Navidad: Dios se hace nuestro vecino

navidad2015

Su Majestad es muy buen vecino,
 y tanta su misericordia y bondad, que aun estándonos en nuestros pasatiempos y negocios y contentos y baraterías del mundo, y aun cayendo y levantando … tiene en tanto este Señor nuestro que le queramos y procuremos su compañía, que una vez u otra no nos deja de llamar para que nos acerquemos a El.

Teresa de Jesús
2M 1, 2

F e l i z   N a v i d a d

en el V Centenario de Santa Teresa de Jesús

 

Con nuestra felicitación, incluimos el mensaje navideño del Prepósito General  ocd, P. Saverio Cannistrà:

Navidad 2015

Llega la noche de Navidad. Viene a turbar, o incluso quizás a: disturbar nuestras vidas, a interrumpir nuestro ritmo habitual de trabajo o de descanso, abriendo espacios que se llenan de ritos, de fiestas, de cantos, de regalos, más o menos los mismos, los de nuestra infancia. Y entonces la tentación es la de pensar que la fiesta del niño Jesús es básicamente para los niños y no para nosotros, adultos del tercer milenio.

Sí, la Navidad nos disturba, nos desagrada, nos pone en dificultad. Deberíamos disfrutar ante este niño, pero, en realidad, nos resulta cada vez más difícil esta alegría. Y pensándolo bien, esta alegría es difícil precisamente porque tiene que ver, no con Dios solamente, sino con nosotros, con un Dios que se hace hombre. ¿Debemos o deberíamos gozar de un Dios que nos hace resalir a nuestra humanidad como a su suprema revelación? Pero es precisamente este hombre el que nos plantea una infinidad de problemas y de preguntas. Dios es Dios, pero el hombre somos nosotros y tenemos que confesar con cierto pesar y vergüenza que sabemos cada vez menos quiénes somos nosotros. Se nos escapa cada vez más el sentido, el Logos (por usar la palabra del Prólogo de Juan que volveremos a escuchar el día de Navidad), qué somos nosotros.

Por eso Dios viene en medio de nosotros y el Logos se hace carne: para recordarnos quiénes somos, para hacernos volver al camino de la humanidad. «Adán, ¿dónde estás?» «Aquí estoy», responde Jesús desde el pesebre de Belén. Se lo dice al Padre que busca con impaciencia al Hijo, pero se lo dice al mismo tiempo a los hermanos que deambulan inquietos y perdidos. Por eso el anuncio de Navidad es inseparablemente: gloria a Dios y paz a los hombres que Él ama. Gloria: es decir, revelación, manifestación de su ser, de su bondad y verdad en la historia. Y juntos: paz, es decir liberación y cumplimiento de la verdad y bondad de la criatura que Dios ama más que todas las demás: «Y Dios vio que era algo muy bueno».

¡Cuánta necesidad tenemos de humanidad! ¡Y qué incapaces somos de verla, de entenderla, de descubrirla, de tocarla hoy! Porque la falta de humanidad nos rodea y nos invade con sus rostros de violencia y de indiferencia. O también la falsa humanidad, que es una de la formas más sutiles y peligrosas de corromper la humanidad.

Pero la humanidad existe, cuando hay amor por el hombre. De hecho, es esto lo que nos falta muchas veces: amor por el hombre verdadero. Amor capaz de decir un “sí” pleno a nosotros mismos y a nuestro prójimo, a nuestra humanidad herida, débil, cansada, incapaz de afrontar los problemas que nos agobian. Nosotros tan pequeños y los problemas tan enormes. Multitudes de pobres que llaman a nuestras puertas y nosotros, ricos e incapaces de acogerlos. Situaciones morales nuevas, inéditas, ante las cuales no sabemos qué decir, que juicio emitir. Estructuras sociales y eclesiales que deben reinventarse. Y nosotros, tan limitados y tan incoherentes ante una responsabilidad de este calibre. Es sobre todo esta tristeza que sutilmente se insinúa entre nosotros, hasta el punto que resulta difícil esconderla detrás de las luces de colores y de luminosos decorados intermitentes. Incluso los bienes de consumo, después de habernos agotado, nos cansan y nos vuelven torpes. Nos despertamos solo cuando de repente se desata la violencia. Entonces nos viene el miedo y nos defendemos. Pero el miedo es una pasión fría, que paraliza y nos encierra en nosotros mismos.

Es aquí donde te haces el encontradizo, en este ceder el terreno sobre el que nos apoyamos. Tu no vienes a resolver nuestros problemas o a cumplir nuestros deseos, porque no eres un cuento, sino una historia, es más, la Historia en la que viven y se mueven nuestras historias. Tú eres Quien nos acompaña, Quien se hace camino, verdad y vida. Y es de esto de lo que tenemos necesidad: una vida que hay que recorrer; una verdad que hay que redescubrir siempre de nuevo; una vida que hay que acoger, proteger y amar. Todo esto nos lo estás dando ahora, naciendo en medio de nosotros. Si somos capaces de recibirte, de recibir de tus manos lo que eres, no seremos ya los mismos: seremos hombres nuevos, hombres que caminan sin cansarse, que mantienen la mirada fija sobre la verdad, que saben discernir los signos de la vida y poner en ellos la esperanza. ¡Haz, Señor, que se cumpla en nosotros el milagro de la Navidad, que tu Nacimiento sea también nuestro Nacimiento!

 


One thought on “Navidad: Dios se hace nuestro vecino

  1. ¡Profunda reflexión sobre el sentido auténtico de la Navidad! Muchas gracias por compartir el mensaje del P. General que nos estimula a vivir centrados en el Misterio de Amor que celebramos.
    ¡Feliz Navidad!

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