el Carmelo de San José, de monjas[26] y el 13 de julio, el convento de San Pedro, de descalzos[27]. La priora será Isabel de Santo Domingo[28], que tendrá graves enfrentamientos con la Princesa de Éboli[29], provocadora de severas disposiciones de la Santa[30], como fue el levantar la fundación y llevársela a Segovia en 1574[31]. Pastrana y Duruelo son cuna de la reforma carmelitana masculina[32]. En la Alcarria permanecen por un tiempo San Juan de la Cruz, el P. Jerónimo Gracián[33], Juan de la Miseria, quien pintó a la Madre Teresa y del que se conservan algunos frescos en la ermita de san Pedro del convento de la villa ducal.  El sobrino de Santa Teresa, hijo de su hermano Lorenzo, también entraría de novicio en este convento, aunque fue expulsado por el P. Doria[34]. En Pastrana profesó en manos de los frailes Doña Catalina de Cardona[35], mujer penitente, que después fundó un monasterio en La Roda (Albacete)[36].

Entre las primeras monjas carmelitas, se encuentra la Beata María de Jesús López Rivas, nacida en Tartanedo, que ingresó en el Carmelo de Toledo el 12 de agosto de 1577[37]. Una de las monjas que profesó como carmelita descalza en vida de la Fundadora fue Juana de Jesús Guerra[38], una joven nacida en Trillo (Guadalajara), mi pueblo natal. Sor Juana profesó carmelita en Ávila y después fue trasladada al Monasterio de Salamanca.

El Monasterio de Lupiana (Guadalajara) era la casa General de los Jerónimos, la Orden de la Corona española. Sabemos que algunos monjes de esta orden cambiaron de hábito por el de la reforma carmelitana[39]. Entre los artistas de esta época destaca Miguel Ximénez, de Pareja[40], nacido en el corazón alcarreño, de cuyas manos surgen representaciones de la Piedad y de Cristo Resucitado. Cuadros de este mismo estilo pudo contemplar Santa Teresa[41], iconografía especialmente relacionada con sus visiones místicas.

Algunas coordenadas actuales

Con mirada intraeclesial, se puede observar que después del Concilio Vaticano II, se ha atravesado una época que ha dado grandes frutos. La centralidad del culto a la Eucaristía, el retorno a la valoración de la Palabra de Dios, la nueva arquitectura religiosa, los cursos de iniciación cristiana, son resultados positivos. Sin embargo, en el afán de resaltar la dimensión formativa, tan necesaria, se ha podido abandonar la dimensión afectiva y, sin querer, se ha dañado la participación piadosa de los fieles. Al cabo de más de cuarenta años, se descubre que la pastoral postconciliar, centrada principalmente en la formación y en la reforma litúrgica, no ha llegado a los fieles. Es preocupante la falta del dato catequético, bíblico, teológico o moral en muchos miembros del Pueblo de Dios, que han asumido las categorías ideológicas más socializadas del relativismo moral, del subjetivismo y últimamente del laicismo.

Si se mira el trabajo realizado para mejorar la celebración de la fe y su fruto, se podría afirmar que, como diría Santa Teresa de Jesús, corren tiempos recios. Sorprendentemente, en esta hora un tanto secularizada, en muchas comunidades cristianas se dan signos constantes de piedad popular en torno a imágenes de devoción a pesar de que las propuestas evangelizadoras postconciliares han hecho más hincapié en la formación de los fieles, en el conocimiento de las Sagradas Escrituras y en la centralidad de la Eucaristía, propuestas esenciales, que no se pueden abandonar. El pueblo, sin embargo, ha seguido centrado en dar culto a las imágenes de Cristo, de la Virgen y de los santos, especialmente si son patronales, y crece cada vez más la adoración eucarística.

La mediación de la imagen

Quizá, por razón de un movimiento pendular en la pastoral, se ha podido incurrir de alguna manera en una pedagogía un tanto iconoclasta, que realza más lo doctrinal que lo afectivo, método que, sumado a la secularización de la cultura, ha conducido a los desiertos de la fe, por no haber tenido en cuenta la dimensión emocional de la relación teologal. En estas circunstancias, la expresividad religiosa más popular ha resistido a la inclemencia secularizadora. Desde esta percepción, no se puede despreciar la piedad popular por juzgarla poco profunda o por creerla algo mítica. Ante la relación afectiva que la contemplación de las imágenes sagradas suscita en muchos fieles, se deberá estar muy atento para mantener en su justa valoración la mediación icónica en la tarea evangelizadora y en la pedagogía de la oración.

Santa Teresa nos enseña: “Una gran ganancia saca el alma de esta merced del Señor, que es, cuando piensa en Él o en su vida y Pasión, acordarse de su mansísimo y hermoso rostro, que es grandísimo consuelo, como acá nos le daría mayor haber visto a una persona que nos hace mucho bien que si nunca la hubiésemos conocido” (Moradas VI, 9, 14). “¿Sabéis para cuándo es muy bueno y cosa en que yo me deleito mucho? Para cuando está ausente la misma persona, o quiere darnos a entender lo está con muchas sequedades, es gran regalo ver una imagen de quien con tanta razón amamos. (Camino de Perfección 34, 11).

Espiritualidad y salud mental

Vivimos una sociedad en la que, por una parte impera el mensaje visual, se impone la cultura de la imagen, los especialistas de las nuevas técnicas de comunicación saben muy bien hasta qué extremo una imagen vale más que mil palabras. Y por otra parte crece la sensibilidad espiritual, la ciencia de la psicología y de la psiquiatría están fascinadas por la relación entre salud mental y espiritualidad.

Es fácil observar cómo, al mismo tiempo, que se expande el secularismo en la sociedad civil, y algunos lo detectan también dentro de la propia Iglesia, se da un crecimiento del número de los que se afilian a asociaciones privadas y a diversos movimientos religiosos o de espiritualidad, muchos de ellos un tanto escépticos y críticos con las enseñanzas de la Iglesia. Se comprueba el crecimiento de artículos, libros, estudios sobre religión y espiritualidad, a los que la ciencia relacionada con la mente y afectividad humanas mira cada vez con mayor fascinación.

En el deseo de cultivarse espiritualmente, personas bien formadas acuden a métodos de concentración mental, de relajación corporal, a diversos sistemas de autoayuda y de autoconocimiento, que en un plano natural pueden ser buenos, porque reportan dominio de sí, sensibilidad, delicadeza, atención, defensa mental… Nada es despreciable, cuando hay un deseo sincero y honesto de crecer espiritualmente, pero se deberá estar atento a posibles consecuencias aislacionistas o elitistas. Según la psiquiatra Mar Álvarez, los métodos de autoayuda que no tienen en cuenta una antropología con dimensión trascendente no dan respuesta suficiente. El riesgo que se da en los nuevos movimientos de espiritualidad, si no se tiene en cuenta la antropología cristiana, lleva a las personas a un individualismo narcisista y egocéntrico. Los métodos de autoconocimiento, si no están abiertos a la trascendencia, no tienen salida.

Santa Teresa de Jesús se convierte en verdadera maestra para los tiempos actuales, cuando enseña: “Una cosa quiero decir, a mi parecer importante; si a vuestra merced le pareciere bien, servirá de aviso, que podría ser haberle menester; porque en algunos libros que están escritos de oración tratan que, aunque el alma no puede por sí llegar a este estado, porque es todo obra sobrenatural que el Señor obra en ella, que podrá ayudarse levantando el espíritu de todo lo criado  (…) Y avisan mucho que aparten de sí toda imaginación corpórea y que se lleguen a contemplar en la Divinidad; porque dicen que, aunque sea la Humanidad de Cristo, a los que llegan ya tan adelante, que embaraza o impide a la más perfecta contemplación. Yo no lo contradigo, porque son letrados y espirituales, y sabenlo que dicen, y por muchos caminos y vías lleva Dios las almas. Cómo ha llevado la mía quiero yo ahora decir -en lo demás no me entremeto- y en el peligro en que me vi por querer conformarme con lo que leía” (Vida  22, 1.2).

La diferencia esencial entre los diversos métodos de espiritualidad y la oración cristiana, de la que Santa Teresa de Jesús es maestra, se da en que mientras los métodos pueden quedarse en un acompañamiento introspectivo, personalista, endogámico, que crea dependencia o secuestran dentro de uno mismo,  la oración cristiana, en sus distintas formas y expresividades, se abre siempre a la relación con el Tú divino revelado por Cristo, y a la misión solidaria y si es auténtica, debe producir libertad interior, comunión y compromiso solidario. “Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras” (Moradas VII, 4, 6).

Espiritualidad y corporeidad

Invocar la mediación corpórea y la aplicación de los sentidos para la vida espiritual puede parecer una respuesta extraña y contradictoria. Lo más adecuado sería la llamada a la abstinencia, al silencio, a la soledad, al vaciamiento, al ejercicio del dominio propio por fuerza de la voluntad, para lograr un sujeto más capaz y sensible a los estímulos espirituales e interiores. Además, con frecuencia se juzga que el cristianismo, y de manera especial la Iglesia, es contrario a lo corporal, que su discurso es siempre negativo y estigmatiza muchas relaciones afectivas, por lo que muchos abandonan su pertenencia a la Iglesia o son contrarios a su discurso moral. Ante quienes proponen la vía del silenciamiento somático, del sometimiento del cuerpo o la conquista de la iluminación interior, la defensa de la mediación corpórea puede parecer prosaica, sin altura espiritual. En este contexto, la propuesta de la mediación corpórea en el proceso de maduración espiritual puede parecer irreal para unos y un tanto heterodoxa para otros.

Si se conociera la verdad cristiana acerca del cuerpo, la opción de Dios de hacer al hombre a imagen suya, la encarnación del Verbo, tomando nuestra naturaleza, la sacramentalidad de todo ser humano, la dignidad a la que es elevada la carne en Cristo resucitado, la entrega generosa de tantos creyentes al cuidado de los enfermos, llagados y doloridos de nuestra sociedad, se descubriría la falta de fundamento de un juicio tan hostil contra todo lo que huele a Iglesia y a cristianismo, a la vez que la esencialidad de lo corpóreo para una vida plenamente humana y plenamente cristiana, máxima posibilidad transfiguradora y luminosa de la persona. “¡Qué valor debe de tener el hombre a los ojos del Creador si ha “merecido tener tan grande Redentor!” [42]

Al mismo tiempo, afloran o se consolidan nuevos movimientos espirituales, caracterizados por el vínculo afectivo entre sus miembros, se recupera la adoración del Santísimo, crecen las expresiones de piedad popular, hay una búsqueda intensa de sentido en muchas personas que sufren, aunque en algunos casos, estas nuevas realidades son también motivo de sufrimiento pastoral.

El camino no puede ser el enfrentamiento entre lo formativo y lo afectivo, la incompatibilidad entre la piedad popular y el culto litúrgico, la separación entre iniciados y sencillos, entre seguros y vacilantes. En tal encrucijada, interesa acudir a las fuentes, a las Escrituras, a los maestros, a los testigos, a quienes nos libran de perecer en ideologías religiosas, en afanes de poder, o en afiliaciones endogámicas, aunque esto suponga una necesaria corrección en el servicio pastoral.

Santa Teresa de Jesús y su enseñanza se convierten en auténtico acompañamiento espiritual.

La respuesta de Santa Teresa de Jesús

La mediación icónica

La enseñanza de la doctora mística Teresa de Jesús toma especial importancia porque su experiencia espiritual coincide, en parte, no solo con las coordenadas de movimientos iconoclastas, espiritualistas y gnósticos se su tiempo, sino por el paralelismo semejante a los que se detectan en la actualidad. Lo que más sorprende en la vida de Santa Teresa, teniendo en cuenta el ambiente en el que vivió y los maestros espirituales de la época, es el quiebro que ella dio en su itinerario espiritual, y la propuesta que hizo de centrar su mirada en la Humanidad de Cristo y en sus representaciones.

En el proceso ascendente de Moradas, en las más altas, la maestra de oración apela a la mediación devocional icónica, y se atreve a superar el consejo de algunos confesores, que mandaban hacer burlas ante las imágenes de Cristo, porque interpretaban que las experiencias místicas de la santa eran tentación y demonio. “Parecíale muy mal lo que algunos aconsejan, que den higas cuando así viesen alguna visión; porque decía que adondequiera que veamos pintado a nuestro Rey, le hemos de reverenciar. (…) Aunque he escrito en otra parte esto, me holgué de ponerlo aquí, porque vi que una persona anduvo afligida, que la mandaban tomar este remedio. No sé quién le inventó tan para atormentar a quien no pudiere hacer menos de obedecer, si el confesor le da este consejo, pareciéndole va perdida si no lo hace, y el mío es que, aunque os le dé, le digáis esta razón con humildad y no le toméis” (Moradas VI, 9, 13).

La contemplación de Santa Teresa de la imagen de Cristo y su recomendación de traer ante los ojos algún retrato, signo, dibujo relacionados con Cristo, nos demuestran la pedagogía acertada de la maestra de oración, avalada además por buenos maestros, para adentrarnos en la relación teologal, creyente y transformadora de la conducta con el Señor . “… tratando con un gran letrado dominico, el maestro fray Domingo Báñez, le dijo que era mal hecho que ninguna persona hiciese esto (burlas), porque adondequiera que veamos la imagen de nuestro Señor, es bien reverenciarla, aunque el demonio la haya pintado; porque él es gran pintor, y antes nos hace buena obra, queriéndonos hacer mal, si nos pinta un crucifijo u otra imagen tan al vivo, que la deje esculpida en nuestro corazón. Cuadróme mucho esta razón, porque cuando vemos una imagen muy buena, aunque supiésemos la ha pintado un mal hombre, no dejaríamos de estimar la imagen ni haríamos caso del pintor para quitarnos la devoción. Porque el bien o el mal no está en la visión, sino en quien la ve y no se aprovecha con humildad de ellas; que si ésta hay, ningún daño podrá hacer aunque sea demonio; y si no la hay, aunque sean de Dios, no hará provecho” (Fundaciones 8, 3).

La mediación de la imagen que se nos recomienda no estriba en el valor material que tenga, ni en el  histórico o artístico. La razón, según Santa Teresa de Jesús, es el efecto que puede hacernos cuando nos acercamos a las representaciones de la vida de Jesús, al comprobar cómo se aviva la experiencia de fe y aumenta el afecto a la persona del Señor. “Pues tornando a lo que decía, ponémonos a pensar un paso de la Pasión, digamos el de cuando estaba el Señor a la columna: anda el entendimiento buscando las causas que allí da a entender, los dolores grandes y pena que Su Majestad tendría en aquella soledad y otras muchas cosas que, si el entendimiento es obrador, podrá sacar de aquí”. (Vida 13.12). Según el testimonio teresiano, la imagen se convierte en detonante de la vibración espiritual, mediación favorable para quienes no somos ángeles cuando se desea tratar con Dios (cf. CAD 2, 3).

De contemplar y de poner los ojos en un paso de la vida de Jesús, se imprimen, tanto en su vida como en su obra, los mismos gestos de Cristo, que ella observa en la iconografía, de modo que la resuelven a vivir a la manera del Señor. “De ver a Cristo me quedó imprimida su grandísima hermosura, y la tengo hoy día, porque para esto bastaba sola una vez, ¡cuánto más tantas como el Señor me hace esta merced!” (Vida 37, 4). La Iglesia proponía esta enseñanza desde los primeros concilios. “Porque cuanto con más frecuencia son contemplados por medio de su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo y deseo de los originales…” (Concilio de Nicea, Dz 601).

Experiencia teologal

En el orden de la experiencia humana, los efectos que se derivan tanto de la percepción sensorial de la belleza, como de la experiencia estética y espiritual, se dan en el ámbito interior de la persona. Ante la humanidad doliente de Cristo, puesta ante los ojos con fe, por la gracia, acontece una experiencia imprevisible, íntima, personal e intransferible. La experiencia mística y espiritual es exclusiva de quien la recibe. La relación contemplativa con Cristo de Teresa de Jesús, a través de distintas imágenes, es única, tanto, que por mucho tiempo confundió incluso a maestros espirituales, que le aseguraban “que era demonio” (Vida 23, 14.15).

Santa Teresa no se detiene en los aspectos artísticos -pictóricos o escultóricos-, de las representaciones icónicas de Cristo, por más que sabe apreciarlos, sino que los trasciende, para encontrarse ante las imágenes y a través de ellas con el Tú divino que representan, del que está enamorada. Esta visión escapa al análisis exclusivamente racional, por lo que cabe la limitación de la comprensión. Sólo por la fe se puede gustar el acompañamiento íntimo de un ser real y vivo que se muestra de manera más palpable para los sentidos a través de la mediación de las imágenes, sin que éstas nunca lleguen a desplazar la verdadera presencia invisible ni a tomar un protagonismo idolátrico. Todos los demás aspectos se quedan a otro nivel.

Santa Teresa, mujer recia, creyente y enamorada de Cristo, desea permanecer, como le es posible, junto a la imagen que representa al amor de su alma. “Tenía este modo de oración: que, como no podía discurrir con el entendimiento, procuraba representar a Cristo dentro de mí, y hallábame mejor ­a mi parecer­ de las partes adonde le veía más solo. Parecíame a mí que, estando solo y afligido, como persona necesitada me había de admitir a mí. De estas simplicidades tenía muchas” (Vida 9,4). Reconoce la santa la ingenuidad del método; sin embargo, por el amor que subyace, se demuestra la utilidad del recurso.

Experiencia mística

No se puede confundir la experiencia que se obtiene por la contemplación de una imagen material, por piadosa y bien proporcionada que sea, con la visión que Dios concede de Sí mismo por gracia, a quien Él quiere, llamada visión imaginaria, “con los ojos del alma” (Vida 28, 3) o visión intelectual, más allá de toda figuración.

Se pude creer que la experiencia mística sucede como efecto de haber mirado y contemplado la imagen plástica, y que se trata de una proyección subjetiva de la imagen contemplada. Sin embargo, por los distintos relatos que nos hace Santa Teresa de Jesús de sus visones, es muy diferente la imagen que ella contempla con los ojos corporales de la que se le representa interiormente. Con ello se descubre que la fenomenología mística no es fruto de la contemplación estética ni afectiva. Una cosa es lo que ella tiene ante sus ojos y otra lo que ve como revelación particular.

Las experiencias místicas son de orden diferente. Las imágenes son como retratos del Señor y las visiones lo dejan sentir de manera viva. “Unas veces era tan en confuso, que me parecía imagen, no como los dibujos de acá, por muy perfectos que sean, que hartos he visto buenos; es disparate pensar que tiene semejanza lo uno con lo otro en ninguna manera, no más ni menos que la tiene una persona viva a su retrato, que por bien que esté sacado no puede ser tan al natural, que, en fin, se ve es cosa muerta”. (Vida 28, 7).

Además, se da una paradoja: no siempre la experiencia más sublime sucede a través de la imagen más perfecta; por el contrario, a veces en la representación menos acabada, aunque bien proporcionada, se descubre aún más el anonadamiento de Cristo, que conmueve. “Y cuanto a lo que toca a las imágenes y retratos, puede haber mucha vanidad y gozo vano, porque, siendo ellas tan importantes para el culto divino y tan necesarias para mover la voluntad a devoción, como la aprobación y uso que tiene de ellas nuestra Madre la Iglesia (…), hay muchas personas que ponen su gozo más en la pintura y ornato de ellas que no en lo que representan” (SAN JUAN DE LA CRUZ, Subida del Monte Carmelo I, 35, 2..

La Humanidad Sacratísima

Es clarividente la afirmación magistral de la doctora mística: “Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleita. Muy muy muchas veces lo he visto por experiencia. Hámelo dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos” (Vida 22,8).

Si hay una enseñanza de la maestra de oración sobre cómo orar, es precisamente la que invita a centrar nuestra mirada en Cristo y a relacionarnos con Él. En un lenguaje de la época, Santa Teresa desarrolla la relación con Jesús, a quien llama “capitán”, “emperador”, “fundador”, “rey”…; pero sobre todo, lo trata como “amigo” – “¿qué amigo hallaremos tan sufrido?” (Conceptos de Amor de Dios 2, 19)-, como “esposo” y “Señor” – “Servir a tan buen Esposo y Señor” (Concepto de Amor de Dios 3, 4). “Amigo y esposo vuestro” (Camino de Perfección 9, 4).

Podría parecer que un trato de tanta intimidad conviene a quienes se consagran a la contemplación, mas la opción divina de hacerse hombre, de tomar nuestra naturaleza, nos revela que todo ser humano está invitado a formar una sola cosa con Dios. Es la humanidad la que se desposa con la divinidad en la persona del Hijo único de Dios. El lenguaje humano se descubre muy limitado para decir lo que sobrepasa a nuestra comprensión, y en muchos casos se emplea de manera análoga o aproximativa. “Tenía tan poca habilidad para con el entendimiento representar cosas (…) Yo sólo podía pensar en Cristo como hombre; más es así que jamás le pude representar en mí -por más que leía de su hermosura y veía imágenes-, sino como quien está ciego a oscuras, que, aunque habla con una persona y ve que está con ella (porque sabe cierto que está allí, digo que entendía y cree que está allí) mas no la ve. De esta manera acrecía a mí cuando pensaba en nuestro Señor; por esta causa era tan amiga de imágenes. ¡Desventurados los que por su culpa pierden este bien! Bien parece que no aman al Señor, porque si le amaran, holgáranse de ver su retrato, como acá aun da contento ver el de quien se quiere bien” (Vida  9, 6).

En los últimos tiempos, se ha escrito mucho sobre el Cristo de la historia y el Cristo de la fe. Para la doctora mística, Jesucristo es la revelación de Dios en la carne, hombre y Dios. Ella se relaciona con quien, siendo Dios, se ha hecho hombre. “También he pensado si pedía aquel ayuntamiento tan grande, como fue hacerse Dios hombre” (Conceptos de Amor de Dios 1, 10). Aunque a la hora de relacionarse con Él lo imaginaba como hombre: “Yo sólo podía pensar en Cristo como hombre” (Vida 9,6).

En cualquier caso, el trato que se establece en la oración teresiana es como con persona viva, y así lo describe: “Porque si es imagen, es imagen viva; no hombre muerto, sino Cristo vivo; y da a entender que es hombre y Dios; no como estaba en el sepulcro, sino como salió de él después de resucitado; y viene a veces con tan grande majestad, que no hay quien pueda dudar sino que es el mismo Señor, en especial en acabando de comulgar, que ya sabemos que está allí, que nos lo dice la fe” (Vida 28, 8).

Los efectos transformadores

De los principios reseñados podría concluirse que, siendo tan personal e íntima la experiencia espiritual, la propuesta de orar como lo hizo Santa Teresa de Jesús es excluyente, sin repercusión posible en nosotros. Sin embargo, el ejemplo de la contemplación de la imagen de Cristo, la mediación de lo visible, el cristocentrismo en Teresa de Jesús nos es muy útil, si conocemos los frutos que reporta y por la posibilidad que nos ofrece a la hora de desear orar.

Sabemos que Santa Teresa poseía cultura artística, había admirado obras de arte -“no como los dibujos de acá, que harto he visto buenos” (Vida 28, 3)- y había sido iniciada en su valoración, por lo que nos encontramos con una persona cultivada, en la que, al contemplar representaciones del Señor, acontece, según su propio testimonio, una reacción diferente de la mera complacencia estética. La llamada “segunda conversión” de Teresa de Jesús, a sus cuarenta años, tiene lugar delante de una imagen de Cristo. Por los distintos testimonios de las monjas, no es fácil determinar cuál fue.

El recurso a la imagen plástica posibilita, además, la descripción de las experiencias más íntimas, de tal forma que si algunas veces la mediación icónica es la que provoca la relación teologal y mística, en otras sirve para narrar lo que se siente en el interior, como fruto de la gracia. Es significativo que sea en los momentos más íntimos del itinerario espiritual (cd Relaciones 58, 3), cuando la santa alude a la mediación icónica: “Un día de San Pablo, estando en misa, se me representó toda esta Humanidad sacratísima como se pinta resucitado” (Vida 28, 3). De aquí la importancia que tiene conocer el contexto pictórico del momento. Las catedrales de Ávila, Toledo, Palencia, lugares de sus fundaciones, mostraban en aquel tiempo retablos magníficos, y se da la curiosidad de la coincidencia de la santa en Toledo al mismo tiempo que el Greco pintaba encargos del cabildo.

En los últimos tiempos, se ha hecho un gran esfuerzo por mostrar el arte cristiano como gesto de diálogo fe – cultura. Nadie duda de la humanización que se produce en la sociedad por vía del arte sacro. La espiritualidad humaniza. Hoy día se ha comprobado la necesidad que tiene el hombre de contemplar el arte religioso. Acercarnos a la maestra espiritual, Teresa de Jesús, nos posibilita llenar nuestros ojos de las obras más hermosas del arte cristiano.

Conclusión

Desde mi experiencia de pastor puedo aportar que la transmisión de la fe se realiza por la mediación del encuentro humano, afectivo, personalizado, con el lenguaje más próximo posible a la realidad que viven los fieles. Sorprendentemente, todos sienten de manera especial el encuentro con el Misterio cuando de forma personal tienen un contacto sensorial. Santa Teresa cuenta su conversión ante la imagen de un Cristo muy llagado.

La experiencia pastoral me demuestra, avalado con la enseñanza teresiana, que el acierto de implicar la corporeidad en la celebración litúrgica, en la práctica religiosa, en la oración personal,  y en la evangelización garantiza la vinculación afectiva. Se necesita ver, tocar, besar, sentir para recibir el mensaje. No en vano Jesús se ha querido quedar para siempre con nosotros en el sacramento de la Eucaristía, celebración en la que son invitados los cinco sentidos, donde se nos ofrece la posibilidad de comer, beber, escuchar y de darnos el abrazo y el beso de paz. “… cuando oía a algunas personas decir que quisieran ser en el tiempo que andaba Cristo nuestro bien en el mundo, se reía entre sí, pareciéndole que, teniéndole tan verdaderamente en el Santísimo Sacramento como entonces, que ¿qué más se les daba?” (Camino de Perfección 34, 6)

Entre los católicos occidentales, después de un tiempo un tanto iconoclasta, se aprecia un acercamiento mayor a las imágenes de culto, o lo que es lo mismo, a la iconografía. La estadística socio-religiosa, con toda la reserva que supone la lectura sociológica, demuestra la relación entre el mantenimiento de la fe, e incluso el florecimiento vocacional, y el hecho de la religiosidad popular[43]. Y crece el movimiento de adoración eucarística. Ambas dimensiones nos las enseña Santa Teresa de Jesús. “Porque, si no nos queremos hacer bobos y cegar el entendimiento, no hay que dudar; que esto no es representación de la imaginación, como cuando consideramos al Señor en la cruz o en otros pasos de la Pasión, que le representamos en nosotros mismos como pasó. Esto pasa ahora y es entera verdad, y no hay para qué le ir a buscar en otra parte mas lejos; sino que, pues sabemos que mientras no consume el calor natural los accidentes del pan, que está con nosotros el buen Jesús, que nos lleguemos a Él” (Camino de Perfección 34, 8).

En el cristianismo hay motivo objetivo y teológico en el que se cimienta el culto a las imágenes y a lo corpóreo, se funda en la verdad de la encarnación del Verbo, en el Dios revelado en la carne, que ha querido tomar la materia y transfigurarla. El invisible se ha hecho visible. Por propia voluntad Dios ha querido mostrarse en nuestra naturaleza[44].

No sería pequeño el fruto de este trabajo si contribuyera a reconciliar a fieles y pastores respecto a la piedad popular y a encontrar el lenguaje transmisor del Evangelio. Santa Teresa, al narrar su camino de oración, lo hace con diversas imágenes, entre las que aparecen expresiones que indican su piedad primera, a la que no renunció. (Vida 30, 20).

El acercamiento a Santa Teresa nos permite descubrir la relación entre la mediación corporal y la experiencia mística, la utilidad de las representaciones pictóricas o escultóricas de Cristo y la evangelización; la enseñanza de la vida espiritual y la formación de escuelas de oración, como invitaba San Juan Pablo II (NMI 33).

De alguna manera, la visión que proyecta la vivencia individual de la Santa de Ávila es oportuna en la situación actual. La pedagogía icónica no ha sido superada, y para hablar de lo invisible, el mejor modo es a través de lo que pueden percibir los sentidos. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha sido pionera e impulsora del arte, lenguaje espiritual humanizador. Actualmente, superado el iconoclasmo postconciliar, uno de los retos pastorales es saber conectar con la expresividad de la piedad popular, además de dialogar con las tendencias artísticas, para hacer posible la creación de manifestaciones trascendentes en el lenguaje actual, con el contenido de belleza y de armonía.

El hecho de que Santa Teresa, como otros muchos místicos, obtuviera gracias especiales al contemplar diversas representaciones sagradas, nos conduce a una valoración teológica más que instrumental del recurso a las representaciones plásticas o mentales de los pasos de Jesús, pues en ello vemos la posibilidad de experimentar la bendición de la experiencia amorosa por contemplar con devoción las diferentes imágenes de piedad, de manera especial de la Humanidad de Cristo.

Lección inaugural del curso del seminario diocesano de Sigüenza-Guadalajara, 8 octubre 2014

Fuente: siguenza-guadalajara.org

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[1] “Los años que transcurren entre 1525-1560 se encuentran en la cresta de las reformas”. M. ANDRÉS, Historia de la Mística de la Edad de Oro en España y América, Madrid 1994, 261.

[2] San Bernardo (1090-1153), San Francisco de Asís (1182-1226), Santo Tomás de Aquino (1229-1369), Santa Catalina de Siena (1347-1380) son testigos del giro cristológico.

[3] San Ignacio de Loyola (1491-1556), San Juan de Dios (1495-1550), San Pedro de Alcántara (1499-1562), San Juan de Ávila (1499-1569), San Francisco de Borja (1510-1572), Santa Teresa de Jesús (1515-1582), San Juan de la Cruz (1542-1591), San José de Calasanz (1557-1648), son algunos nombres insignes.

[4] Cf., T. EGIDO, Presencia de la religiosidad popular en Santa Teresa, en Actas del Congreso Internacional Teresiano, Salamanca 1983, 221.

[5] S. Cayetano (1480-1547), fundador de la Congregación del Oratorio, S. Jerónimo Emiliani (1486-1537), fundador de los Clérigos Regulares de Somasca, S. Felipe Neri (1515–1595) y S. Camilo de Lelis (1550-1614). Los españoles S. Ignacio de Loyola (1491-1556), S. Juan de Dios (1495-1550), fundador de la Orden Hospitalaria y S. José de Calasanz (1557-1648) son de esta época, lo mismo que Santa Teresa de Jesús (1515-1582).

[6] Hasta que se condena el “Alumbradismo” en Valladolid, en 1524, .y en 1525 la Inquisición lo declara herético, hubo unos años de confusión, que alcanzó a personas de buena voluntad. Cf., M. ANDRÉS, Historia de la Mística…, 69.

[7] En el caso del “protestantismo”, las sanciones contra Lutero, y el Concilio de Trento y el reinado de Felipe II previnieron a los católicos de España del éxodo que se produjo en Centroeuropa.

[8] “Para la monja se hace posible encaminarse a gozar de la protección de la Corte y del rey, y escuchar de Pedro Ibáñez los consejos de los doctos dominicos, de los místicos franciscanos como Pedro de Alcántara, de los padres jesuitas recientemente organizados en Compañía por Ignacio de Loyola. (…) Jerónimo Gracián, hijo del secretario de Felipe II”. A. FANFANI, o. c., 27.

[9] Cartas 231, 2. fechada en Ávila el 2 de Marzo de 1578.

[10] Cf., T. MINGUELLA, Historia de la diócesis de Sigüenza y de sus obispos II, Madrid 1912, 197 ss.

[11] Cf., T. ÁLVAREZ, en Cartas 13, nota 10.

[12] “Florecía por aquel tiempo D. Ruy Gómez de Silva, y estaba en el mayor valimiento con Felipe II, tanto que, siendo Príncipe de Asturias, vino a Alcalá en 1522 a ser padrino del dicho Ruy Gómez, que casó con Dña. Ana de Mendoza y Cerda, hija de D. Diego Hurtado de Mendoza y Dña. Catalina de Silva, Conde de Mélito y Duques de Francavila”. M. PÉREZ CUENCA, Historia de Pastrana, Guadalajara 1997, 21. Cf., F. CORTIJO AYUSO, Santa Teresa y Pastrana, Guadalajara 1982, 11-15.

[13] Cf., M. ANDRÉS, Historia de la Mística de la Edad de Oro en España y América, Madrid 1994, 275. “Isabel de la Cruz nació en Guadalajara de ascendencia judía, ¿tuvo conciencia desde su infancia de calidad social ultrajada?

En 1521 se encuentra en Guadalajara «dogmatizando» sobre el nuevo camino: El dejamiento. Sus principios los colorea y refuerza con interpretaciones simbólicas de la Biblia y el núcleo de tales prédicas era anular ante Dios la propia voluntad. Se va ganando entre sus prosélitos algunos clérigos, y el respaldo civil lo tiene asegurado en casa del Duque del Infantado. Bastó una discordia con Mari Núñez, una beata rigorista con la que había tenido conversaciones, para ser delatado todo su sigiloso proceder”. S. LÓPEZ SANTIDRIÁN, Decurso de la heterodoxia mística y origen del Alumbradismo en Castilla, en Cuadernos de Teología 19, Burgos 1981,54. “El 21 de abril de 1529, ante la presencia del inquisidor Manrique, se da la sentencia definitiva: Cárcel perpetua; pena que, como a Alcaraz, le será levantada diez años después, en 1539”. Ibid., 57.

[14] Cf., J. ESQUERDA BIFET, “Alumbrados”, en ID., Diccionario de San Juan de Ávila, Burgos 1999, 40.

[15] Cf., S. LÓPEZ SANTIDRIÁN, Decurso de la heterodoxia mística…, 61.

[16] “Francisco Ortiz, compañero de Osuna en La Salceda y debelador del Alumbradismo de la Alcarria, ya en 1523. … amparaban los alumbrados”. M. ANDRÉS, Historia de la Mística…, 69.

[17] “El verano de 1523 el obispo Cazalla fue a Pastrana, acaso por última vez, a predicar (…). Por la declaración de María de Cazalla se desprende que Alcaraz e Isabel de la Cruz fueron a Pastrana después que su hermano y que ella misma (c. 4, n. 5 y f. 32v). No sabemos cuántas veces fue el obispo Cazalla invitado a predicar en Pastrana, pero sí sabemos que Isabel de la Cruz, como María de Cazalla, fue una y Alcaraz tres (Alcaraz, f. 19v)”. Ibid., 56.

[18] La fundación del “Desierto de Bolarque” como sede de un convento de Carmelitas Descalzos fue en 1592. Cf., C. SUÁREZ, Desierto de Bolarque, Yermo de carmelitas descalzos, Madrid 1651, Fol. 39; M. PÉREZ Y CUENCA, o. c., Guadalajara 1997, 72; A. HERRERA CASADO – A. L. TOLEDANO, El Desierto de Bolarque, Guadalajara 1992, 17.

[19] Fray Pedro de Villacreces funda La Salceda en 1387, donde tuvo lugar la sistematización del “Recogimiento”.

[20] “Testigos son aún las ruinas de La Salceda en Tendilla (Guadalajara), donde moraron personas eminentes como Francisco de Osuna y el cardenal Cisneros”. T. H. MARTÍN, Introducción, en B. PALMA, de, Via Spiritus – B. LAREDO, de, Subida del Monte Sión, Madrid 1998, XVIII.

[21] Cf., M. ANDRÉS, Historia de la mística…, 226. San Diego estuvo en el convento de Valdemorales, Pastrana, antes de 1460. Cf., M. PÉREZ Y CUENCA, o. c., 50-51.

[22] “En torno al 1522-1523 lo envían a la Salceda, cerca de la villa de Tendilla. (…) En este mismo lugar había pasado algunos de sus años más felices el ahora Cardenal Cisneros, ejerciendo el cargo de Guardián”. S. LÓPEZ SANTIDIRÁN, Introducción, en F. OSUNA, de, Tercer Abecedario Espiritual, Madrid 1998, 13-14. “Su enseñanza recoge las experiencias vividas en los recolectorios, especialmente en Ntra. Sra. de la Salceda (Guadalajara)”. Ibid., 77.

[23] “… F. Ortiz, a quien los alumbrados intentan envolver en sus procesos con Osuna. Su único pecado, dice, consistió en «hablar con necios». Ortiz, que hizo su profesión en la Salceda, enseñó lógica en el convento de Pastrana (1520) y es nombrado predicador de la Orden hacia 1521, en junio asiste al capítulo general de Burgos, desde donde visita a Francisca Hernández…”. Ibid., 17.

[24] M. ANDRÉS, Historia de la mística…, 208.

[25] Ibid., 206.

[26] Fundaciones 17, 2.3.4.

[27] T. ÁLVAREZ, en Fundaciones 17, nota 2.

[28] Cf., ID., en Fundaciones 15, nota 4.

[29] “Estaría allí tres meses, adonde se pasaron hartos trabajos, por pedirme algunas cosas la princesa que no convenían a nuestra religión, y así me determiné a venir de allí sin fundar, antes que hacerlo. El príncipe Ruy Gómez, con su cordura, que lo era mucho y llegado a razón, hizo a su mujer que se allanase; y yo llevaba algunas cosas, porque tenía más deseo de que se hiciese el monasterio de los frailes que el de las monjas, por entender lo mucho que importaba, como después se ha visto”. Fundaciones 17, 13.

[30] “La comunidad de Pastrana abandonó aquella fundación para escapar a las molestias de la Princesa de Éboli. Llegaron a Segovia el 7.4.1574. –La priora: Isabel de Santo Domingo, antes priora de Pastrana y ahora de Segovia”. T. ÁLVAREZ, en Cartas 67, nota 3.

[31] “En Segovia, la fundación está en marcha: han llegado las monjas de Pastrana, huyendo de la princesa de Éboli. -Julián de Ávila, «capellán y escudero de la Madre», ha viajado a sus órdenes: Ávila­Segovia­Pastrana-Segovia­Ávila. Hay que pagarlo. Para eso escribe la Santa”. ID., en Cartas 65, Introducción.

[32] “Pues díjome cómo Ruy Gómez en Pastrana, que es el mismo lugar adonde yo iba, le había dado una buena ermita y sitio para hacer allí asiento de ermitaños, y que él quería hacerla de esta Orden y tomar el hábito. Yo se lo agradecí y alabé mucho a nuestro Señor; porque de las dos licencias que me había enviado nuestro padre General Reverendísimo para dos monasterios, no estaba hecho más del uno”. Fundaciones 17, 11.

[33] “Nacido en Valladolid en 1545, entró en el noviciado de Pastrana en 1572, a sus dos años de sacerdocio, y profesó en 1573”. T. ÁLVAREZ, en Fundaciones 23, nota 2.

[34] Cf., Cartas 359, 2. y 357.

[35] “Allí, en el monasterio de Pastrana, en la iglesia de San Pedro ­que así se llama­ tomó el hábito de nuestra Señora; aunque no con intento de ser monja ni profesar, que nunca a ser monja se inclinó, como el Señor la llevaba por otro camino; parecíale le quitaran por obediencia sus intentos de asperezas y soledad”. Fundaciones 28, 30.

[36] “Son muy seguros los datos de la Santa: Catalina de Cardona (1519-1577) había sido aya de D. Juan de Austria, hijo de Carlos V, y de D. Carlos, hijo de Felipe II. En 1563 se retiró a la soledad de la Roda, y en 1571 tomó el hábito de carmelita en Pastrana, con la capucha de fraile”. Fundaciones 28, 26.

[37] Cf., SIMEÓN DE LA SAGRADA FAMILIA, Beata María Jesús López Rivas, Roma 1976, 6. Cf., V. CRUZ, de la, Vida y Mensaje de María de Jesús, Burgos 1976, 74.

[38] “A Juana de Jesús, que me haga saber cómo está, que tenía muy chica cara el día que me vine.” Cartas 59. Según la nota que encontramos en la edición crítica de la que extraemos los textos, “Juana de Jesús (Guerra), es natural de Trillo (Guadalajara): había tomado el hábito en Ávila en 1570, pero luego pasó a la fundación de Salamanca, donde profesó el 30.4.1573”. T. ÁLVAREZ, en Cartas 59, nota 8. En los libros parroquiales de Trillo, depositados en el archivo diocesano de Sigûenza, no consta, ya que el primer libro de registros bautismales comienza en 1575.

[39] “De la del padre fray Antonio quizá nos hizo Dios merced porque entiendo tenía gran melancolía, que con nuestras comidas viniera a mucho mal. Dios sea con él, que, cierto, más parece falta de salud que de buen alma lo que tiene”. Cartas 130. “Antonio de la Madre de Dios, que de los jerónimos había venido a la Reforma y ahora sufre una crisis, más de salud que de vocación -piensa la Santa-. Regresa ahora a los jerónimos”. T. ÁLVAREZ, en Cartas 130, Nota 1.

[40] “Miguel Ximénez era del lugar de Pareja (Guadalajara), perteneciente al reino de Castilla, pero desde 1462 habitaba en Zaragoza, donde ejerció como maestro de pintores…”. Mª C. LACARRA DUCAY, Bartolomé Bermejo y su incidencia en el panorama artístico aragonés, en AA. VV., La pintura gótica hispanoflamenca…,44.

[41] Las tablas, que se conservan en el Museo del Prado, de la Piedad del retablo de Villadoz, (Zaragoza), La Resurrección de Cristo, del retablo de Ejea de los Caballeros (Zaragoza) y La Trinidad con los ángeles, reflejan el estilo de pintura que pudo contemplar Santa Teresa de Jesús, a la que alude en sus escritos. Cf., A. PÉREZ SÁNCHEZ, Escuela española, en AA. VV., El Museo del Prado, 1996, 30; Mª C. LACARRA DUCAY, o. c., 45-46; ID., Época medieval, en AA. VV., Colección Ibercaja, Zaragoza 2003, 37.

[42] JUAN PABLO II, RH 10.

[43] Cf. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio sobre piedad popular y liturgia (BAC, Madrid 2002, 240 págs.). En citas sucesivas PPL

[44] “…si el Verbo se ha hecho verdaderamente carne y ha habitado entre nosotros (Jn 1, 14), el Verbo se ha hecho por tanto «circunscribible», tangible y, por lo mismo, el Verbo eterno de Dios puede ser representado en una imagen”. Christoph. Schönborn, El icono de Cristo. Una introducción teológica, (Ediciones Encuentro, Madrid 1999, 17).

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3 thoughts on ““Teresa de Jesús, maestra espiritual en tiempos recios”, por Angel Moreno de Buenafuente

  1. Soy Jesús Martínez de Carmelo Ecuménico Interreligioso. Conocí a la Hna. Gema en el IV Congreso de Sta. Teresa. Y pido un favor:

    Recíbí un correo con aquel coro virtual de muchos rostros de muchos carmelos femeninos cantando “Nada te turbe”. Creí haberlo guardado, como todos los coreos de “Para Vos nací”, y ahora no lo encuentro.

    ¿Serían tan amables de enviármelo de nuevo, para presentarlo en una Jornada de Diálogo Interreligioso, dedicada a Sta. Teresa? Será el día 28 de Marzo y les estaríamos muy agradecidos.

    Un abrazo fraterno.

    Jesús

    Date: Wed, 4 Feb 2015 16:46:42 +0000 To: mararrib@hotmail.com

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    1. ¡Hola Jesús!
      Nos alegramos de saber de ti. Aquí tienes el enlace que nos pides:

      Esperamos que la Jornada sea todo un éxito.
      Un fuerte abrazo

      Me gusta

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