Las parroquias, centros de espiritualidad a la luz de Teresa de Jesús

parroquia

Las parroquias, centros de espiritualidad

Paqui Sellés (ocd, Puzol)
Revista Cresol, n.127 (julio-agosto 2015)

“Las gentes del  mundo no tienen tanta necesidad de lo que tenemos sino de lo que somos” (Edith Stein). Inicio esta reflexión con las palabras de una carmelita descalza, Teresa Benedicta de la Cruz, quien aprendió de su maestra y fundadora, Teresa de Jesús, a valorar la persona humana en su condición y dignidad de imagen de Dios. Sirvan, pues, las palabras de Edith para adentrarnos en el tema propuesto: las parroquias, llamadas a ser centros de espiritualidad. Tema que apunta a la esencia del ser humano y es una de las prioridades que la Iglesia actual está demandando; constituye, por tanto, toda una interpelación para los pastores y agentes de evangelización.

Aunque Santa Teresa de Jesús no vive en su tiempo la organización eclesial tal como la tenemos actualmente, tras el Concilio Vaticano II, sí puede ofrecer unas pistas por donde orientar el recorrido personal y comunitario de la parroquia como lugar donde se respira y se comparte el “viento del Espíritu”. Ella no es amiga de normas ni estructuras establecidas, su magisterio apunta a la transformación profunda de la persona, a su esencia y por tanto, mostrará la clave para la “recreación” del ser humano: dejarse en manos de Dios, en actitud abierta a su acción y disponerse a amar al estilo de Jesús, en constante discernimiento con quienes pueden ofrecer la luz del Espíritu Santo.

Señalo tres apartados que pueden sustentar y hacer realidad este requerimiento constante que se le pide a la Iglesia.

1. Compartir el tesoro descubierto

“Andan ya las cosas del servicio de Dios tan flacas, que es menester hacerse espaldas unos a otros los que le sirven para ir adelante” (V 7, 22)¹.

Teresa de Jesús, maestra de oración, invita a compartir la experiencia espiritual en pequeños grupos. Las comunidades fundadas por ella, no podían sobrepasar el número de trece, que amplió posteriormente a veintiuna, sencillamente porque es más fácil que broten la confianza y la verdad entre personas que se conocen y tratan con mayor asiduidad, que en un grupo grande donde se permanece más en el anonimato.

Desde la vivencia que Teresa nos ofrece, se puede motivar, incentivar a los párrocos y agentes de pastoral para ir creando ese clima de familia que hace posible la experiencia en el Espíritu: “(que) procurásemos juntarnos alguna vez para desengañar unos a otros, y decir en lo que podríamos enmendarnos y contentar más a Dios; que no hay quien tan bien se conozca a sí como conocen los que nos miran, si es con amor y cuidado de aprovecharnos” (V 16, 7).

Después insiste en algo tan sencillo como es hacer presente la persona de Jesús, la Presencia que nos habita y con quien entablar diálogo de amistad, que eso es la oración, según Teresa de Jesús, buscar el encuentro con el Amigo. Ella, tan humana y cercana, vive con la certeza de que solo en el encuentro personal, íntimo con el Amigo, se crece en el amor a Dios y a los hermanos. Vive su relación de amistad desde esta clave, tan fácil de entender por toda persona, pues somos seres sociales y no nos entendemos a nosotros mismos, sino en el encuentro con un “tú” que nos humaniza y ayuda a madurar en el amor. «Nunca se apartar de tan buena compañía» (CV 29, 7), reitera a lo largo de sus escritos. “En todo se puede tratar y hablar con Vos como quisiéramos” (V 37, 6).

Así pues, considerar la parroquia como casa, hogar donde todos se sienten partícipes y responsables de la vida de la misma, donde cada uno es acogido y entrega lo mejor de sí mismo y donde también se viven las debilidades que todos poseemos, que es el campo de trabajo donde aprendemos a ir madurando y acrisolando el amor. Teresa desea que sus comunidades sean auténticas familias donde se dan la mano el respeto a la libertad personal y el trabajo por la fraternidad. De ella podemos extraer para la vida de las parroquias este cuidado por educar personas que viven en auténtica comunión: “Es un género de humildad no fiar de sí, sino creer que para aquellos con quien conversa le ayudará Dios, y crece la caridad con ser comunicada, y hay mil bienes que no los osaría decir, si no tuviese gran experiencia de lo mucho que va en esto” (V 7, 22).

2. Formación y discernimiento

Compartir en grupo la experiencia espiritual puede tener el riesgo de quedar en un grupito de amigos sin más, que nada tiene que ver con la vida evangélica. Teresa sabe por experiencia que solo cuando se contrasta con personas formadas en la Palabra de Dios y guiadas por la luz del Espíritu, es cuando se puede hacer verdad en la oración, en la vida. Ella buscaba siempre el diálogo con los letrados, que la llevaran a discernir su experiencia.

Construir buenos cimientos en la acción pastoral es fundamental para quien desee trasparentar el mensaje de Jesús: “Este tener verdadera luz [cultura] para guardar la ley de Dios [el evangelio] con perfección es todo nuestro bien; sobre esta asienta bien la oración; sin este cimiento fuerte, todo el edificio va falso” (CV 5, 4).

Y es tarea que no se improvisa, requiere mucha paciencia, empeño o “determinada determinación” (CV 21, 2), formación y estudio de la fuente de la Sabiduría. También humildad, que no es sino “andar en verdad” (6M 10, 7), gozo por el encuentro y apertura a quien no piensa igual que yo, descubrir el rostro del Señor en el hermano o hermana que no se acomoda a mi estilo, capacidad de perdonar. Todo esto son actitudes básicas para ir conformando nuestro caminar al de Jesús.

Necesario es, por tanto, el diálogo y el contraste a la luz de la Palabra, la que viene de la Escritura y la que todo ser humano nos puede ofrecer, porque nadie es poseedor de la verdad absoluta, solo Dios es la Verdad, nosotros vamos atisbando destellos de esa Verdad en la medida en que nos abrimos al diálogo sincero y acogida de la verdad del hermano.Las parroquias son invitadas a ser auténticos centros de vida, formadoras de personas responsables y generadoras de vida en el Espíritu, animadoras de comunión y anunciadoras de la Buena Noticia que es Jesucristo. Teresa recomendará que “no son tiempos de creer a todos, sino a los que viereis van conforme a la vida de Cristo”. (CV 21, 10). “Aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo” (V 7, 20).

3. Despertar a amar

“Para aprovechar mucho en este camino (…) no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os despertare a amar, eso haced” (4M 1, 7).

El amor del que habla Teresa es el que aterriza en la vida cotidiana. Ella, mujer con un enorme sentido común, afirmará: “Aquí, hijas mías, se ha de ver el amor, que no a los rincones, sino en mitad de las ocasiones” (F 5, 15).

Una parroquia que ora, que comparte vida “en el Espíritu”, necesariamente tiene una proyección en el apostolado. Se trata de apostar por estar al servicio de cualquier persona que requiera la presencia de “otro Cristo”, ser portadores de vida y esperanza, con gestos visibles y concretos, sin grandes manifestaciones ni ostentaciones que puedan mostrar dominio, poder. “Hemos de procurar de ser predicadoras de obras” (CV 15, 6). Actuar desde la gratuidad con que se reciben los dones para compartirlos de igual manera: “Pues digo que es peligroso ir tasando los años que se han tenido de oración, que aunque haya humildad, parece puede quedar un no sé qué de parecer se merece algo por lo servido” (V 39, 15).

Teresa anima a dejar los intereses personales a favor del bien común, ser para los demás, estar con los ojos abiertos y una “determinada determinación” de vivir sirviendo y amando al Señor, en la persona de cada hermano: “mientras más adelante están en esta oración y regalos de nuestro Señor, más acuden a las necesidades de los prójimos” (MC 7, 8). Buena conocedora de la naturaleza humana, sabe que en todo grupo puede darse una serie de rivalidades y luchas, intereses particulares,… Por ello pretende dejar bien claro que desear aparentar lo que no se es, o buscar el prestigio aun en lo más insignificante, es un “tóxico” que puede causar grandes males. Ella le llama “negra honra”, “oruga” que carcome las virtudes, dice que “por poco que sea el punto de honra, es como en el canto de órgano, que un punto o compás que se yerre, disuena toda la música” (V 31, 21).

“Y este amor, hijas, no ha de ser fabricado en nuestra imaginación, sino probado por obras; y no penséis que ha menester nuestras obras, sino la determinación de nuestra voluntad” (3M 1, 7). Cuando se encuentre en la cumbre de la cima espiritual, afirmará con rotundidad: “Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras” (7M 4, 6).

Una actitud clave para afrontar las expectativas que cada uno pretenda en su actividad pastoral es la gratitud, vivir con agradecimiento cuanto se es, se hace, se proyecta, se desea, se entrega: “pasad adelante de vuestras obrillas” (3M 1, 6) nos exhorta Teresa. Ella es un testigo privilegiado de la misericordia de Dios y llega a experimentar que solo quien se “determina” a amar, ha de soltar lastre, desprenderse de sus propios intereses y abandonarse con plena confianza en las manos de Dios. Porque Él no nos fuerza hasta que no nos determinamos. Pero requiere confianza sin ningún tipo de compensación, pues no comerciamos con Dios como si tratásemos negocios de compra-venta. Dios se nos da sin tasa: “No se ha de poner tasa a un Señor tan grande y tan ganoso de hacer mercedes” (MC 6, 12).

Teresa es un magnífico testimonio de vida en gratuidad. Por eso, es capaz de escribir palabras como estas: “Mas ¡ay Dios mío, y cómo aun en las espirituales queremos muchas veces entender las cosas por nuestro parecer, y muy torcidas de la verdad también, como en las del mundo, y nos parece que hemos de tasar nuestro aprovechamiento por los años que tenemos algún ejercicio de oración, y aun parece queremos poner tasa a quien sin ninguna da sus dones cuando quiere, y puede dar en medio año más a uno que a otro en muchos! (…) Bien creo no estará en este engaño quien tuviere talento de conocer espíritus y le hubiere el Señor dado humildad verdadera; que este juzga por los efectos y determinaciones y amor, y dale el Señor luz para que lo conozca. Y en esto mira el adelantamiento y aprovechamiento de las almas, que no en los años; que en medio puede uno haber alcanzado más que otro en veinte. Porque, como digo, dalo el Señor a quien quiere y aun a quien mejor se dispone” (V 39, 9-10).

Concluyo esta breve reflexión con unas palabras proféticas de quien fue P. General del Carmelo Descalzo, P. Camilo Maccise quien dijo del Carmelo pero también se puede aplicar al ámbito parroquial: “El Carmelo está llamado a manifestar la posibilidad de una auténtica experiencia de Dios”. Probablemente, todo ser humano espera de nosotros, esa trasparencia de vida que refleje una verdadera experiencia de Dios.

________________________

¹Las citas de las obras de Santa Teresa están tomadas de las Obras Completas, Editorial de Espiritualidad, Madrid 2000. Las siglas utilizadas son: CV: Camino de Perfección, autógrafo de Valladolid; F: Fundaciones; MC Meditaciones sobre los Cantares; M: Moradas; V: Libro de la Vida.

 

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6 thoughts on “Las parroquias, centros de espiritualidad a la luz de Teresa de Jesús

  1. Me encanta vuestras palabras , con que gozo estamos todos celebrando hoy a estas dos grandes santas.
    Os felicito a vosotras Carmelitas de Puzol y a todas las Ordenas y MONASTERIOS.
    Es una gozada lo que este año estoy recibiendo de vuestra enseñanza.
    Siempre he sido muy devota de santa Teresita.
    pero confieso que tenia olvidada a la gran santa Teresa.
    He hecho un compromiso con Ella de profundizar en su Vida y Espiritualidad.
    Rezo al Señor por os bendiga y llene de sus gracias, y os pido para mi vuestra oración, y que el Señor me ayude a sele fiel en mi Vida de Consagrada ,
    Soy una Carmelita de la Caridad Vedruna,
    Asunción Castelló

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