Santa Teresa de Jesús y el latín

latines

Esteban Monjas Ayuso

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En este año de su V Centenario, se han estudiado muchos aspectos de la obra y vida de Santa Teresa. Han sido numerosos los libros, artículos, ponencias de congresos, jornadas de estudio,… etc. dedicados a la Santa. Quisiera, con esta pequeña aportación, contribuir a aumentar ese acervo cultural. Me propongo estudiar las actitudes, problemas y dificultades de ella ante el latín.

Para empezar, hay que decir que Santa Teresa, desde su entrada en la Encarnación, no tuvo más remedio que usar el “Breviario” carmelitano, con el que rezaba cada día y que tenía algo de cerrado y sellado por estar en latín[1]. La maestra de novicias y las profesas instruían a las novicias en el manejo del mismo, pues se ordenaba: “Con mucha diligencia trabajen las novicias, dentro del año de noviciado de estudiar y ser enseñadas en la cantoría de salmear y oficio divino  y sean enseñadas en las rúbricas y instituciones que más le convenga”. El “Breviario”, cuyo ejemplar se encuentra en el convento de Medina del Campo, tiene un título larguísimo que dice: Explicit Breviarium secundum ordinem fratrum gloriosissimae Dei genitricis, semperque Virginis Mariae de Monte Carmelo… Anno Dni. 1568.  Contenía una selección de textos bíblicos, relatos hagiográficos, oraciones devotas… e introducía a Santa Teresa en la liturgia de la Iglesia, la acercaba a un especial coro de orantes, ponía en sus labios el salterio entero (sabemos el empeño que ella tuvo en penetrar el “romance” de esos latines), la familiarizó con el grupo de santos que el “Breviario” proponía como modelos de vida carmelitana. Según el P. Tomás Álvarez, es de formato manejable, pero de uso complicado y de lectura litúrgica muy difícil para quienes no sabían latín o solo adivinaban su significado.

Por otra parte, la Santa no daba mucha importancia a la cultura bíblica; tampoco tiene a mano una Biblia en romance ni podía tenerla[2]. Si nos fijamos en cómo cita los textos en latín, vemos hasta dónde llegaba su despreocupación por lo que pudiera tener aire de culta o letrera. Y así muestra bien a las claras que no sabía latín citando de esta manera: Letatus sum ym iis que dita sun miqui;  o bien con esta del Padrenuestro : Panen nostrun cotidiano da nobis odie. Pero es que a Santa Teresa le interesa más el contenido que la materialidad del texto y no se preocupa si está en este lugar o en otro ni si es así materialmente. Así el texto de Jn. 14, 23 sobre la inhabitación de la Santísima Trinidad “Si alguno me ama guardará mis palabras, etc.” ella lo expresa así: “Que vendría Él y el Padre y el Espíritu Santo a morar con el alma que le ama y guarda sus mandamientos”. De este modo, diluye el contenido bíblico en sus obras, cosa que luego resulta difícil de ver.

Y es que en Santa Teresa se ven dos actitudes básicas en relación con el latín: por una parte le resulta una barrera infranqueable, dado que desconoce esta lengua, por no haberla estudiado. Y así dice ante la prohibición inquisitorial de Fernando Valdés de los libros en romance (prohibió hasta el Oficio Parvo en romance): “Yo sentí mucho, porque algunos (de estos libros en romance) me daban recreación leerlos, y yo no podía ya, por dejarlos en latín” (V.26,5). ¡No podía leer esos libros sin entender lo que allí contenían!

Claro que reconoce por otra parte –y esta es otra actitud– que los textos en latín la ayudaban a recogerse más, y así dice: “Y es así que me ha acaecido estando en esta quietud, con no entender casi cosa en latín, en especial del Salterio, no solo entender el verso en romance, sino pasar adelante en regalarme de ver lo que el romance quiere decir (V.15, 7). Esta actitud resulta más positiva, pues el latín ya no le parece tan difícil de entender y ella lo traslada mentalmente al romance y disfruta entendiendo lo que reza. Y es que, verdaderamente, hay salmos con un latín tan transparente que no hay que hacer grandes esfuerzos de intelección para llegar a comprender su mensaje. En un trabajo doctoral[3] estudié y experimenté con alumnos de primer curso de latín cómo varios centenares de palabras latinas resultaban transparentes (tipo causa-ae, amor-oris…) para el hablante castellano o cuasitransparentes  (tipo timor-oris, video-es-ere…) que contienen una pequeña evolución fonética que tampoco debe ser una barrera para su intelección. Si esto lo aplicamos a los Salmos escritos en latín, tenemos versos completamente inteligibles:

  • Psalmus 3: Tu auten, Domine, protector meus es.
    • Domine, salvum me fac, Deus meus
  • Psalmus 6: Et anima mea turbata est valde…
    • Salvum me fac propter misericordiam tuam.
  • Psalmus 7: Domine, Deus meus, in te speravi.
  • Psalmus 8,10: Domine, Dominus noster, quam admirabile est nomen tuum in universa terra.

Si una persona del S. XVI que no sabe latín repite una y otra vez como un “mantra” cualquiera de estas frases, su significado en lengua romance –que, por cierto entonces no estaba tan alejada del latín– va penetrando en su entendimiento y en su alma. Esta misma comprensión reflejan las palabras que expone en su estudio sobre La lectura y escritura bíblica de Teresa de Jesús Teófanes Egido: “El rezo del breviario era otra cosa: lo hacían las mismas monjas en coro o en privado, lo rezaban o cantaban, pero siempre en latín, con dificultades de comprensión pero con cierta connaturalización explicable por la repetición rítmica, hora tras hora, ciclo tras ciclo, sobre las piezas estructurales del oficio, las del salterio”[4]. Es a esa connaturalización a la que me refiero cuando expreso cómo se podía salvar una dificultad y una barrera como la que podía suponer el latín.

Así explican en su nota los autores de las OBRAS COMPLETAS[5]: “La Madre Teresa no entendía bien el rezo del Oficio Divino hecho en lengua latina; no sabía latín. Ella tenía incluso cierta prevención contra las monjas bachilleras y que conocían el latín (pero no por el latín en sí, sino por otros motivos como más adelante veremos). En esta situación resalta más la eficacia de la oración mental, en la que se le daba a entender el verso en romance, es decir, su versión castellana y también su significado en castellano. Ejemplo de precisión de su actitud interna, como quien refleja una experiencia profundamente vivida”. Hasta aquí la larga nota de los autores de esta edición de las Obras Completas (Pg. 89).

Precisemos su prevención: la razón que da la santa es la siguiente: “Así que en estos tiempos de quietud (oración de quietud?) dejar descansar el alma con su descanso; quédense las letras a un cabo” (V.15, 8). Es decir, las letras, el latín, el griego, el hebreo… deben dejarse a un lado para estar gozando de la presencia del Señor en la oración. Y sigue: “Tiempo vendrá que aprovechen al Señor y las tenga en tanto, que por ningún tesoro quisieran haberlas dejado de saber solo por servir a su Majestad, porque ayudan mucho” (V.15, 8) es decir, para entender lo que dice la sagrada Escritura ayudan y son necesarias, las llega a calificar de “auténtico tesoro”. Claro que en este punto, la Santa ve más necesaria la humildad. Y así concluye: Mas delante de la sabiduría infinita créanme que vale más un poco de estudio de humildad y un acto de ella que toda la ciencia del mundo” (V. 15, 8).

Su actitud positiva hacia el latín queda realzada en el Prólogo a las Meditaciones sobre los Cantares: “Habiéndome a mí el Señor, de algunos días acá, dado un regalo grande que oigo o leo algunas palabras de los “Cantares de Salomón” en tanto extremo, que sin entender la claridad del latín en romance, me recogía más y movía mi alma que los libros devotos que entiendo”(MC.Prol.1). Frases del cantar de Salomón como:

Surge, amica mea, Columba mea, Formosa mea, et veni (2, 10)

Quam pulchra es, amica mea, quam pulchra es (4, 11)

Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te (4,7)

He seleccionado frases del Cantar de los Cantares siguiendo las propias citas que Santa Teresa expone en su Comentario a los “Cantares de Salomón” y la realidad me confirma la idea de cuán transparentes resultan frases como las expuestas antes. No creo que precisara gran esfuerzo de intelección la palabra –pulchra– ni siquiera la palabra –macula-, aunque es un cultismo adoptado modernamente , su adjetivo –inmaculado-a ya se usaba desde el S.XVI.

Osculetur me osculo oris sui! (1,1)

Nam meliores sunt amores tui vino (1, 1)

Osculetur –de la misma raíz que “osculo”. Esta misma palabra pasó al castellano con el sentido de “beso” y existía el “ósculo de la paz” en la liturgia. Lo de -oris- sería más difícil de relacionar con “boca”, pero existe la “oración”, la “oralidad”… que se hacen con los órganos fonadores de la boca. La frase que resulta más clara es la –Nam meliores sunt…- “pues mejores son tus amores que el vino”, que ella traduce “mejores son tus pechos”. De todas formas invita a sus hermanas a no preocuparse, si no lo entienden: “cuando el Señor quiere darlo a entender, su Majestad lo hace sin trabajo nuestro”. Además ya están los letrados que se ocupan de estudiar las Sagradas Escrituras…: ”Mas nosotras con llaneza tomar lo que el Señor nos diese… que una palabra suya tendrá mil misterios y así en su principio no entendemos nosotras. Así si estuviera en latín o en hebraico o en griego, no era maravilla; mas en nuestro romance ¿qué de cosas hay en los salmos del glorioso rey David, que cuando nos declaran sólo el romance, tan oscuros nos quedan (los salmos) como en latín” (MC. 1, 2). Con esta declaración es evidente que la santa identifica “latín” con oscuridad, con algo no inteligible, aunque a veces le ayude a recogerse mejor en la oración  e incluso lo comprenda y le resulte más claro que algunos textos en romance.

Revisando las cartas tenemos la dirigida a María de Mendoza nº 41[6] de 7 de marzo de 1572, en el nº 12  dice, sobre la admisión de nuevas monjas, que hay que atenerse a las Constituciones y con el defecto que tiene la nueva no puede ella autorizar su entrada sin la licencia del P. Visitador, P. Pedro Fernández. Y añade: Y ellas deprenderán a leer latín, porque está mandado no se reciba ninguna sin saberlo”. Se entiende, sin saberlo leer, pues no se exigía saber latín. De todas formas la santa declara que “Y así a mi parecer ninguna de esas dos ahí se recibiera, porque ni santidad, ni valor, ni sobrada discreción, ni talentos yo no los veo para que la casa gane” (Nº14). Mejor las iría para este tema de la admisión,  si supieran algo de latín.

En la carta nº 83 al P. Rubeo de 18 de junio de 1575 le explica el problema de los calzados en Sevilla y cómo el Prior, P. Vicente de la Trinidad, calzado, le pide las patentes, cosa que ella le enseña, para demostrarle que podía fundar: “Porque a la postrera que vuestra señoría (P. Rubeo) me envió en latín, después que vinieron los visitadores, da licencia y dice que puedo fundar en todas partes”. El P. Rubeo escribe desde Piacenza y lo hace en latín –in illud opus incumbat, provirili sua, in virtute sanctae oboedientiae: “que se esfuerce en aquella obra con todas sus fuerza en virtud de la santa obediencia”. Así dice la Santa: “y aún viene con precepto, que me ha hecho esforzar a más de lo que puedo, que estoy vieja y cansada”. Como podemos ver por las expresiones finales la Santa entendió muy bien la orden dada en latín por el P. Rubeo. ¿Alguien hizo de traductor?

En la carta nº 151, 2 dirigida a María de San José el 19 de noviembre de 1576 Santa Teresa se muestra muy puntillosa y le afea  la redacción de María de San José en la carta abierta al P. Ambrosio Mariano, porque venía con algunas expresiones en latín: “muy buena venía las del P. Mariano si no trajera aquel latín (el adjetivo “aquel” ya señala cuán lejana le queda a la Santa la lengua de Cicerón) y prosigue: “Dios libre a todas mis hijas de presumir de latinas. Nunca más le acaezca ni consienta. Harto más las quiero que presuman de parecer simples, que es de muy santas, que no tan retóricas”. Y aquí surge bien claro su prejuicio contra las que sepan latín; porque, según la Santa, presumen de retóricas, es decir, estamos en medio de los puntos de honra como ser la más antigua, ser de familia más noble, ser más instruida en las lenguas latinas y griega,… y aquí se trata de buscar la humildad y nada debe estorbar en el camino de la santidad, como ya vimos anteriormente.

En la carta nº 179 a María Bautista, de 21 de enero de 1577, en el nº 2 le dice: “No envío la licencia del Papa (Casilda necesitó dispensa papal para profesar por su corta edad) porque, como está en latín, aún no he tenido quien me la lea; yo la enviaré”. Como vemos, la Santa sigue tropezando en la barrera del latín y necesita un lector o lectora para saber qué viene a decir el Papa exactamente, porque su contenido general de conceder el permiso ya se ve que lo entiende: ¡Cuánto debió de echar en falta a una María de San José que se lo leyera o a cualquiera que entendiera el latín!

En la carta nº 305, de 22 de julio de 1579, dirigida a D. Teutonio de Braganza, le dice: “La semana pasada escribí a vuestra señoría largo y le envié el librillo (Camino de Perfección) y así no lo seré (larga) en esta porque sólo es por habérseme olvidado  de suplicar a vuestra señoría que la vida de nuestro padre San Alberto que va en un cuadernillo en el mismo libro, la mande vuestra señoría imprimir con él, porque será gran consuelo para todas nosotras, porque no la hay sino en latín de donde la sacó (hizo la traducción) un padre de la orden de Santo Domingo por amor a mí, de los buenos letrados que por acá hay y harto siervo de Dios…” Como vemos el problema que supone el latín para leer la vida de San Alberto, antiguo Padre de la Orden, se soluciona con el padre dominico Diego de Yanguas, con quien la Santa trató en Segovia y es a ella a quien escribe una hermosa dedicatoria. El título de la obra es largo: “LA VIDA Y MILAGROS DEL GLORIOSO PADRE SAN ALBERTO. Va esta obra dirigida a la religiosa y madre Teresa de Jesús, fundadora de las descalzas carmelitas, a cuya instancia se escribe y se ponen muchas cosas fuera de la historia para más gloria de este glorioso santo. Año de 1582”. Como se puede apreciar, el trabajo de traductor del P. Yanguas [7] resulta muy valorado por Santa Teresa, ya que, una vez publicado, servirá de consuelo a las hermanas carmelitas. Y este fraile sí que es calificado por ello entre “los buenos letrados”, aunque sepa latín o precisamente por saberlo y además es “harto siervo de Dios” y ¡cómo no! de la Madre Teresa.

Sobre los letrados a los que se refiere en la carta anteriormente expuesta hay varios estudios[8]. Son normalmente juristas y a veces también teólogos; como lo primero representarían un área de poder económico importante que no debería desestimarse a la hora de valorar los juicios teresianos al respecto. Por lo segundo, representaban para ella una garantía de ir por el camino adecuado en la oración, en la lectura de la Sagrada Escritura, además de utilizar sus servicios ante problemas administrativos o incluso para traducir textos en latín y comprender mejor los mismos. Mucho se ha hablado de la estrategia de santa Teresa con las consultas a estos letrados para defenderse ante la Inquisición, pero esto sale fuera de este tema.

Por último, en la carta nº 384 dirigida al P. Gracián del 23-24 de marzo de 1581, en el número 2 dice: “Yo aún no he leído casi nada, porque lo que está en latín no lo entiendo hasta que haya quien me lo declare y para este tiempo (Semana Santa) que ayer miércoles de tinieblas (Miércoles Santo) me dieron los recaudos, y por tener cabeza para ayudar a ella, como son pocas, no osé apremiarme para más de las cartas”. De nuevo, la Santa se enfrenta ante la barrera que supone el Breve Pontificio de separación de los descalzos, pues está en latín, así como otras declaraciones del Capítulo, que se ha celebrado. En definitiva, espera a que alguien  lo “declare”, es decir, que lo traduzca y pueda ella enterarse bien de su contenido. Por otra parte, está en Semana Santa y ella debe ayudar a la comunidad, y los letrados andan ocupados con los oficios divinos por las distintas parroquias.

Pasamos ahora a revisar las citas en latín a lo largo de su obra. Como podemos comprobar, son citas de los salmos, del evangelio, de los textos que ella manejaba para la oración personal y comunitaria.

Citas en latín del Libro de la Vida

Ya desde la primera frase, se observa un descuido gráfico normal para quien cita de memoria: V. 20, 10: Vigilavi ed fatus sun sicud passer solitarius in tecto (Vigilavi et factus sum sicut passer solitarius in tecto, Ps. 101, 8). Suprime la –c- de -factus-, así como cambia la –m- final de -sum- por una –n-, y sonoriza la –t- > -d- en la conjunción copulativa -et- y de la conjunción comparativa –sicut-. Gracias a estas y otras más que comentaremos, hemos podido comprobar su fonética latina, pues Teresa escribía como pronunciaba, guiándose por la prosodia más que por la ortografía[9]. La intelección del verso está bastante garantizada: “vigilé y me hice como el pájaro solitario en el tejado”. ¿Qué otra cosa era muchas veces la oración para la Santa sino una vigilancia y búsqueda de la soledad?

En V. 27, 18, nos escribe un verso del Salmo 121, 1: Letatus sun yn iis que dita sun miqui. (Laetatus sum in hiis quae dicta sunt mihi). Observamos las mismas faltas ortográficas, pues ella no es experta. Por ejemplo, monoptonga los diptongos: -ae- <-e­y escribe como le suena  -miqui- el dativo singular del pronombre de primera persona –mihi-. “Me alegré en aquellas palabras que me han sido dichas” (“cuando me dijeron”). La Santa recuerda estas palabras atribuidas a San Pedro de Alcántara en su lecho de muerte.

En V. 29, 11 dice siguiendo el Ps. 42, 1: quemadmodum desiderad cervus a fontes aguarum (Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum) Como vemos se dan parecidos fenómenos fonéticos, sonorización de sordas-t- y –qu- en –d- y –g-, que es lo que en definitiva expresa la evolución al castellano de las consonantes sordas intervocálicas –p-t-c- > -b-d-g-: –aqua- > -agua-. (“Como el ciervo anda sediento [deseando] hacia las fuentes de las aguas”). Intenta reflejar esa situación del alma que arde en deseo de Amor de Dios. A Santa Teresa le importa declarar bien las cosas del espíritu; pero el cuidado de la forma le parece tentación de vanidad, y emplea el lenguaje corriente en el habla hidalga de Castilla la Vieja, sin atenerse al gusto cortesano ni buscar galas cultas[10].

En V. 30, 19 nos refleja una frase del evangelio J. 4, 15: Domine da miqui aquam (Domine, da mihi aquam). Se trata del pasaje que nos presenta a Jesús con la samaritana, del que Santa Teresa era muy devota y cuya representación del mismo tenía en la Encarnación. “¡Señor dame esa agua”! Frase muy transparente que no necesitaba traducción alguna.

En V. 39, 25, tomado del Símbolo Atanasiano que se recitaba en algunas ocasiones en el oficio divino coral dice quincunque vul (Quicumque vult). Lo escribe tal como lo pronuncia añadiendo una –n- y omitiendo la –t- de la desinencia de 3ª persona además de cambiar una nasal -m- por otra –n-. La frase completa del símbolo decía: Quicumque vult salvus ese, ante omnia opus est, ut teneat catholicam fidem: “El que quiera ser salvado (salvarse), es necesario que mantenga la fe católica”. Toda la frase resume la catolicidad de la que ella siempre hizo gala. Y más adelante sigue 3. Fides autem cathólica haec est: *ut unum Deum in Trinitáte, et Trinitatem in unitate veneremur (“La fe católica es esta: que veneremos a un único Dios en la trinidad y a la Trinidad en la unidad”): de este misterio es del que Santa Teresa escribe: “Y para cuando pienso o se trata de la Santísima Trinidad, parece entiendo cómo puede ser, y esme mucho contento”. Así se ve una vez más que el latín no debía constituir grave obstáculo de intelección.

Citas en latín en Las Moradas

En 3M 1, 4  vuelve a citar otro salmo 111,1 Beatus vir qui timed dominum (Beatus vir qui timet Dominum), “Feliz el hombre (varón) que teme al Señor”. Comete la misma falta fonética comentada y es un verso muy claro  de entender, tan claro que ya lo citó en el nº 1 de este mismo capítulo en castellano: No ha sido poco hacer su Majestad que entienda yo ahora qué quiere decir el romance de este verso a este tiempo, según soy torpe en este caso”. Como vemos, ella misma declara la intelección del mismo, eso sí, con ayuda del Señor y con la repetición del mismo y con la similitud que guarda con el propio romance como ella misma reconoce.

En 4M 1, 5 se refiere al Salmo 118, 32: Ahora me acuerdo en un verso que decimos a prima, al fin del postrer salmo que, al cabo del verso, dice: Cum dilataste cor meum (Cum dilatasti cor meum). Aquí su único error está en la desinencia –e por – i, y así lo castellaniza a su modo. Como vemos, sigue siendo el recurso a la memoria para explicar un sentir del alma por medio de los salmos que tantas veces ha recitado en el coro.

En 7M 2,3 para explicar el encuentro con el Señor resucitado de los apóstoles cita Pax vobis! Con ello intenta comparar su visión del Señor no imaginaria, sino intelectual.

En 7M 2, 5 explicando la naturaleza de esa unión del alma con Dios , que es como la mariposilla que muere, dice miqui bibere cristus es, mori lucrum (Mihi vivere Christus est, mori lucrum) . Ella lo transcribe tal como le suena y así pone –b- en vez de –v- en –vivere- y el –miqui- ya comentado, así como la ausencia de la –t en la desinencia verbal. “Para mí el vivir es Cristo, el morir una ganancia”.  Frase que ella puede oír en alguna predicación y que se le quedó grabada.

En Fundaciones 5, 1, 3 nos escribe obediens usque ad mortem con la monoptongación de –e- por –oe- (oboediens). La Santa trata de la obediencia para seguir el camino de Jesús.

Citas en latín en Las Constituciones

Tiene, en primer lugar, la lista de libros que recomienda tener a la priora: “Tenga cuenta la priora con que haya buenos libros, en especial CARTUJANOS (VITA CHRISTI), FLOS SANCTORUM, CONTEMPTUS MUNDO (Imitación de Cristo). ORATORIO DE RELIGIOSAS… (Cst. 8)

En Cst. 43 expone todo el ritual para el examen y declaración de faltas graves. En primer lugar la lectora dice: Iube, Domne, benedicere (Iube, Domine, benedicere “manda, Señor, bendecir”).

Responde la presidenta: Regularibus disciplinis nos instruere digneris, Magister Coelestis (“Maestro Celestial, dignaos instruirnos en las enseñanzas de la regla”)

Respuesta de todas: AMEN.

La priora dirá unas palabras  y previamente dice: BENEDICITE, y las hermanas responden: DOMINUS.

Por último, en Cst. 48: Oidas las culpas, o corregidas, digan el Salmo Miserere mei y Deus misereatur y acabado el capítulo diga la presidenta. Sid nomen Domine Benedito (Sit nomen Domini benedictum: “Sea el nombre del Señor bendito”). Responda el convento: eso nunque edusque in secula (Ex hoc nunc et usque in saecula]: el relato memorístico de este ritual traiciona mucho el latín, aunque se entiende lo que dicen. Las desinencias de Domine en lugar de Domini y Benedito en lugar de benedictum muestra a las claras qué poco importaba la forma, y lo escribe como le suena. Y mejor aún se ve en la segunda frase, que queda totalmente alterada.

Citas en latín en Camino de Perfección

La casi totalidad de las citas en este libro están en el Paternoster que ella explica en ambas redacciones. Aquí se muestra más aún la forma de escribir según se rezaba varias veces a lo largo del día  y, por supuesto, en latín. Así les sonaba y así lo ponían por escrito sin ningún prejuicio literario ni culto. Son dos redacciones: la primera, más fresca, que se conserva en El Escorial (CE) y la segunda, más corregida y autocensurada, la del Carmelo de Valladolid (CV). En esta segunda, la autora titula cada uno de los capítulos; en la del Escorial no los titula en el cuerpo del manuscrito, pero al final coloca un índice, dictado por Santa Teresa, escrito en su casi totalidad por una amanuense ­–“amanuense de ocasión y pésima letra”, dice con razón el P. Tomás Álvarez[11].  Una de la Santa y otra de la amanuense, que escribía al dictado de la Santa, muestran algunas diferencias[12].

PATERNOSTER de la Santa (CV) PATERNOSTER con índice  de la amanuense (CE)
  Pater nostra qui es in celis (C. 44)
Santificetur nomen tuum, adveniad regnum tuum (C.32) Santificetur nomen tun, adveniad renun tun (C.52)
Fiad voluntas tua sicud en celo et in terra (C.34) Fiad voluntas tua sicut in celo et in terra (C.54)
Panen nostrun cotidiano da nobis odie (C.35) Cotidianum (C.60)
Dimite nobis debita nostra (C.38) Dimite nobys debita nostra (C.63)
Et ne nos inducas intentationen sed libera nos a malo Lybera nos a malo (C. 72)

Se observa, en general, más corrección en la escritura de la Santa que en la de la amanuense. Las dos castellanizan el –quotidianum- latino y ambas sonorizan las –t de la desinencia de 3ª persona del singular (Fiat-, adveniat-) así como la de -sicut- (La Santa). Las dos monoptongan el diptongo de –caelum- y queda –celo- o –celis-.  Es evidente que entendían bien lo que rezaba y no hay más que ver los comentarios tan espléndidos de la Santa.

Suscribo totalmente la reflexión de Teófanes Egido en la nota final de su trabajo “Lectura y escritura bíblicas de Teresa de Ávila”: «De hecho, sufrió profundamente cuando la Inquisición prohibió el acceso a la Biblia en romance. Porque Teresa no sabía latín, como se puede constatar en las trascripciones literales que hace de frases y pasajes bíblicos, “de oído”, defectuosas por tanto. Y sin embargo frente a los miedos generalizados a la lectura de la Biblia, frente a las condenas oficiales de acercarse las mujeres a los “libros sagrados”, la madre Teresa no sólo se decidió a glosar parcialmente el más temido, el de los Cantares, sino que se atrevió a corregir interpretaciones letradas del paulino “mulieres in ecclesia taceant”»[13].

Conclusiones

Sea la primera que el latín que ella lee en los actos litúrgicos o en la oración privada a lo largo de los días, meses, años…se va haciendo cada vez más transparente y más claro o en palabra de Teófanes Egido más connaturalizado.

El recurso del latín en la oración le sirve en algunos momentos para un mayor recogimiento, pues por un lado le resulta claro e iluminativo y por otro de gran ayuda.

Nunca quiere servirse de citas en latín en las cartas por no caer en puntos de honra y parecer lo que no es: “letrera y latina”. Pero, de hecho, a lo largo de toda su obra, acumula un buen número de citas en latín comparable a las de Cervantes en El Quijote e inferior a las de Michel de Montaigne en sus Ensayos.

En definitiva el latín, que en momentos supuso una barrera difícilmente franqueable y del que se muestra aparentemente enemiga, juega un papel importante en su vida y lo afronta con valentía y sin complejos a pesar de no haberlo estudiado, pero sí leído y rezado todos los días.

__________________________________________________

[1] ALVAREZ, Tomás Cultura de mujer en el S. XVI. El caso de Teresa de Jesús. Ed. Ayuntamiento de Ávila. 2006.

[2] LLAMAS Román, “Biblia en Santa Teresa”.  CULTURA BÍBLICA.pp.34-55.

[3] MONJAS AYUSO Esteban: “Estudio contrastivo de las relaciones entre el vocabulario básico latino y sus correspondencias castellanas”. Ed. Universidad Complutense. Servicio de Reprografía. Madrid. 1982.

[4]  EGIDO, Teófanes. “Letture e scritture bibliche di Teresa d’Avila”, en María Laura GIORDANO e Adriana VALERIO (edd.), Donne e Bibbia nella crisi dell’Europa cattolica (secoli 16-17), Trapani, Il Pozzo di
Giacobbe, 2014, páginas 291-306.

[5] LLAMAS, Enrique, EGIDO, Teófanes y otros. OBRAS COMPLETAS. TERESA DE JESÚS. Editorial de Espiritualidad. Madrid. 2000.

[6] ALVAREZ , Tomás. “Santa Teresa. Cartas”. Editorial Monte Carmelo. Burgos.1997. (Seguiremos la numeración de las cartas por esta edición)

[7] Idem. pp. 800.

[8] EGIDO, Aurora, “Santa Teresa contra los letrados. Los interlocutores de su obra”. CRITICON, nº 20, (1982), pp.85-119.

[9] BENGOECHEA, Ismael, “Los latines de las Madre Teresa”, en la revista Teresa de Jesús nº 10 (1984). Pp. 31-33.

[10] LAPESA, Rafael, Historia de la lengua española. Excelicer S.A. Madrid.1965.

[11] ÁLVAREZ, Tomás, Introducción al CE, Burgos-Madrid, 2010, pg. VXII.

[12] EGIDO, Teófanes. Idem.

[13] EGIDO, Teófanes. Ibidem.


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