El ‘extremismo’ de Teresa de Jesús


extremos“No existe Dios”. Esta frase la podemos leer en la Biblia, concretamente, en el Salmo 53, 1, pero está claro que no responde al punto de vista del autor bíblico. De hecho, el versículo continúa citando al responsable de esa negación: “Dice el necio en su corazón”. Sin embargo, alguien podría hacerla circular, incluso con su referencia al texto bíblico, con la excusa de que aparece escrita en él.

Comienzo con este ejemplo tan claro para introducir algo que en los estudios lingüísticos es comúnmente aceptado: a veces, el enunciador (la voz que escuchamos o leemos en un texto) cede la palabra a otros locutores, a través de citas directas o indirectas, a través de alusiones al discurso de otros. Es lo que se conoce como polifonía discursiva.

A lo largo de este tiempo del V Centenario, asistimos a una masiva puesta en circulación de citas de santa Teresa de Jesús, frecuentísimas en las redes sociales. Unas son auténticas, otras son falsas atribuciones. Hemos dedicado dos publicaciones al tema de las pseudocitas en este blog.

Estos días, sin ir más lejos, en la red social Twitter, se compartía una de esas supuestas citas teresianas. No era la primera vez que la veía resaltada así, naturalmente, pero la vi citada una y otra vez, contagiados unos usuarios de otros, y ello me ha animado a escribir estas líneas aclaratorias. Esta es la frase en cuestión:

“No son buenos los extremos, aunque sea en virtud”

Aparentemente, su contenido se podría corresponder con el estilo teresiano de humanismo, libertad, tolerancia, apertura mental, antidogmatismo…Y quizá por eso no nos choque cuando la leemos atribuida a ella. Sobre todo, porque, de hecho, la frase aparece escrita en un libro suyo, su obra cumbre: las Moradas.

Este es el contexto en el que aparece la frase en cuestión, tomada de las primeras Moradas, capítulo segundo:

10….metidos siempre en la miseria de nuestra tierra, nunca la corriente saldrá de cieno de temores, de pusilanimidad y cobardía: de mirar si me miran, no me miran; si, yendo por este camino, me sucederá mal; si osaré comenzar aquella obra, si será soberbia; si es bien que una persona tan miserable trate de cosa tan alta como la oración; si me tendrán por mejor si no voy por el camino de todos; que no son buenos los extremos, aunque sea en virtud; que, como soy tan pecadora, será caer de más alto; quizá no iré adelante y haré daño a los buenos; que una como yo no ha menester particularidades. 

11.¡Oh válgame Dios, hijas, qué de almas debe el demonio de haber hecho perder mucho por aquí! Que todo esto les parece humildad, y otras muchas cosas que pudiera decir, y viene de no acabar de entendernos; tuerce el propio conocimiento y, si nunca salimos de nosotros mismos, no me espanto, que esto y más se puede temer. Por eso digo, hijas, que pongamos los ojos en Cristo, nuestro bien (1M 2, 10-11).

Como se puede observar, en el párrafo 10 hay toda una cascada de expresiones que Teresa escucha y que ella considera excusas para no avanzar en el camino espiritual, para no adentrarse en el castillo interior y alcanzar la cumbre del amor, en la última estancia, donde mora Dios. Teresa ridiculiza esos miedos que, aunque aparecen bajo capa de humildad, nada tienen que ver con esta. Por eso, Teresa se referirá con frecuencia a la “verdadera humildad” (C 4,4), frente a la falsa, fuente de autoengaño. En efecto, esa supuesta humildad lleva a la persona a creer que no está hecha para grandes conquistas, que se debe contentar con hacer lo que hace la mayoría, porque, si se cae desde más arriba, el golpe y el escándalo es mayor.

En medio de esas frases, escudos protectores y paralizantes, aparece la que nos ocupa: “…que no son buenos los extremos, aunque sea en virtud”. Teresa de Jesús no es quien pronuncia esta frase, ni está de acuerdo con ella. Se trata de una cita irónica. La Madre introduce unas palabras que manifiestan un punto de vista distinto del suyo, del que se disocia y se burla implícitamente. Por eso sostengo que la cita está incorrectamente atribuida a ella, aunque aparezca en una obra suya.

Entonces –cabría pensar– ¿es que Teresa de Jesús está a favor del “extremismo”?  No se trata de eso, ni mucho menos. Bien lo atestiguan su vida y su obra. En muchas ocasiones le tocó lidiar contra el rigorismo y defender con fuerza la virtud frente a las penitencias fanáticas que comenzaron a proliferar en la naciente descalcez, sobre todo entre los varones.

Pero Teresa es una mujer de grandes deseos («en esto de deseos siempre los tuve grandes» V 13, 6), y esa frase, en cambio, la invoca quien, en lugar de volar como águila, se contenta con andar como “pollo trabado” (V 39, 12).

Supongo que la cita seguirá divulgándose así, atribuida a ella. Pero he querido poner mi granito de arena para contribuir a un mejor entendimiento de la enseñanza de esta extraordinaria maestra de vida espiritual, primera doctora de la Iglesia.

Maria José Pérez, ocd

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2 thoughts on “El ‘extremismo’ de Teresa de Jesús

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