‘Mirad que convida el Señor a todos’. Teresa de Jesús, la buena noticia

2560x1600_ryiba-eda-bulochki-hlebMaria Isabel Serrano González¹

I

La conocemos como mística, como maestra de oración, posiblemente insuperable. Una mujer que amaba profundamente las letras y más profundamente a Dios. Me pregunto si su vida y su obra puede decirnos algo a las mujeres y varones del siglo XXI. ¿Es una voz que puede ser escuchada también por los no creyentes más allá de su obra literaria? ¿Cuántas lecturas se pueden hacer de esta polifacética mujer? Creo que hay más aspectos de ella que se conocen menos, o nos llegan menos y, que merecen ser resaltados. Su forma de ver la vida y posicionarse ante ella, su forma de abordar las dificultades, su inmensa creatividad ante los retos que le planteaba la vida. Cambió profundos valores en la sociedad de su tiempo. Hoy arde la vida.  Ella puede ser un libro vivo para nosotros sí sabemos escucharla.

Santa Teresa de Jesús adquiere gran conocimiento de sí misma en la oración. Pone en valor la necesidad de conocerse a sí mismo. En la oración, se hace consciente de sus límites y su precariedad de mujer y, al mismo tiempo, conoce la inmensa providencia de Dios. Entra en su propia verdad y la verdad de Dios. Con esta fuerza, introduce a sus monjas en una nueva antropología femenina, de audacia, de libertad, de valoración de sí mismas, y a una inducción a la experiencia personal de relación con Dios. Transforma la vida religiosa de su tiempo. Ella aprende rápido; sabe quién es y conoce el contexto en que vive. Pero, sobre todo, sabe de dónde le viene la fuerza; transforma una parte de la sociedad en la que vive.  Quiere monjas que sean mujeres abiertas, activas, y protagonistas de su vida: “andar despiertas por la vida” era su recomendación. Ante dificultades y miedos de sus monjas a saborear por sí mismas las Sagradas Escrituras, decía. “No os espantéis… pensemos muchas más cosas… Que tampoco nos hemos de quedar las mujeres tan fuera de gozar las riquezas del Señor (Meditaciones del Cantar de los Cantares, 1,7-8). Todo un desafío en su tiempo, donde la mujer tenía prohibido enseñar la palabra de Dios y dependía totalmente del varón. No quería otros ojos para sus monjas que no fueran los de su amado Jesús.

Fundaba conventos y, con increíble audacia, los llamaba y quería que fuesen pequeños colegios de Cristo. Colegios donde se enseña y se aprende a hablar de la experiencia de Dios. Donde se aprendía a estar con Dios… y con los otros. A reconocer a Dios y al hermano. Con ella, emerge la mujer como sujeto eclesial, también como sujeto social (porque la sociedad de entonces era totalmente religiosa). Gracias a que ella dio voz, espacio y autoridad a esas mujeres, hubo otras monjas, compañeras suyas, con muy buena voz también. El carisma que imprimió en sus conventos: ¡comunicarse la experiencia de Dios entre ellas!, ¡Aprender unas de otras! algo insólito en su tiempo; novedoso, incluso como método pedagógico. Esto es profundamente trasformador y formativo: introdujo una forma de rezar y vivir comunitariamente, un método de formarse. Teresa de Jesús valoraba mucho la vivencia, la experiencia: “No contaré nunca nada que no haya experimentado”. Lo repetía continuamente.  La propia subjetividad como campo de conocimiento y relación con Dios. Sus escritos no pertenecen, no son únicamente una corriente literaria. La subjetividad es intensamente femenina, hablaba la mujer. Yo echo de menos espacios y tiempos donde hoy los laicos podamos hablar de la experiencia de Dios libremente. Sin que sean cursos, sin que sea catecismo.

El encuentro con la sabiduría de Dios le da una nueva visión del mundo. Su tarea se convirtió en un proceso de humanización de la vida. Cortó con las estructuras de desigualdad que había en las órdenes religiosas (se permitía a las religiosas entrar en el convento con sus criadas para que las sirvieran y mantener los privilegios sociales). Quería que todas fueran iguales. Nada de linajes e hidalguías… Juntas, las que se educaron en la nobleza y las que venían de la pobreza. Puso sobre el contexto de entonces la necesaria igualdad e hizo visible la diversidad de los seres humanos. Una llamada para nuestro tiempo: “Mirad que el Señor convida a todos”.

II

¿En qué pasaje del evangelio se inspiraría la santa para fundar sus conventos?  Por extraño que parezca, sus fundaciones me recuerdan y evocan “la multiplicación de los panes y los peces”. El gran milagro de este pasaje evangélico es que los que seguían a Jesús aquel día “compartieron” lo que tenían: cinco panes. El muchacho aceptó “desprenderse” de su sustento para dárselo a los otros, y los allí reunidos, presididos por Jesús, vivieron una realidad diferente que les alimentaba como personas, que es la “fraternidad”. En los conventos de Teresa, en ese aprender unas de otras, en ese compartir, Teresa de Jesús introduce como dinámica que trasforma la vida, la fraternidad.  La santa decía que para orar hay que saber quiénes somos y ante quién estamos. Para Jesús, en este evangelio, ser mujer o varón es DAR. Nos hacemos personas siendo don para los otros. Jesús confía que el ser humano es capaz de sostener la vida de todos. Teresa de Jesús introduce una dinámica de confianza de aquellas mujeres, en sí mismas y en las demás No solo se comparte el pan en este pasaje, sino también la necesidad. Esto quiere Teresa de Jesús para sus monjas; compartir todo: que es crear vida entre ellas. Abrir su experiencia y sus vidas a sus hermanas, es decir, que fueran don unas para las otras.  La única forma de ser personas según Jesús. Esto es hoy un desafío también para nosotros que no somos religiosos. En el acto de compartir se va a fraguar la libertad y autonomía. En el don de sí mismo, el ser humano se encuentra con Dios y con los hermanos. Eso dice nuestra fe. Quiso mujeres en relación: permitid el diálogo (Cf. CP 7, 8). El diálogo que abre a la libertad y profundiza y fecunda las relacione humanas. Diálogo tan escaso hoy en nuestros días en tantas instituciones. “Cuidad que haya buenos libros”: sin educación, sin formación, lo tenemos difícil. Recuerdo la crisis actual de la educación, y a los que no pueden comprar libros.

En los conventos, compartían también las necesidades y, tenían que comer: Que “No somos ángeles, tenemos cuerpo”, no se asustaba del cuerpo y sus necesidades, y por tanto, sus monjas vivían también de su trabajo: CP 9,24. No se le pasó por alto la importancia de ganarse la vida, y la dignidad del propio trabajo y el precio ajustado “Si no os interesa el trabajo que os piden, no lo toméis”.   Esta actitud ante el trabajo, penetra como un espada ardiendo en la realidad actual tan deteriorada del trabajo y el paro creciente. Me pregunto: ¿en qué medida somos corresponsables de esta situación los que la alabamos hoy?  Ella estaba al tanto de las graves desigualdades y la precariedad de la vida; quería que sus monjas tuvieran esta sensibilidad: “Acordaos qué de pobres habrá que no tengan a quien de quejar”. También conocía el maltrato de las mujereas, se refería a ello así:  ”…Mujeres sujetas  a un hombre que muchas veces  les acaba la vida”. Siempre fiel, sabe comprometerse, no se calló ante los ricos y financieros de entonces. “Decid a un regalado rico, que es voluntad de Dios  que tenga cuenta  como moderar su plato, para que coman otros siquiera pan, que mueren de hambre; sacará mil razones  para no entender  esto, sino a su propósito. Es la voluntad de Dios querer tanto para su prójimo como para sí” CP 5,7. Esto decía la doctora mística. Pues amén, digo yo. Ella sabía que el ser humano es invitado desde su nacimiento a participar en la comida de la humanidad. De esto va la multiplicación de los panes y los peces; y, de la presencia continua de la providencia de Dios en la vida. De esto va también la vida de la Santa y su obra.  Para aquellas mujeres, toda esta dinámica les trasformó la vida; se sintieron convidadas por Dios como aquellos seguidores de Jesús en la multiplicación de los panes; y se lanzaron a invitar a otros. Estas mujeres trasformaron su mundo. A nosotros, nos invita a saber qué lugar ocupamos en el mundo y qué consecuencias tiene.

Quien crea que Teresa de Jesús es de otro mundo, se equivoca; y que andaba por las nubes, se equivoca mucho más; y que su espiritualidad era intimista y evasiva; creo yo, que también se equivoca. Ella, la Santa andariega recorrió muchos caminos, comió y maldurmió en muchas posadas; pasó hambre y enfermó en muchos pueblos; se relacionó con mucha gente. Teresa de Jesús es el encuentro con Dios, la oración, la soledad, la interioridad; pero también los caminos y la gente. Por eso, ha dejado profundas huellas. Ella es el cuerpo habitado. Dejó el perfume de su Amado en todos los caminos que recorrió. Ella es una mística de ojos abiertos. No en vano, se pasó muchas horas a los pies del Maestro.  Escuchaba a Dios en el silencio de su alma, pero como hemos visto; también, escuchaba la vida que gritaba.  Por todo lo dicho, Teresa de Jesús, su obra, su vida nos puede iluminar e interpelar. Es una esperanza hoy; camino de luz, porque puso el foco en los senderos de la vida; porque no huyó del mundo; sino, porque estuvo en él, transformándolo; y, en él vive la experiencia de Dios más apasionante contada por mujer. El legado de Teresa es legado de amor a Dios, a la vida y a los seres humanos. “No podéis amar a Dios si no amáis a vuestros hermanos”. Ella es un gran convite; también, para los no creyentes: ”Mirad que el Señor convida a todos”.

Felicidades a toda la Familia Carmelitana.

Publicado en El Adelantado de Segovia, 21 y 22 octubre 2014.

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¹Doctora en Medicina. Directora de la revista “A Tu Salud”.

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2 thoughts on “‘Mirad que convida el Señor a todos’. Teresa de Jesús, la buena noticia

  1. ¡Excelente reflexión sobre Teresa de Jesús! Pienso que ha incidido de lleno en la esencia de esta gran mujer que por haberse fiado de Dios y recreado por Él, puede iluminar nuestro itinerario personal.
    Gracias a la autora y a la “editora” de este magnífico blog.

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