Un volcán convertido en columna. Teresa vista por Carmen Conde

CCONDE Pedro Paricio Aucejo

La segunda mitad de la década de los años 70 del siglo pasado no solo supuso el inicio de la normalización democrática en la política de nuestro país sino que, en razón de los profundos y múltiples cambios introducidos en todas las dimensiones de la sociedad española, significó también el acercamiento al orden cultural del resto de los países europeos occidentales. Así, en este último ámbito, la Real Academia Española –por primera vez desde su creación– eligió a una mujer para ocupar un sillón como académica de número en tan alta institución. Este honor recayó, en 1978, en la persona de Carmen Conde Abellán (1907-1996). Sin embargo, la novedad y trascendencia de ese acontecimiento histórico ha postergado a un segundo plano la fecunda actividad literaria y cultural de su existencia.

Fue maestra, poetisa, narradora, fundadora y directora de revistas, asesora literaria, conferenciante, colaboradora de radio, televisión y prensa escrita, así como de la sección bibliográfica del C.S.I.C. y de la sección de publicaciones de la Universidad Central de Madrid y fundadora (en 1931, junto con Antonio Oliver, su marido) de la primera Universidad Popular de Cartagena, su ciudad natal. Entre otros seudónimos literarios utilizó los de Magdalena Noguera y Florentina del Mar. Aunque, por su producción lírica es considerada la mejor representante femenina de su generación, cultivó también otros géneros (relatos, teatro, periodismo de autor, memorias y literatura infantil), llegando a alcanzar su obra el centenar largo de libros. Recibió importantes premios españoles y extranjeros, entre los que cabe destacar los Premios Nacionales de Poesía y Literatura Infantil y Juvenil. Igualmente le fueron concedidos los títulos de Hija Predilecta de los municipios de La Unión y Cartagena, así como de la región de Murcia. Legó al Ayuntamiento de Cartagena la totalidad de su obra literaria y la de su marido, inaugurándose en 1995, en dicha ciudad, el Museo que lleva sus nombres.

Desde la edad de 14 años sintió una fuerte atracción por la vida y la obra de la santa de Ávila, a la que dedicó algunas composiciones, como su libro Al encuentro de Santa Teresa (1979), su conferencia ´La más humilde aproximación a Santa Teresa de Jesús´ (1982), con ocasión del Congreso Internacional Teresiano de Salamanca, y una obra de teatro –inédita– sobre nuestra Doctora de la Iglesia. En lo que sigue me referiré a su visión de la mística abulense expuesta en el texto ´La escritura de santa Teresa y su amor a los libros´¹, donde reflexiona acerca del sentido y alcance de su vocación intelectual.

 El centro de su argumentación parte de la idea de que, de lo acumulado en la cotidiana estancia de veintisiete años de clausura en el monasterio de la Encarnación, “brota la ancha e irreprimible bocanada del volcán fundacional teresiano”. A partir de ese momento, al resultarle obligado a la monja castellana contar sus vivencias, es necesario que, junto al ajetreo de sus obligaciones conventuales, se detenga a redactar –allá donde se encuentre– en cualquiera de sus nuevos centros irradiantes de espiritualidad. Ella sabía que “escribir no es, para los verdaderamente autorizados por Dios para hacerlo, una prebenda. Es una orden, una misión, un ejercer de puente entre Él y sus criaturas; entre estas y el mundo.” Esta elección divina permitió que toda la dificultad del misterio teológico se manifestara –de la forma más clara en la lengua castellana– por boca de Santa Teresa. Y lo hizo de modo tal que la intrínseca abstracción de tan sublime materia fuese accesible a los que debían enterarse de ella, no excluyendo así jamás el uso de todo lo concreto y humilde que rodeaba el día a día de la santa.

Por ello mismo insistía en la buena lectura como fuente de meditación que llevara después a una constante oración, garantía de la unión con Dios. En gráfica visión, el lirismo de Carmen Conde considera que “orar es irradiar calor y sonido fuera del coeficiente de los humanos sentidos… Por inaudible, no deja de ser cierta la propagación”. Al orar, se emiten “ondas de prieta frecuencia que alcanzarán a las almas sintonizadas, sumándolas, para una música que el oído de Dios espera y necesita… El amontonamiento de la voluntad orante es una catapulta invisible e inaudible que no por eso deja de poseer una fuerza ascensiva y perforante”. Estas ondas irán “vibrando, de mundo en mundo, para abrirse en fabulosa corola… hechora de vida”. Y, haciendo sabedora a la descalza de Ávila de la trascendencia de estas virtualidades del orar, la académica murciana concluye lo más granado de su exposición aseverando –en elocuente metáfora–  que “una columna maciza de oración se eleva buscando su sitio adecuado en el cosmos y que muchas columnas formarán el soporte necesario para la bóveda del castillo que se ofrece como seguro alojamiento al alma”.

¹Cf. Boletín del Museo e Instituto “Camón Aznar” (X-1982), Zaragoza, pp. 5-14.

 

 

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2 thoughts on “Un volcán convertido en columna. Teresa vista por Carmen Conde

  1. Es muy interesante está información sobre la obra de Carmen Conde , sobre todo el libro ” Al encuentro con Sta Teresa ”
    No es muy conocida está faceta de Carmen Conde , como mujer religiosa y como gran admiradora de Sta Teresa y para una mujer fundadora de la Universidad popular de Cartagena y representante de la República y con ideas muy feministas y liberales , me parece fabuloso y que la engrandece como persona y como gran escritora !!!

    Le gusta a 1 persona

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