El pie que inauguró la Modernidad.Teresa en Francisco Umbral

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Pedro Paricio Aucejo

Considerado por Delibes “el escritor más renovador y original de la prosa hispánica actual” y por Lázaro Carreter “uno de los primeros prosistas de la lengua española del siglo XX”, Francisco Umbral (1932-2007), además de ser una de las figuras más relevantes de la literatura española contemporánea, es –sin duda alguna– uno de sus autores más prolíficos. Con un centenar de libros publicados y en torno a una decena de miles de artículos y textos periodísticos, cultivó –junto a la poesía– el ensayo, la narrativa en multiplicidad de formas (cuentos, novelas, crónicas, biografías, autobiografías, memorias y participación en libros de conversaciones) y, sobre todo, el periodismo, en el que –ya como profesional de él ya como escritor de éxito– colaboró en numerosos y prestigiosos medios españoles de comunicación.

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Bernini. Éxtasis de Santa Teresa.

Esta trayectoria tuvo su arranque en la tendencia compulsiva que de la lectura poseyó desde su infancia y en su autodidáctica formación. Su temprana vocación literaria, su ingenio y su disciplina para el constante trabajo cotidiano le proporcionaron abundantes reconocimientos. Además de ser nombrado Doctor ´Honoris Causa´ por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, obtuvo multitud de premios literarios en variadas modalidades. Cabe destacar: en cuento, el Premio Nacional Gabriel Miró; en novela, los premios Nadal, de la Crítica y Fernando Lara; en periodismo, los premios González Ruano, Mariano de Cavia y Mesonero Romanos; en literatura epistolar, el premio Juan Valera; y, por el conjunto de su obra, los premios Príncipe de Asturias de las Letras, el Nacional de las Letras Españolas y el Cervantes.

Especialmente influenciada por Larra y Gómez de la Serna, su prosa es contundente y lírica a la vez, original y de alta calidad estética. La permanente preocupación de este autor por el lenguaje la hace muy cuidada en su forma, rica en matices, metáforas y neologismos y sensible tanto a la actualidad del momento como a la tradición intelectual. Y es también esencialmente una prosa autobiográfica: literatura y existencia fundidas. Por ella transcurre la vida social, cultural y política del país cernida siempre por el tupido cedazo de su complejo talante: vehemente, lúcido y tierno a la vez, intuitivo e irónico hasta la provocación, casi siempre polémico, cultivador indistinto del esnobismo, la extravagancia y –en ocasiones– la desolación vital… Es la misma personalidad que le dio fama como personaje público y como creador, en especial en el género periodístico del artículo, que constituyó la fragua literaria de su profesión.

A diferencia de otros autores, esta modalidad de escritura no fue una práctica coyuntural que ejerciera Umbral en sus comienzos como periodista o algo esporádico que cultivara siendo ya un consumado escritor. Ni siquiera un quehacer secundario que coadyuvara a complementar su supervivencia laboral como escritor. Por el contrario, es algo capital en su obra. Representa lo más característico de su personalidad literaria porque responde a su genuina vocación. Gran conocedor del género desde el punto de vista profesional, histórico y literario, en él encuentra el medio idóneo para aunar personalidad, creatividad y actualidad, de manera que la amplísima panoplia de asuntos que desfilan por sus columnas periodísticas –en las que nada resulta ajeno– no es el mero reflejo testimonial de la cotidianidad de una época sino –sobre todo– ocasión privilegiada para verter la originalidad de su estilo y la idiosincrasia de su voz.

Así, en su artículo Teresa¹, Umbral aborda su personal visión de la ´descalcez´ de la monja abulense. Dejando al margen los motivos religiosos que llevaron a la Santa a su tarea reformadora, y desde la peculiaridad del carácter que distingue a este escritor, considera que el ´misticismo de pie desnudo´ de la carmelita universal responde a “una necesidad vital, corporal, de respirar por los pies, de tocar tierra por abajo, ya que tanto cielo tocaba por arriba”. Esta misma actitud es la que, llevada al ámbito literario, iniciará el despegue respecto de lo medieval e, inaugurando la modernidad en España, hechizará estéticamente al prolífico prosista: “Me enamora esta mujer que tira el zapato y rompe a escribir un castellano en el que se nota que la verdad y la vida suben por los pies desnudos, desde la tierra misma, [sintiendo] la redondez del planeta… Es la primera prosista que nos flipa, la mujer que mejor ha escrito jamás el castellano.”

Para Umbral, Santa Teresa desnuda a la prosa por el estilo llano, haciéndola “alegre, vital, esencial, cordial, elemental, temperamental, autonarrativa, biográfica de lo de dentro –Moradas– y biográfica de lo de fuera: Vida”. Pero también (más allá del tópico que la considera castiza y popular) su prosa será “manierista por cuanto autobiográfica y por cuanto descompone cualquier narración de linealidad tradicional y preceptiva para escribir por libre de sí misma, destacando arbitrariamente detalles menores o prosaicos.”

Así era la escritura de Teresa según Francisco Umbral. Lo dijo –y bendijo– quien fue el maestro por excelencia de la arbitrariedad, el que hizo de ella su estilo y su vida, el que consideraba que “la arbitrariedad estilística es nada menos que la literatura”.

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¹FRANCISCO UMBRAL, ´Teresa´, diario El País (19/09/1981), Madrid.

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7 thoughts on “El pie que inauguró la Modernidad.Teresa en Francisco Umbral

  1. Me impacta que Umbral Siga levantando pasiones y diatribas , yo quedé subyugada con su obra ” Mortal y rosa” cuanta belleza y cuanta sensibilidad poética destilaban sus páginas , pero su personalidad extravagante y altanera me hieren y sus escritos en la misma línea , más de lo mismo …
    Pero llegó el día , me refiero al día de hoy, en que en estas páginas de la Rueca y la pluma ” que dicho de paso están creando en mi una adicción…
    Descubrí un nuevo Umbral , místico y profundo que llega a fijarse en la desnudez del pie de Santa Teresa y su contemplación le lleva a unas muy bellas reflexiones que a la par le hacen ser humilde y terrenal como la Santa!!
    Qué hermosa es la figura de Santa Teresa que hasta escritores como Umbral les convierte en dulces poetas !!

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  2. Hay un adjetivo que falta por decir -en este estupendo artículo (como todos los del Sr. Paricio Aucejo)- sobre Umbral; ese adjetivo es: “adictivo”. Su lectura se convertía en adictiva; quien estuviera leyendo diariamente la columna de cierre del periódico “El Mundo” (bien en la década de 1990, bien en la de 2000, hasta su muerte), tuvo que pasar luego por la enfermería: era tan adictiva su lectura, que si te dedicabas a escribir (además de leer -y después de leer a Umbral-), todo se te pegaba, especialmente la provocación y los tacos que soltaba cada dos por tres, eso sí, controlando tan bien el lenguaje soez como su colega (y supongo que eterno contrincante) José Camilo Cela (creo recordar que ambos tuvieron un duelo lingüístico).

    La adicción que provocaba, como todas las adicciones, iba siempre a más… Y cuando se hacía corrosiva, entonces era llegado el momento de cambiar de lecturas y tranquilizarse (periodística y literariamente) y retomar el sosiego necesario para que la vida no se volviera tan oscura y sinsentido como parecía serlo para Umbral, quien sólo hallaba reposo en la literatura anterior a él, digamos que la del XVIII y algo del XIX (recuerdo que solía citar a autores de lengua alemana, Hölderlin y otros); y solía espetar que toda la producción española de esos momentos era básicamente autobiográfica y que apenas se hallaba alguien que pudiera imaginarse -y luego escribir- algo que no le hubiera sucedido antes en su propia biografía…, como si él pudiera escapar al sino de la historia y de la existencia y de la unificación de ambas en el relato de la actualidad. Sé que le costaba lo suyo sentarse cada día y escribir esas pocas líneas del artículo que cerraba la edición diaria de “El Mundo” -lo escribió alguna vez, por eso lo sé-, y que, como tan bien señala el Sr. Paricio en esta entrada del blog, ese artículo, cada artículo de Umbral, era la fragua, donde se fundía todo el oro y la plata y el broce y todos los metales preciosos que él acumulaba durante décadas.

    No soy un fan de Umbral (porque la intoxicación que sufrí con su lectura periodística ya fue suficiente) y, con todo, reconozco que tenía una capacidad fuera de lo común de atraerte a sus redes y de provocar en ti (lector) lo que no pensabas que nadie pudiera provocar; eso sí, si conseguiar entender todo lo que él decía en unas pocas líneas (algo fuera del alcance de la mayoría), pues en un solo artículo aunaba: crítica política, historia de la literatura, crítica literaria, precisión del lenguaje, crónica de actualidad, crónica rosa, algo de lengua, de lingüística, de semántica (mezclando recursos sintácticos, redaccionales, ortográficos, gramaticales, semánticos…), y siempre salpicado de puntos de historia española contemporánea y hasta moderna, de historia europea contemporánea y hasta moderna… En fin, una especie de enciclopedia del saber con más pimienta que sal. Me habría gustado que hubieran coincidido en la historia Umbral y Chesterton, porque se habrían dado de mamporros periodísticos y literarios (pues eran polos opuestos y de gran bagaje cultural) y sólo el gusto de ver quién se llevaba el gato al agua habría sido delicioso. También Chesterton habló de Teresa, pero quizá compartiendo con ella más cosas que Umbral… como la conversión.

    Gracias por el artículo. Gracias al autor y a la bloguera que lo publica. Un gusto leerlo, como siempre.

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