Clara Janés, nueva académica de la RAE. Su conexión con Teresa de Jesús

Foto_de_Clara_Janes_1_1_copiaHace ahora dos años, recogíamos en este blog la noticia de la elección de la catedrática de literatura y especialista en el siglo de Oro, Aurora Egido como miembro de la Real Academia. Hoy, el pleno de esta institución ha elegido a otra mujer, la poeta y traductora Clara Janés para ocupar la silla «U», vacante desde el fallecimiento de Eduardo García de Enterría  el 16 de septiembre de 2013. Es la décima mujer elegida miembro de la RAE. La primera fue Carmen Conde, quien ingresó en 1979. La siguieron Elena Quiroga, Ana María Matute, Carmen Iglesias, Margarita Salas, Soledad Puértolas, Inés Fernández-Ordóñez, Carme Riera y Aurora Egido.

La candidatura de Clara Janés fue presentada por los académicos Luis María Ansón, Margarita Salas y Soledad Puértolas. También era candidato el catedrático de filología inglesa Fernando Galván.

Clara Janés (Barcelona, 1940) ha escrito poesía, novela, biografía y ensayo. Es, además, traductora de varias lenguas, sobre todo de la checa y de la obra poética de Vladimir Holan y Jaroslav Seifert. Ha traducido también al español a Marguerite Duras, Nathalie Sarraute, Katherine Mansfield y William Golding. Entre los galardones que ha recibido destacan el Premio Nacional de Traducción en 1997 por el conjunto de su obra, el Premio Ciudad de Barcelona de Ensayo en 1972 con La vida callada de Federico Monpou, y queda finalista, ese mismo año, del Premio Café Gijón. Ganó el Premio Ciudad de Barcelona de Poesía en 1983 con Vivir. En 2007 recibió el Premio Nacional de las Letras Teresa de Avila, convirtiéndose así en la primera mujer en obtener este reconocimiento, y hasta el momento, la única.

Conoce a fondo el mundo sufí y sabe de mística española (San Juan de la Cruz, Santa Teresa). Confesaba Clara Janés en una reciente entrevista a EFE que su “primera emoción” en el sentido poético la vivió a los seis años con un poema de Santa Teresa, cuando estaba siendo preparada para recibir la Primera Comunión.

9788416280513_L38_04_lEn el año 2011 participó en el segundo Congreso Internacional Teresiano de Ávila dedicado a Camino de Perfección con una ponencia titulada «Dad luz a estas tinieblas». La sombra y otros símbolos místicos partiendo del Camino de perfección de Santa Teresa de Jesús.

Este año ha preparado y prologado una antología teresiana en Alianza Editorial titulada Santa Teresa de Jesús. Poesía y pensamiento.

Guardar la casa y cerrar la boca (Siruela), su último libro, salva del olvido la voz silenciada de tantas mujeres a lo largo de la historia. Mujeres que han tomado la palabra y la han convertido en un arma poderosísima, peligrosa, liberadora. Janés plasma en esta obra su investigación sobre la obra literaria de las mujeres a lo largo de la historia, desde las primeras poetisas sumerias hasta las mujeres afganas en idioma pastún, que, aun siendo analfabetas, “son depositarias de una extraordinaria lírica tradicional”.

El título del libro se inspira en unas palabras de fray Luis de León: “Porque así como la naturaleza […] hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca”. En el ensayo, se van desgranando los ejemplos de mujeres acalladas y en muchos casos desconocidas.

Janés sostiene que las monjas, como Teresa de Jesús o Sor Juana Inés de la Cruz, podían hallar su libertad en el encierro, algo de lo que, paradójicamente, no podían disfrutar las reinas de antaño, condenadas a estar siempre en compañía y a vivir una “esclavitud cortesana”.

El programa de Radio Clásica-RNE “La hora azul” le dedicó su emisión del 23 de febrero de este año. En el diálogo, se abordaron los temas de su selección de poesía y pensamiento de Teresa de Jesús, y de la biografía sobre Federico Mompou. El programa llevaba por título El ritmo de los pasos de Clara Janés

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Santa Teresa, entre pasión y razón

Clara Janés

El País, 28 marzo 2015

Corrían tiempos en que aún había eruditos y médicos que se preguntaban si la mujer era “un ser humano”, cuando Teresa de Ávila, con tanta pasión como claridad intelectual emprendió la reforma del Carmelo. La niña que a los siete años intentó partir a tierras de moros con su hermano Rodrigo para sufrir martirio, demostró el mismo ímpetu cuando tras ingresar en la orden, de tanta oración y penitencia, cayó enferma, entró en coma profundo y estuvo amortajada y en sepultura abierta tres días enteros, y luego tres años sin poder andar. Pero una vez recuperada, sin desterrar el entusiasmo, desarrolló su contrapeso: la visión objetiva.

9788420697512Estos dos aspectos, pasión y razón, unidos a una honradez orientada hacia la verdad, son los puntales en que se apoyaron su personalidad, sus actos y sus escritos. Así, dentro del Carmelo, fue despojando situaciones e ideas de falsos ropajes para que algunas cosas quedaran en su sitio; desenmascaró costumbres engañosas y se atrevió a escribir y comentar textos que podían poner en peligro su persona (la Inquisición estaba al acecho). Todo ello hace que sus obras estén vivas y nos transmitan a la vez su fuerte carácter y el pulso de la época.

Dejando a un lado los poemas, en general de raigambre popular y que sabemos eran improvisados, cantados e incluso bailados, en el resto de su producción literaria podemos diferenciar, por un lado, los libros que contienen relato autobiográfico, como la Vida, los que van claramente dirigidos a la comunidad de religiosas, y aquellos en los que cuenta su experiencia interior. Estos dos últimos grupos nos descubren tanto el entusiasmo como la inteligencia de la santa y sus grandes dotes psicológicas que propiciaron el consejo y la enseñanza y le permitieron descubrir los abismos místicos. Entre otros libros, podemos destacar por un lado Camino de perfección, y, por otro, las Meditaciones sobre los Cantares y las Moradas del castillo interior. <TB>

El primero, escrito a modo de tratado, se centra en distintas cuestiones, desde la verdadera humildad, la pobreza y el desasimiento, hasta la falsa seguridad que supone la clausura. Así dice a sus religiosas: “¡Oh hijas mías!, no os aseguréis ni os echéis a dormir, que será como el que queda muy sosegado de haver cerrado muy bien sus puertas por miedo de ladrones y se los deja en casa”. También advierte contra la vanidad y la autosuficiencia, aconsejando huir de “razón tuve”, “hiciéronme sinrazón”, “no tuvo razón la hermana”. ¡De malas razones nos libre Dios! […]La que no quisiere llevar cruz, sino la que le dieren muy puesta en razón, no sé yo para qué está en el monesterio”.

Éxtasis, poeta, mística, religiosa, Dios, feminista, pasión, reformadora, meditación, visionaria, delirio, sabiduría… son algunas de las palabras que suelen acompañar al nombre de Santa Teresa de Jesús. La monja y escritora de la cual hoy se cumplen 500 años de su nacimiento: Ávila, 28 de marzo de 1515 y Alba de Tormes, 4 de octubre de 1582. Nacida como Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, perseguida por la Inquisición, fundadora de la orden de las Carmelitas descalzas, fue beatificada en 1614. La Fundación V Centenario de Santa Teresa de Jesús ha organizado congresos, exposiciones y publicaciones, actividades que reivindican su feminismo o su portentoso talento literario. También se proclama su religiosidad, como los actos de hoy en la Iglesia-convento de la Santa y la catedral de Ávila.

Igualmente imperioso es su elogio de la vida práctica a través del ejemplo de las figuras evangélicas Marta y María, pues “Si entrambas se estuvieran, como la Magdalena, embevidas, no huviera quien diera de comer al huésped celestial”. Por otra parte, el invitar a la oración, tanto vocal como mental o de quietud, no le hace perder de vista la realidad, aconsejando amor y temor: “yo os asiguro: el amor os hará apresurar los pasos; el temor os hará ir mirando adónde ponéis los pies para no caer”.

Pero Teresa de Ávila sabía que junto a las cosas terrenales se daba la elevación mística, es decir, conocía la posibilidad de vivir a distintos niveles, aunque algunos, al principio, le parecían incomprensibles y, para penetrarlos, empleó todas sus armas intelectuales. Por este motivo resulta conmovedora la obra que llamó sencillamente mis “Meditaciones”, que fue pronto conocida como Meditaciones sobre los Cantares. La empezó cinco años después de que Fray Luis tradujera del hebreo el libro bíblico atribuido a Salomón, saltándose la norma eclesiástica imperante de respetar la Vulgata, lo que comportó su encarcelamiento. También para Teresa esas “Meditaciones” resultaron peligrosas. Los inquisidores no admitían una interpretación femenina de las Escrituras, ni una lectura de ellas en romance. Con todo, aunque el confesor de la santa recibió la orden de quemarlas, se salvaron, había copias en distintos conventos. En ellas, Teresa nos transmite el asombro y desconcierto ante palabras bíblicas que, de hecho, eran un epitalamio que ya los mismos judíos del siglo I, escandalizados, obligaron a leer “a lo divino”. Escribe citando: “Béseme con beso de su boca’. ¡Oh Señor mío y Dios mío, y qué palabra ésta, para que la diga un gusano a su Criador! […] Es cosa que espanta”.

Si la Inquisición mandó quemar las “Meditaciones” también requisó laVida. Debido a ello, escribe la fundadora sus Moradas del castillo interior, libro autocensurado luego, donde representa el trayecto del alma a través de siete espacios, en el último de los cuales halla su objetivo: Dios. Asín Palacios y Luce López-Baralt estudiaron sus posibles bases islámicas y judías, pero lo cierto es que el recorrido de siete etapas hasta alcanzar una forma de unión con la deidad se encuentra ya en tradiciones más antiguas, enmarcadas todas en el concepto del inconsciente colectivo y los arquetipos defendidos por Jung, al hablar de los cuales cita “los peligros del inconsciente” que identifica con “the perils of the soul” (los peligros del alma).

El alma, en efecto, está en peligro, incluso respecto a sí misma. Y esto lo sabía muy bien la santa. Por ello, la transformó en caballero lanza en ristre, para que alcanzara el “centro del diamante”. Logrado esto, la unión es tan fuerte que al alma: “no le falta tantito para acabar de salir del cuerpo: a la verdad, no sería poca dicha la suya”.

Este es el punto clave que diferencia el verdadero éxtasis, y esta la sabiduría sin enseñanza de Teresa de Jesús: “De estas mercedes tan grandes queda el alma tan deseosa de gozar del todo al que se las hace, que vive con harto tormento, aunque sabroso; unas ansias grandísimas de morirse, y ansí, con lágrimas muy ordinarias, pide a Dios la saque de este destierro”. En este punto regresa a ella el yo pasional y no teme declararlo. Su enunciado es válido para todos y fue siglos después hermosamente definido por Ciorán: consiste en el “deseo abrasador de no sobrevivir a la emoción”.

 

 

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