Santa Teresa y el Camino de Santiago

santiagoArtículo publicado en la Revista Peregrino nº 158. Abril, 2015.
Javier Leralta, periodista y autor del libro
Teresa de Jesús. Una mujer revolucionaria (Sílex ediciones)

Este año se celebra el V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús y la revista Peregrino quiere sumarse al calendario de actos organizados por medio mundo para recordar la figura de uno de los personajes más importantes de nuestra historia. Teresa nació en Ávila el 28 de marzo de 1515 y murió en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582. Fue enterrada al día siguiente en la capilla del convento de Alba cuando el calendario juliano dio paso al gregoriano borrando once días del mes con el fin de regularizar el desfase solar histórico. De tal manera que el día 5 pasó a ser el 15 de octubre, posteriormente festividad de santa Teresa.

¿Qué sabemos de Teresa de Jesús?

Pero, ¿qué sabemos de ella? Afortunadamente muchas cosas a través de sus libros, cartas y biografías. Teresa de Jesús ha sido uno de los personajes más estudiados gracias a sus manuscritos, muchos de ellos conservados, y a su transparencia expresiva. Una mujer de muchas caras, cubista, muy rica en matices: fue monja, fundadora, escritora, poeta, feminista, santa, consejera. Sus enfermedades y éxtasis siguen generando investigaciones y ensayos. Nació en el seno de una familia acomodada, de origen judío por parte de padre. Fue la quinta de doce hermanos y la tercera si contamos a los hijos del segundo matrimonio del padre con Beatriz de Ahumada. Autora de una prosa castellana única y maravillosa que aún hoy es objeto de elogio en universidades por su espontaneidad y llaneza.

Sus diálogos con Dios la convirtieron en un personaje célebre en vida hasta el punto de levantar envidias y cartearse con el rey. Fue llamada santa antes de morir, se le atribuyó algún milagro y fue respetada como mujer, algo impensable en la España de Felipe II y del Santo Oficio. Muchos fueron sus amigos aunque ella siempre presumió de haber compartido palabras con Francisco de Borja, Pedro de Alcántara y Juan de Ávila, sin olvidar a uno de sus colaboradores más cercanos y queridos del cual aprendió mucho, fray Juan de la Cruz. Los últimos veinte años de su vida los dedicó a fundar conventos de carmelitas descalzas por Castilla, La Mancha y Andalucía lo que la convirtió en una monja andariega, peregrina de la oración y la obediencia.

Tuvo problemas con la Inquisición, con el poder civil de Ávila, con la princesa de Éboli y con sus hermanas del monasterio de la Encarnación; en cambio fue dueña de su destino, luchadora a favor de los derechos de la mujer, se enfrentó con inteligencia a una sociedad machista y fanática de la ortodoxia religiosa que solo veía demonios y luteranos en cada escrito. Demostró a lo largo de su vida un talante especial para sacar adelante su empresa, la Orden del Carmelo Descalzo, y el mundo se lo agradeció nombrándola santa en 1622 y doctora de la Iglesia en 1970. Desde entonces su cuerpo ha sido objeto de peregrinaciones como si del mismísimo Santiago se tratara aunque siempre de una manera mucho más humilde. ¿Tuvo Teresa de Jesús alguna relación con el Camino de Santiago o con el mundo de la peregrinación? Intentaré responder a esta pregunta en los siguientes párrafos.

El pleito familiar que no gustó a la santa

La primera vez que se cruza el fenómeno jacobeo en la vida de santa Teresa es en 1544 cuando todavía se hace llamar Teresa de Ahumada. El nombre de Santiago aparece en un pleito familiar impulsado por sus hermanas María y Juana para recuperar los bienes respectivos del patrimonio materno. La primera, la mayor, fue hija de Catalina del Peso, y la segunda, la pequeña de la familia, de Beatriz de Ahumada, madre de santa Teresa. El escándalo es mayúsculo y triste. Las vergüenzas familiares quedan al descubierto por los intereses personales de los cuñados Martín de Guzmán, testamentario de la familia, y Juan de Ovalle, maridos respectivos de María y Juana. Don Alonso Sánchez de Cepeda, padre de la santa, había fallecido el 26 de diciembre de 1544 sin un maravedí, lleno de deudas, y nueve días después, el 4 de enero, la familia unida repudia la herencia recibida. Hay que advertir que en aquella época el año nuevo comenzaba el 25 de diciembre por lo que todo sucede a principios de 1544 cuando Teresa, a punto de cumplir los 29 años, lleva un tiempo en la clausura del monasterio de la Encarnación de Ávila y observa con tristeza en qué ha quedado la memoria del padre, un buen cristiano que no supo administrar con cabeza el patrimonio familiar.

La familia contra la herencia paterna

El litigio, en el que se ve implicada toda la familia Cepeda-Ahumada, trata de evitar que los más de cincuenta acreedores del padre se queden con una parte de los bienes familiares, sobre todo con los procedentes de las respectivas madres que debían quedar fuera de los negocios de don Alonso. El proceso duró mucho tiempo, hasta 1551, y en la relación de deudas aparecieron importes de todo tipo, desde gastos de entierros y empeños de alhajas, objetos y prendas (como los 119 maravedíes que costaron los zapatos que llevó el día de la boda de su hermano Pedro) hasta arrendamientos de fincas. Pero hubo uno que es la clave para iniciar este reportaje: la constitución de una hipoteca para responder ante el cabildo de la catedral de Santiago por la mala administración del dinero procedente del Voto de Santiago durante el periodo 1505-1507.

Para comprender esta mala gestión conviene remontarse unos años atrás cuando don Alonso renuncia a su oficio de comerciante judío para integrarse en su nueva vida de hidalgo local, condición conseguida gracias a los generosos dineros que los hermanos Sánchez de Cepeda entregaron a los miembros del Tribunal de Valladolid para fallar a su favor. Como era costumbre en la época, don Alonso abandona sus negocios de telas, préstamos y recaudaciones porque estaba mal visto que un hidalgo tuviera que ganarse la vida con las manos. Se consideraba una actitud vil y deshonrosa. Así pues tocaba vivir de las rentas, pero de las de su mujer, claro. Por ahí vino la queja familiar. Su vida de nuevo rico se repartía entre la administración del patrimonio familiar, la educación de los hijos, la lectura y la vida social. Pero este tren de vida no podía durar mucho sin ingresos. Y no los había, al menos en las cantidades necesarias. Los ahorros se agotaron. Doña Beatriz moría en 1528 a los 33 años de edad, seguramente en el parto de Juana. Aquella vida de apariencia hundió en la miseria a don Alonso y a parte de la familia que tomó la decisión de huir a América en busca de oportunidades. En aquellos tiempos el futuro de los hombres estaba en la administración o en el ejército y el de las mujeres en un convento, en el hogar o en las mancebías. En la búsqueda de nuevos negocios, don Alonso consiguió la gestión del Voto de Santiago de las tierras de Ávila y además compró al Cabildo de la catedral compostelana varias cabezas de ganado valoradas en 17.500 maravedíes, haciendo de fiador su yerno Martín. El caso es que don Alonso tuvo problemas para abonar los diezmos al cabildo de la catedral de Santiago y la deuda la arrastró hasta su muerte. No queda claro en los papeles si la deuda fue por una mala gestión o por falta de pago de los dueños de las tierras de labor.

El Voto de Santiago

El Voto de Santiago era un tributo adquirido por los reinos de Asturias, Galicia, León y Castilla tras la victoria de Clavijo, ocurrida el 23 de mayo del año 844 según la crónica del obispo Rodrigo Jiménez de Rada. Cuenta la leyenda que en ella intervino el propio apóstol a lomos de su célebre caballo blanco derrotando a los musulmanes y liberando a los reinos cristianos del pago anual del Tributo de las Cien Doncellas al emirato de Córdoba. El voto, instaurado por Ramiro I de Asturias (790-850), consistía en ofrecer a la iglesia de Santiago de Calahorra las primeras cosechas del año, además de repartir una parte del botín capturado a los musulmanes al considerar a Santiago como un caballero más. Posteriormente se oficializó la ofrenda con carácter anual de tal manera que un diezmo de las cosechas eran entregadas al arzobispado de Santiago. El voto fue abolido por las Cortes de Cádiz.

Después del pleito familiar, la presencia del Camino de Santiago en la trayectoria vital de Teresa de Jesús se convierte en testimonial. Teresa de Jesús fue una monja andariega pero no peregrina; recorrió cerca de siete mil kilómetros a lo largo de su vida por los caminos de Castilla, La Mancha y Andalucía fundando conventos y arreglando problemas de todo tipo. Pero su camino era otro. El fenómeno de la peregrinación quedó alejado de su ámbito de actuación con la excepción de un viaje que hizo a Guadalupe para pedir a la Virgen por sus hermanos. De todas las fundaciones teresianas, solo la ciudad de Burgos tuvo una profunda huella jacobea mientras que el resto de los lugares han sentido la llamada del Camino en los últimos tiempos a raíz de la señalización y adecuación de los caminos de Madrid y del Sureste principalmente. Incluso el pueblecito de Gotarrendura, tan apegado a la biografía teresiana, lugar de casamiento de sus padres y probable cuna de la santa de Ávila según algunas fuentes, hoy es final de etapa del Camino del Sureste y cuenta con un acogedor albergue de peregrinos. Llama la atención un dato curioso: la joven Teresa recibió sus primeras enseñanzas religiosas cuando ingresó en el colegio agustino de Nuestra Señora de Gracia con 16 años y entró en el convento por la puerta de la actual calle de Francisco Gallego, por donde pasan los peregrinos de Levante, a escasos metros de la parroquia de Santiago. Lo cierto es que en su época, el actual tramo abulense del Camino del Sureste pasaba lejos de la capital y coincidía en su mayor parte con el Camino Real de Toledo a Valladolid que cruzaba las poblaciones de Arévalo, Adanero y Sanchidrián según los escritos de Pedro Juan Villuga, autor de una de las primeras guías de viaje en 1546.

Dos santos frente a frente: Santiago y santa Teresa en el imaginario español del XVII

Pues bien, hasta aquí la realidad entre Teresa de Jesús y el Camino de Santiago en vida; en cambio, la vinculación con el apóstol sí fue más estrecha después de muerta, sobre todo a partir de su beatificación el 24 de abril de 1614. Los fanáticos teresianos, los admiradores de su obra y los carmelitas descalzos sabían que ese era el camino. Antes de la santificación final, las Cortes de Castilla habían tomado una decisión polémica: el nombramiento de la beata Teresa de Jesús como patrona de todos los reinos de España. La decisión fue aprobada el 24 de octubre de 1617 reinando Felipe III y se fijó el 15 de octubre como día de su festividad. Todo muy bien hasta que empezaron las discusiones entre los partidarios de Santiago, el patrón de toda la vida, y la nueva patrona. La poderosa Orden Militar de Santiago no podía consentir tamaña ofensa, y eso que se aclaró que ambos serían copatronos, como sucedía en muchas ciudades donde rendían culto a una patrona y a un patrón. Era el caso de Madrid con la Virgen de la Almudena y san Isidro Labrador, o de Zaragoza, donde se veneraba a la Virgen del Pilar y a san Valero.

Pero el caso era distinto, se estaba hablando de una nación, de todo un reino, y algunos altos cargos de la Iglesia como los arzobispos de Sevilla, Granada o Astorga no vieron con buenos ojos el copatronato. La discusión se mantuvo en el tiempo sin visos de solución una vez que la beata Teresa fue nombrada santa por Gregorio XV en 1622 . El acontecimiento fue aprovechado por Felipe IV para nombrar por segunda vez a santa Teresa copatrona de España, decisión certificada por Urbano VIII en un Breve fechado el 21 de julio de 1627: «Confirmamos con autoridad Apostólica, la dicha elección y decreto sobre ella hecho, y le damos fuerza de firmeza apostólica, y estatuimos, y con precepto mandamos, que de aquí adelante, para siempre jamás, todas las personas de los dichos reinos, así seglares y eclesiásticos, como regulares, tengan y reputen la dicha santa Teresa por Patrona…sin perjuicio o innovación alguna del Patronato de Santiago Apóstol en todos los reinos de España». 

Tanto el nuevo rey, Felipe IV, como su primer ministro, el conde-duque de Olivares, fueron auténticos devotos de la Santa, especialmente el valido por razones familiares. En cierta ocasión, estando Teresa de Jesús en Salamanca, acudió a ver a la hija de los condes de Monterrey, a María Pimentel de Fonseca, por encontrarse muy enferma. La madre carmelita sugirió que la vistieran durante un año con el hábito de santo Domingo y la joven se recuperó milagrosamente. Aquella noble dama de apenas veintitrés años sería la madre del conde-duque de Olivares.

Pero aquel nombramiento no solo no gustó a algunas autoridades de la Iglesia, también hubo voces muy notables de la España barroca como la de Francisco de Quevedo que se manifestaron contrarias a la medida: «Se ha revuelto España toda», dijo. Con tono elegante pero firme, el autor de El Buscón solicitó al conde-duque de Olivares la revisión de la causa cuidando mucho el lenguaje al tratarse de un asunto muy delicado y sensible. Don Francisco se mostró convencido de que la justicia guiaba las decisiones del monarca y no dudó de los valores y atributos de santa Teresa, pero dejando claro una cosa: «Pero es más cierto que ni vos, Señor, queréis quitar al Apóstol para dar a la bendita Santa, y que ella, tan rica de gloria de Dios en el cielo y en la tierra, no atenderá a estas solicitudes que introduce el fervor de sus hijos y el celo de sus devotos».

Y haciendo gala de una retórica sublime, como correspondía a su habilidad expresiva, se dirigió al rey en estos términos: «Vuestra Majestad, como a procurador de Santiago, como a caballero profeso en su sagrada religión, como a parte legítima que soy en este pleito entre partes, me debéis oír: que para mí sois juez por vuestra grandeza, y sois parte por la fe católica que profesáis y mantenéis, y por el nacimiento y texto expreso que decide esta contienda, por los inmensos beneficios y mercedes que en vuestra majestad, cuya vida nuestro Señor alargue por muchos y bienaventurados años; cuyo estado el apóstol Santiago, nuestro único patrón, dilate hasta que no haya nación tan desdichada que no os reverencie por señor y por padre».

Quevedo pretendía el patronato único de Santiago, se constituyó en el adalid de la tradición como caballero de Santiago que era, y además defendió su argumento indicando que incluso algunos carmelitas estaban en contra del copatronazgo: «Nosotros para Santiago os pedimos audiencia solamente, en defensa vuestra tanto como de nuestro patrón; pues los padres por escrito culpan a vuestra majestad de principio, medio y fin desta novedad, y confiesan que ni ellos ni su gloriosa Santa tenía necesidad desde copatronato. Así me lo escribió a mí en un papel (que guardo) el padre fray Francisco de la Concepción, prior del convento de San Hermenegildo en esta corte.» Este convento era el principal de la Orden del Carmelo en España y residencia de los provinciales y visitadores de Castilla. Estaba situado en Madrid, en la manzana formada por las calles de Alcalá, Marqués de Valdeiglesias, Barquillo e Infantas. Fue derribado en el siglo XVIII y de su recuerdo queda la iglesia de San José (Alcalá, 43), obra de Pedro de Ribera. El interior, completamente barroco, muestra una capilla dedicada a santa Teresa con pinturas murales de Luis González Velázquez.

¿Y qué pasó al final? No pasó nada. Santa Teresa compartió copatronato con Santiago aunque la fuerte respuesta social dejó sin efecto los nombramientos reales del siglo XVII hasta que las Cortes de Cádiz confirmaron el copatronazgo el 28 de junio de 1812 dándose la curiosa situación política de ser la patrona favorita de los liberales mientras Santiago era elegido por los conservadores. Finalmente el acuerdo de copatronazgo entre Santiago y santa Teresa quedó en suspenso en tiempos del Trienio Liberal (1820-1823) por discrepancias políticas y desinterés del gobierno. Conviene advertir que junto a Santiago también es patrona de España la Inmaculada Concepción.

Teresa de Ahumada peregrina a Guadalupe

Aunque ya se ha comentado brevemente, conviene detenerse un momento en la peregrinación realizada por santa Teresa al santuario de Guadalupe en 1548. Lo hizo para pedir a la virgen que protegiera a sus hermanos, la mayoría embarcados en la aventura americana. Recordemos que Teresa fue la quinta de doce hermanos si contamos a los dos hermanastros nacidos del primer matrimonio del padre con Catalina del Peso: María (1506) y Juan (1507). Del segundo desposorio del padre con Beatriz Dávila de Ahumada en Gotarrendura nacieron Hernando (1510), Rodrigo (1511), Juan (¿?), Lorenzo (1519), Antonio (1520), Pedro (1521), Jerónimo (1522), Agustín (1527) y Juana (1528).

La mayoría de ellos buscaron fama y dinero en el Nuevo Mundo. Rodrigo, Antonio, Agustín, Pedro, Jerónimo y Lorenzo lucharon con suerte desigual. Los tres primeros murieron en peleas con mayor o menor distinción y los otros regresaron a España después de muchos años con más pena que gloria a excepción de Lorenzo, que llegó al puerto de Sevilla con dinero convertido en un triunfador. En cambio, los restos de santa Teresa sí han sido objeto de peregrinación desde el primer momento cuando su cuerpo fue desmembrado. Hoy en día son miles los peregrinos que se acercan a Alba de Tormes a visitar su sepulcro; otros quieren conocer sus primeras huellas en el museo carmelita de su convento de Ávila y también son muchos los que quieren ver la famosa mano incorrupta del convento de Ronda. Ella, que apenas participó en el mundo de la peregrinación, se convirtió en un fenómeno de masas a partir del siglo XVII cuando la Iglesia la elevó a los altares y el fenómeno de la peregrinación desvió su atención hacia dos puntos: Ávila y Alba de Tormes, cuna y sepultura de la santa Teresa, donde este año se celebra una edición especial de la exposición Las Edades del Hombre.

Las huellas teresianas en el Camino de Santiago

Teresa de Jesús fundó 17 conventos en Castilla, La Mancha y Andalucía. Solo uno tuvo un enclave jacobeo histórico: Burgos (1582), su última fundación. En cambio, en los últimos tiempos, la adecuación de caminos tradicionales en caminos de Santiago ha bañado de espíritu jacobeo muchos lugares teresianos. Por ejemplo el convento de Medina del Campo (1567), que se encuentra a dos pasos de la iglesia de Santiago y del Camino del Sureste, una ruta que también recorre el centro de Toledo donde se encuentra una de las fundaciones (1569) más queridas de Teresa de Jesús, su llamada «quinta de recreo» por ser su quinta fundación y lugar de retiro cuando necesitaba alejarse del mundo. Este mismo Camino de Levante recorre las calles de Ávila, su ciudad natal donde abrió su primer convento en 1562, el de las Madres o San José. No pasa cerca del lugar pero sí lo hace junto al huerto del convento de Nuestra Señora de Gracia donde ingresó la adolescente Teresa. Seguramente uno de los escenarios teresianos que más ha reivindicado su huella jacobea es Gotarrendura, lugar de profundas raíces teresianas donde queda en pie el hermoso palomar de barro y adobe de la familia materna. Incluso la tradición asegura que en este pueblecito de cereal, milanos y alondras nació santa Teresa. La falta de documentación alimenta la especulación. Por esta pequeña población pasó el cortejo fúnebre de Isabel la Católica camino de Granada.

Otro de los conventos más queridos fue el de Valladolid, la cuarta fundación (1568), por donde pasan los peregrinos del Camino de Madrid que también atraviesa las calles de Segovia, ciudad que cuenta con dos escenarios de mucho interés: el convento de San José (1574) y el monasterio carmelita de San Juan de la Cruz, a las afueras, lugar de enterramiento del pequeño fraile que tanto colaboró con Teresa en la reforma del Carmelo. Las huellas de santa Teresa no solo se encuentran en sus obras y fundaciones directas, también hay que buscarlas en las obras de sus colaboradores directos como san Juan de la Cruz, san Pedro de Alcántara, san Juan de Ávila o Jerónimo Gracián.

Uno de los caminos de Santiago más tradicionales es el de la Plata y no podía faltar su presencia en las huellas teresianas. El viejo camino romano atraviesa las calles de Sevilla, donde la santa fundó un convento en 1575 en el barrio de Santa Cruz y tuvo sus problemas con la Inquisición. Este mismo camino recorre las calles de Salamanca donde Teresa de Jesús fundó un nuevo convento en 1570. Finalmente hay que recordar la fundación de Granada (1582) por donde pasa el Camino Mozárabe.

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