Gracias, Sevilla. Desde el corazón de Santa Teresa

El pasado miércoles, a las 20´30 horas, Sevilla vivió un momento excepcional con la salida procesional del paso de La Conversión de Santa Teresa ante el Eccehomo. Al día siguiente, al finalizar la procesión del Corpus, regresó al templo del Santo Ángel. Fue la procesión oficial del V Centenario de la Santa en la ciudad que la hospedó durante un año entre 1575 y 1576. Sevilla se volcó. Ahora, la comunidad de carmelitas descalzos agradece esta acogida y participación por parte de los sevillanos como un detalle de cariño hacia la Santa.

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Los Carmelitas Descalzos del Santo Ángel

Es el sentimiento que brota desde el corazón. Lo buscaban por entre las naves: “¿Dónde estás?”. No cesan los fieles que cada día, cada hora, se acercaban para contemplar el misterio de una mirada. Todo se concentra en un cruce: Cristo mira a Santa Teresa. No hay más, lo demás es todo secundario. Es lo que los fieles de esta casa del Santo Ángel, que es de toda Sevilla, han vivido estos días ante el misterio de la Conversión de Santa Teresa.

Ante esa mirada de Cristo, ¿quién es tan duro de no convertirse?”, nos decía una emocionada y sencilla mujer. Un día de la cuaresma de 1554, Teresa de Cepeda y Ahumada entraba en su celda del Monasterio abulense de La Encarnación, y se encontró con “una Imagen de Cristo muy llagado”, y cambió su corazón, a partir de ese momento ya su nombre se escribiría en mayúsculas: SANTA TERESA DE JESÚS. Ya sería sola para Él, sin titubeos, sin medias palabras.

Es lo que esta comunidad de Carmelitas Descalzos del Santo Ángel, que pasa su vida de cada día y de sus más de 425 años de historia en la ciudad, perdonando los pecados en nombre de Aquel que mira con misericordia, ha querido resaltar de la vida de una de las santas más grandes de la Iglesia: Si te dejas atrapar por la mirada del Nazareno, tu vida será de otra manera. Por eso el ángel llevaba en su mano el lema de esta historia: “No os pido más que le miréis”.

No miremos otras cosas, no nos quedemos en los envoltorios, que siempre serán imperfectos. Quien se ha quedado en el exterior, se ha perdido el centro, no ha mirado a Cristo. Todo estaba preparado para encontrarse con su mirada. Lástima perderse esta oportunidad. Resuenan las palabras del Maestro: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”.


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