‘Fue Teresa quien me eligió a mí’. Teresa de Jesús en Rumanía

El último número de Hipogrifo, revista de cultura y literatura del siglo de Oro, publica una internaste entrevista de Amelia Sandu-Andrieș a Christian Tămaș, traductor de las principales obras de la santa a la lengua rumana.

C. Tămaș nació en Letca ( Sălaj , Rumania ) en 1964. Se licenció en lengua y literatura árabe en 1988 en la Universidad de Bucarest. Posteriormente, en 2006 hizo un máster en educación de adultos en la Universidad AI Cuza de Iaşi y en 2007 se doctoró en filosofía en esta misma universidad con la tesis «Estrategias de comunicación en el Corán» .
Desde el año 2000 es consejero de Humanidades en el International Biographical Center de Cambridge. Entre los reconocimientos públicos más destacados, cabe señalar el Premio de la Unión de los Escritores de Rumanía y el Premio de Literatura «Naji Naaman» del Líbano. Ha recibido también la Medalla de Oro por la excelencia intelectual otorgada por la Casa del Poeta Peruano y la Universidad de Callao, en Lima ( Perú).

Ponemos el comienzo de la entrevista y remitimos a la revista para leerla completa.

20070310avilacastel01Santa Teresa de Jesús en Rumanía.
Entrevista a Christian Tămaș, traductor al rumano de las obras de Santa Teresa

Resumen:Teresa de Jesús vivió en el complicado siglo XVI español: una vida dedicada a la obediencia, la fundación de monasterios carmelitas y la escritura. La presente entrevista (modesto homenaje con motivo de los 500 años del nacimiento de la santa), nos permite un acercamiento a esta insigne personalidad de la literatura religiosa occidental desde la perspectiva del traductor de su obra al rumano.
Catedrático de lengua y literatura árabe, novelista y traductor de italiano, catalán, francés, árabe, español, portugués, gaélico irlandés e inglés, Christian Tămaș publicó, entre 1994 y 1998, cuatro de las obras esenciales de la escritora española, llevadas por primera vez ante el público rumano. Testigo lúcido de aquellos años de apertura y curiosidad intelectual, el traductor evoca aspectos relacionados con la recepción de la escritora en Rumanía, las dificultades del texto teresiano, el papel de la traducción religiosa, el estado actual del acto de lectura, las luces y las sombras de la sociedad rumana de hoy en día

Amelia Sandu-Andrieș. Usted es catedrático de lengua y literatura árabe, especialista por tanto en una cultura que guarda poca relación con la mística occidental. ¿Qué significa para usted traducir del español? ¿Por qué eligió traducir al rumano las obras (casi) completas de Santa Teresa de Jesús?

imagesChristian Tămaș. Efectivamente, soy especialista en lengua y literatura árabe, pero me atrevo a decir que me muevo con igual facilidad en otras siete lenguas y sus correspondientes culturas. Los casi 80 libros que he traducido y publicado en los últimos 25 años (traducciones del español, árabe, gaélico irlandés, francés, inglés, catalán, italiano o portugués) han significado para mí una permanente búsqueda de comunicación con el «Otro», de comprensión, con el objeto de transponer de forma correcta su espacio y tiempo, su universo interior y exterior.

A Santa Teresa, no creo haberla elegido yo, más bien fue ella quien me eligió a mí. Es lo que a menudo acontece, nos demos cuenta o no, lo reconozcamos o no, con los asuntos que conciernen de un modo directo a Dios. Independientemente de lo dicho, consideraba que la sociedad rumana de los años noventa del siglo pasado, cuando se publicaron por vez primera mis traducciones de las obras de Santa Teresa (Cartea vieții, 1994; Castelul interior și Drumul perfecțiunii,1995; Întemeierile,1998), necesitaba grandemente este tipo de literatura. El cambio radical producido tras los acontecimientos de diciembre de 1989 había despertado, en lo espiritual, un gran ansia por todo aquello que había estado prohibido y/o desconocido hasta entonces. La sociedad rumana de esa época me evoca a Gargantúa, el célebre personaje de Rabelais quien, nada más nacer, clamaba con su no menos célebre «À boire!», su sed; en nuestro caso, sed de saber, de conocer. En la Rumanía de aquel entonces, pese a ciertos malentendidos generadores de convulsiones, la libertad se dejaba palpar, incluso en las cuestiones religiosas. La Iglesia romanocatólica y las Iglesias protestantes iban reorganizándose. La Iglesia greco-católica de Transilvania, prohibida por los comunistas en 1948, estaba renaciendo mientras que la Iglesia ortodoxa, echándose cenizas en la cabeza, construía nuevos templos para así redimir los que habían sido derribados con su venia, reflejo de la pusilanimidad o las debilidades humanas. En un período como ése, los escritos de santa Teresa, al igual que de otros santos occidentales y orientales, aspiraban a reponer al Creador en el lugar que le habían quitado. Emprendí la traducción de las obras de santa Teresa como responsabilidad de hacer consciente al ser humano de su calidad de hijo de Dios, según mis pocas fuerzas.

Descarga la entrevista o léela completa en la página de Hipogrifo

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