Cómo escribir sobre una técnica de la oración. El ‘Tercer Abecedario’ de Osuna

osunaOlivar  es una Revista científica semestral que publica artículos  sobre temas referidos a la literatura y la cultura española, así como también a sus conexiones con el universo americano. La edita la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación – Universidad Nacional de La Plata, Argentina. El número  23 (junio 2015, vol. 16), titulado El trasfondo de una metáfora: el texto como máquina,  ofrece un artículo dedicado al Tercer Abecedario de Osuna, y plantea en el último apartado, algunos puntos de contacto de Teresa de Jesús con el que fuera  su libro de cabecera en los comienzos de su vida espiritual.

Cómo escribir sobre una técnica de la oración.

El Tercer abecedario espiritual de Francisco de Osuna

Iris Roebling-Grau

Dahlem Humanities Center (Fritz Thyssen Stiftung)
FU Berlin- Alemania

Cita sugerida: Roebling-Grau, I. (2015). Cómo escribir sobre una técnica de la oración. El Tercer abecedario espiritual de Francisco de Osuna. Olivar, 16 (23). Recuperado de: http://www.olivar.fahce.unlp.edu.ar/article/view/Olivar2015v16n23a03

Resumen
El libro espiritual más difundido del siglo XVI, el Tercer abecedario espiritual de Francisco de Osuna, aprovechó como ningún otro las posibilidades que brindaba la técnica de la imprenta. Lo demuestra su uso de la estructura en abecedario, que facilita la memorización y, por tanto, la internalización del texto devoto. En este sentido, las técnicas empleadas por Osuna contrastan con las que prefirió una contemporánea, Teresa de Ávila, que buscó que su texto impresionara a los lectores fomentando la identificación entre ellos y la autora.

Palabras clave: Francisco de Osuna – Teresa de Ávila – técnicas mnemónicas – imprenta

Con el Tercer Abecedario Francisco de Osuna quería escribir un libro que se imprimiera en los corazones de sus lectores. Para eso usa la forma del Abecedario que facilita a los lectores la memorización de los contenidos presentados. Las sentencias morales y las indicaciones en cuanto a la técnica del recogimiento están subsumidos sobre dísticos reproduciendo con sus letras iniciales el Abc. Además esta forma tiene un valor simbólico puesto que las letras de A hasta Z representan la idea de una totalidad, del cosmos. Osuna subraya su afán pedagógico con un estilo que contiene muchas enumeraciones y repeticiones. Todo eso convierte su tratado en una máquina poderosa que tuvo un gran éxito en su época. Tanto más sorprendentes son algunas metáforas poco corrientes para explicar diferentes aspectos de la vida religiosa. Estos momentos casi personales reaparecen de forma modificada en los escritos de la lectora la más conocida de Osuna, en los libros de Teresa de Jesús.

Impreso en tu corazón

Cuando San Pablo se dirige en su segunda epístola a los Corintios aproximadamente 50 años después de la muerte de Jesucristo, les explica que ellos son una letra, que son inscripciones de Cristo:

Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres, siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón. (2 Cor 3: 2-3)1

En esta metáfora las personas son letras que forman una inscripción que no está escrita solamente con tinta sobre una piedra, sino con el Espíritu en tablas de carne. Aunque San Pablo no lo dice directamente, se entiende que estas personas que ‘son carta […] escrita […]en tablas de carne del corazón’ ponen al mismo tiempo la mencionada inscripción en sus propios corazones2. Más bien, porque tienen corazones escritos, pueden ser cartas. Esta metáfora tiene una grande similitud con la del sello también usada por San Pablo: “En él (Jesucristo) también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído fuisteis sellado también en él con el Espíritu Santo de la promesa […]” (Ef 1: 13)

La idea de una marcación del corazón tuvo mucha influencia, especialmente en el mundo cristiano. Francisco de Osuna es, sin duda, uno de los primeros en utilizar esta imagen en el contexto del mundo moderno del siglo XVI cuando escribe en el prólogo de su Primer Abecedario: “en este libro, si paras mientes, todo lo hallarás porque al principio y al fin se abrevia la dotrina, que se dilata en el medio para que mejor se imprima en tu coraçón, siendo por más razones confirmada” (2004: 129).

El Primer Abecedario apareció después del Tercer Abecedario, por primera vez en 1528 en Sevilla. 54 años después de la llegada de la imprenta a España la primera prensa de imprimir fue implantada en 1474 (Thomas, 1928: 10). Como en esta época, antes de la unión de Castilla y Aragón, la Península Ibérica estaba constituida por reinos diferentes, había ya varios lugares donde la nueva técnica se usaba. La metáfora de una doctrina que se imprimiera en el corazón tenía entonces un eco nuevo y podía relacionarse con una técnica muy moderna y actual. Hablando de ‘imprimir los corazones de sus lectores’ Osuna junta su libro de manera subterránea a su mundo contemporáneo3. La conexión entre el concepto antiguo del grabado y la técnica de la imprenta determina los Abecedarios de Osuna a diferentes niveles dado que Osuna era un autor que quería popularizar esta inscripción interior lo más posible – también con la ayuda de las técnicas de su tiempo.

Este objetivo ya es visible en un lenguaje que a diferentes niveles intenta llegar a una comunidad de lectores lo más grande posible. Entre 1527 y 1559 Francisco de Osuna fue el escritor espiritual más leído en la Península (López Santidrián, 2005: 26). El autor asimismo ya menciona este éxito en el prólogo del Primer Abecedario:

De manera que, si bien miramos, la umildad es fundamento y principio de todo, sin la qual ninguna dotrina se aprende, y porque a mí, a quien tan necessaria era, no fuesse agena, quísela mezclar con mi dotrina ordenándola por baxo estilo, ageno de toda presunción; y como entre los estrechos amigos no aya cosa encubierta, viendo mi umilde dotrina, aficionáronse a ella por ser breve y fácil y comendiosa. Y tomándomela, comunicáronla —triste de mí— a otros sin yo saberlo; y assí vino de mano en mano lo que yo tenía secreto. (2004: 126)

Según esta descripción Osuna parece ser casi un autor forzado, contra su voluntad. Pero esta aserción se lee como si fuera parte de la mencionada humildad. En el Tercer Abecedario, publicado por primera vez ya en 1527, Osuna habla de su intención, por el contrario, usando un vocabulario muy apostólico:

[…] y así (como Gersón con su Monte de contemplación, IRG) yo no tengo intento en este libro de hablar solamente a personas retraídas, sino a todas querría enseñar, y en especial a las personas que están en el mundo; entre las cuales hay muchas deseosas de todo bien y que no les falta oportunidad, sino doctrina particular para se informar cómo se deban llegar a Dios en secreta oración, lo cual apenas declaran los predicadores, por estar tan ocupados en reprehender los vicios. (2005: 244)

Aquí no se habla mucho de secreto, sino de un mensaje que el autor quiere comunicar de manera efectiva y a mucha gente. Ya la decisión de hablar en romance indica bien este objetivo. Pero la última cita está también escondida en el Tercer Abecedario mientras que la penúltima está situada muy visible en el prólogo del Primer Abecedario donde un poco más de modestia y de retención eran tal vez aconsejables, dado que la espiritualidad proclamada por Osuna podría ser relacionada con los alumbrados aun cuando la Inquisición nunca sospechó de Osuna.

Quiero entonces proponer que Osuna tenía realmente la intención de escribir libros que se comunicaran “de mano en mano” – no “triste de sí mismo”, como dice Osuna en el prólogo del Primer Abecedariosino a su entera satisfacción y alegría4.

En lo que sigue voy a explicar esta tesis describiendo la forma del abecedario que revela muy bien la intención de Osuna que consiste en escribir para todos. El Abecedario es una máquina de persuasión que enseña a sus lectores de manera completa, nueva y desde el principio hasta el fin una vía para llegar a Dios. ¿En qué consiste esta forma en la cual una enumeración no con números sino con letras nos guía a través de un encadenamiento de ideas?

La forma del Abecedario

En su esencia los Abecedarios son poemas. Cada uno de los seis Abecedarios escritos por Osuna tiene un poema como esqueleto. Este poema es presentado en su totalidad al principio del Abecedario en el Sexto Abecedario y al final del texto en el Primer Abecedario. Este poema consiste en veintidós o veintitrés dísticos, veintitrés si incluye la tilde (un capítulo en el que la tilde es considerada como una letra del Abecedario)5. Estos versos están situados al principio de cada tratado y siguen a un mini-resumen en prosa del tratado, como por ejemplo en el primer tratado: “Habla de la continua vigilancia que debe traer consigo el que en puro espíritu se quiere llegar a Dios, diciendo: Anden siempre juntamente la persona y espíritu” (2005: 93).

La esencia de los Abecedarios es, entonces, la poesía. Insertado en un texto muy pegadizo hay un lenguaje con ritmo, simple. Esta simplicidad es decisiva para el programa estético de Osuna que busca imitar la poesía de la Biblia Hebraica. En el prólogo del Primer Abecedario Osuna escribe:

E quíselos compilar por abecé y en número ternario por imitar a Jeremías, y al sabio Salomón y al rey David, los quales solos en la Sagrada Escritura se halla aver escripto por abecedario en cierta manera de metros que entonces se usava començando ordenadamente por las letras del abecé. Jeremías, en los tales metros dolorosos, llorava la destruición de Jerusalén, y no sólo de aquella ciudad terrena, mas por aquélla, tan maltratada, entendía él en espíritu de profecía aquella sancta ciudad edificada por la mano del Spíritu Sancto, que es la Sacra Humanidad de Christo […] (2004: 124)

No es seguramente una casualidad que este movimiento, en el cual la rememoración de un suceso de la historia de los hebreos se convierte en una profecía que —después de la muerte de Cristo— será de nuevo historia, esté situado al principio de los libros de Osuna porque todos los Abecedarios son libros dedicados a la memoria del Dios crucificado. Mariano Quirós García explica:

Por lo que se refiere a las Lamentaciones de Jeremías siguen el método del abecedario las cuatro primeras —cada una de sus estrofas comienza por una de las letras del alfabeto hebreo tomadas por su orden—, tituladas respectivamente: Ierusalem desolataIerusalem eversa, Desolatio prophetae y Calamitates in Urbe obsessa, que fueron escritas en Palestina, hacia el año 587, después de la ruina de Jerusalén. Los judíos las recitan durante el gran ayuno conmemorativo de la destrucción del Templo y la Iglesia católica las incluye en la liturgia de los últimos tres días de Semana Santa para evocar el drama del Calvario. (1998: 577)

En este contexto tenemos que situar los Abecedarios: el primero trata de la Pasión, el Segundo del amor de Dios, y el Tercero de una forma de oración para llegar a Cristo, del recogimiento. Los otros tres retoman estos temas. El deber principal de los lectores consiste, por un lado, en participar a niveles diferentes en este afán de la memoria y, muy concretamente, por otro, en memorizar los textos de Osuna porque la forma del Abecedario es una ayuda para aprender con más facilidad de memoria lo leído. En este sentido, los tratados continúan una tradición antigua.

Ya Aristóteles habla en su retórica de formas y métodos para memorizar algo, lo que le parecía una capacidad esencial para el buen retórico (Ars rhetorica). San Agustín (Confessiones) y Santo Tomás (De memoria et reminiscentia commentarium) cristianizarían la temática (Quirós García, 1998: 580; Yates, 1966: 1-26). A partir de este momento, el contenido de lo que tenía que ser memorizado podía ser cristiano. Ignacio de Loyola con sus Ejercicios perfeccionó la simbiosis entre técnica de memoria y cristianismo.

Con la invención de la imprenta los tratados de memoria se hacen, a decir verdad, superfluos. ¿Por qué entrenar la memoria si todos los contenidos importantes que tienen que ser preservados del olvido pueden ser conservados fácilmente con la ayuda técnica del papel y de la prensa de imprimir?6 No obstante, lo que pasó es que, como Yates lo explica en su libro The Art of Memory, durante el Siglo de Oro la estima de una memoria entrenada (“trained memory”) experimentó un notable auge como documentan los tratados de memoria impresos. Eso lo podemos explicar si recordamos una vez más el objetivo del arte de la memoria en su forma cristianizada.

Tal actitud de memorizar se refuerza mucho más cuando nos situamos en los siglos XV y XVI al lado de la llamada ‘Devotio moderna’, procedente de los países del norte de Europa, y de la reforma de las órdenes religiosas, especialmente la Observancia franciscana. Con ellas, pues los autores que componen abecedarios durante esta época pertenecen a una u otra en gran número, el arte de la memoria y el método alfabético se introducen en el complejo mundo de la meditación a través de unos métodos precisos y, al mismo tiempo, diversos. (Quirós García, 1998: 582)

En este ‘mundo de la meditación’ el arte de la memoria ganó una nueva significación. En el modelo de un camino hacia la perfección el creyente empieza memorizando oraciones simples, por ejemplo el Padre Nuestro. Según las diferentes escuelas de la oración, los contenidos de la oración y de la meditación pueden hacerse más complejos hasta que la recitación puede transformarse en un diálogo con Cristo, o, en el nivel más alto, en la llamada unio mystica que ya no depende del lenguaje.

En todos los tratados de Osuna hay directrices para una vida piadosa que lleva paso a paso a Dios. Osuna fue el primero en presentar estas sentencias en la forma del Abecedario y así en dar una ayuda para aprenderlas de memoria. Esta tarea no está reservada para algunos creyentes sino para todos los cristianos. Sus Abecedarios no se dirigen a algunos privilegiados sino a la mayoría – y por eso tienen que ser impresos para facilitar su distribución.

¿Cómo funciona la máquina?

Poco a poco, durante la Edad Moderna, la lectura deja los monasterios y también los laicos empezaron a leer. Al mismo tiempo que los libros surgen en Europa, la alfabetización empieza a establecerse como se puede ver por ejemplo en el “incremento del dominio de la firma durante el siglo XVI” (Viñao Frago, 1999: 70-73). Presentando el método del recogimiento en la forma del alfabeto, Osuna participa en esta ola de erudición cultural y la introduce en el campo de la literatura piadosa. De niños, todos los cristianos tienen que aprender una nueva vía para llegar a Dios, como si tuvieran que aprender una nueva lengua, todo desde el inicio, desde la primera letra ‘A’. En el prólogo del Primer Abecedario la idea de la educación y de una formación escolar está muy presente:

Porque el Apóstol manda que los pequeños se conozcan y, si es menester, que comiencen desde las primeras letras, ha de letrear como niños, y con mucha razón, pues todas las cosas tienen principio por do van a los medios para alcançar los fines. (2004: 125)

Explícitamente, Osuna dice aquí que no escribe para los letrados y eruditos y que sus lectores tienen que hacerse humildes e ignorantes para entender su doctrina. Esta filosofía recuerda, visiblemente, las palabras de Jesús del Evangelio de Mateo donde dice: “[…] y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como los niños, de ningún modo entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos” (Mat 18,3-4). Acompañando a este afán pedagógico va un estilo “baxo” como dice el autor (Osuna 2004: 125). Retóricamente estos Abecedarios funcionan como una máquina mecánica simple que marcha fiablemente y con gran eficacia. Su sistema de transmisión es la enumeración como se puede mostrar en el Tercer Abecedario.

Todo Abecedario consiste en una yuxtaposición finita. En una tradición que data desde de la antigüedad esta yuxtaposición fue considerada como una fórmula mágica, apotropaica usada también para consagrar una iglesia7. Además, el alfabeto fue considerado como una representación del cosmos inmóvil (Dronseiff 1925: 75). Un libro estructurado para esta “representación” también forma una unidad entera en la cual todo un mundo está incluido. En esta perspectiva, cada uno de los Abecedarios de Osuna es, en cuanto a su forma, una doctrina completa, entera y, sobre todo, verdadera.

Pero Osuna no solamente se sirve del Abecedario como forma, sino que busca durante todo el texto presentar su contenido con la ayuda de una enumeración numérica. Durante todo el texto, Osuna retoma de forma repetitiva las estructuras numéricas para presentar su doctrina. Así, el sistema de las letras del alfabeto está acompañado por el sistema de los números, pero únicamente aparecen los números del uno al siete (1,2,…; primero, segundo,…). El número tres, en la mayoría de los casos, está organizando lo que dice Osuna: Cuando interpreta un pasaje del libro de Daniel (3,21) en el Segundo Tratado asocia los tres varones en el fuego con las tres potencias del alma para explicarnos por qué y cómo tenemos que dar gracias a Dios (Osuna, 2005: 138-139). En su Tercer Tratado nos explica:

Puédense también estas tres palabras, ciego y sordo y mudo, aplicar a las tres potencias de nuestra ánima: que el entendimiento sea ciego de la manera que tenemos dicho, no usando de conocimiento que lo pueda distraer de la suspensión, y la voluntad sea sorda al amor de las criaturas que la convidan… La memoria sea muda, no tratando ni revolviendo cosa que hablarse pueda, para que así entre Jesús […] (2005: 149-1509)

Y el dístico del Quinto Tratado se llama: “Examina y hazte experto y afina tus obras todas”. El segundo capítulo de este tratado empieza con: “Tres palabras principales contiene nuestra letra, según las cuales tenemos tres puntos en la exposición de ella”. Seguidamente estas tres palabras están comentadas. Para los lectores cristianos de la época estas formaciones triarias tenían sin duda una significación muy visible. Cada vez que el número tres se introduce en el texto de Osuna, el autor alude a la idea de la Trinidad y a través de eso al concepto de la totalidad8. Analógicamente funciona un pasaje en el cual Osuna relaciona los cuatro puntos cardinales con las cuatro pasiones principales (gozo, tristeza, esperanza y temor) o con las cuatro virtudes cardinales (justicia, temperanza, fortaleza y prudencia) para ilustrar una relación entre el “mundo mayor” y el “mundo menor” (2005: 102 y 166). Ya que el cuatro representa todo lo creado9 tenemos una vez más un número simbólico que esta estructurando el texto de Osuna. Podemos decir que como las letras de A hasta Z representan el mundo, los números de uno hasta tres o cuatro también se refieren a la idea de una unidad cerrada, y además a una concepción de Dios, del creador y de la verdad.

Más raras son las enumeraciones que exceden el cuatro. En el Segundo Tratado, por ejemplo, Osuna menciona siete “beneficios de Dios” por los cuales tenemos que alabarlo. Pero, el número siete, la suma de tres y cuatro, también representa la perfección como se ve por ejemplo en los siete días de la semana¹0.

Esta obsesión con las enumeraciones da al Tercer Abecedario una fuerza persuasiva. La doctrina del recogimiento se incluye enteramente en las formas tradicionales ofrecidas por la Biblia y la Iglesia. Aunque Osuna habla de un camino personal hacia Dios, la manera de presentar este camino es muy impersonal, casi científica. Al mismo tiempo, la omnipresencia de las cifras da algo maquinal al texto de Osuna, estructurado en pequeñas cadenas con elementos organizados en un orden ascendente. La progresión durante la lectura no se hace gracias a un contenido que se desarrolla, sino a través del sistema lógico de la enumeración por letras y números.

Estas cadenas están acompañadas por las repeticiones. Dado que este texto se dirige a sus lectores, que son ‘sus alumnos’, hay muchos pasajes donde se ve el afán por explicar insistentemente lo dicho. Esto ya es visible en todos los títulos de los tratados donde hay una repetición cuando Osuna empieza con una sentencia general y sigue con el dístico que repite y explica la sentencia, por ejemplo: “Tratado X: Habla de las lágrimas del recogimiento, y dice: Lágrimas sean tus armas por la gracia peleando”. Este esquema estructura todos los títulos del abecedario. En total, hay 23 tratados, 17 de ellos empiezan con ‘Habla de’. Esta forma de escribir parece un poco pedante, especialmente porque en casi todos los títulos Osuna se dirige a los lectores con un imperativo. Esta retorica enfática aparece también en algunos pasajes descriptivos. Cuando Osuna explica por ejemplo la muerte de Cristo, encadena diez frases que empiezan con ‘fue’: “Fue escupido su santo rostro por que se lavase el de nuestra ánima, pues estaba más ennegrecido que carbones. Fue cubierta su preciosa cara porque de nos se quitase el velo de la ignorancia que por el pecado incurrimos y se descubriese la ceguedad de nuestra ánima. Fue…”¹¹.

¿Por qué Osuna usa un estilo estructurado por las repeticiones? Cuando comparamos por ejemplo el Tercer Abecedario al Alfabeto Cristiano de Juan de Valdés, publicado en 1546, vemos que había en la época otras formas para presentar contenidos de una doctrina: Valdés escribe un diálogo en el cual una “Julia” está discutiendo con un “Valdés”. Pero Osuna no quería solamente comunicar una doctrina, sino que buscaba ‘imprimir’ su doctrina en los corazones de sus lectores. La idea es que interioricemos realmente el libro hasta el punto en el que ya no lo necesitemos más porque lo conocemos de memoria. Desde esta perspectiva, el Abecedario es un libro cuyo objetivo último es su propia abolición. Una vez realmente leído y entendido, nos podemos despedir de él. A medida que las letras impresas del Abecedario de Osuna están impresas en nuestro corazón, ya no las necesitamos más sobre el papel. Para alcanzar eso, el texto de Osuna funciona como una máquina que se repite, usando pocas formas tradicionales, bien definidas y muy fáciles de retener.

La idea de memorizar un libro no concuerda con la de unas lecturas prolijas. Por eso, una erudición larga no es el ideal para Osuna, al contrario. En el Tercer Abecedario hay muchos pasajes donde los letrados y la erudición están desacreditados: “Mira que muchos libros pueden hacer librería tu celda, mas no tu memoria, porque en ella no traban sino los títulos; empero, uno solo podría hacer tu memoria librería, y así te sería más útil uno que muchos”¹2. Esta restricción en cuanto a las lecturas tiene su correspondencia en la técnica de la oración enseñada por Osuna. En el centro del Tercer Abecedario encontramos lo que Osuna llama el recogimiento, también denominado por él, “arte de amor”, “ejercicio” e “industria” (Osuna, 2005: 202). Es una oración silenciosa que reniega de las palabras pronunciadas y que lleva directamente a la contemplación de Dios. En el fondo, el franciscano enseña entonces una técnica del silencio. Para explicarla necesita naturalmente el lenguaje. Pero todo el Tercer Abecedario intenta abolir, vencer el lenguaje. Esta aversión hacia los textos se siente también en su mismo texto que al final quiere ser un anti-texto porque quiere llegar a algo que está por encima de las letras y las palabras. Estos dos objetivos: escribir un texto fácil de memorizar y con ello enseñar a todos una vía silenciosa hacia Dios determina el lenguaje en los Abecedarios de Osuna. Así, la pretensión del autor no era pequeña; consistía en cambiar la vida de sus lectores. Para eso necesitaba las máquinas de la imprenta y una máquina retóricamente poderosa.

Teresa de Ávila, lectora de Osuna

En una máquina no hay vida humana y en un Abecedario no hay narrador en primera persona. Las veces que Osuna dice ‘yo’ son raras. Aunque toda su teoría gira alrededor del concepto de la experiencia, Osuna no habla mucho de sí mismo. Los momentos cuando aparece el autor en primera persona pueden por eso tener un matiz confesional (Osuna, 2005: 192 y 221).

Del mismo modo son vistosos los momentos donde el franciscano inventa imágenes originales. La mayoría son símiles, metáforas y alegorías conocidas en la Biblia, p.e. cuando compara el ejercicio del recogimiento a una “nao” (Osuna, 2005: 182). Esta metáfora hace alusión a la “barca” en Mateo (8,23). Y las gracias que son “alimento espiritual” (Osuna, 2005: 350) pueden ser relacionadas con el pan del Padre Nuestro. Pero Osuna crea también símiles para expresar aspectos singulares de la experiencia mística. En estos momentos su tratado alcanza una individualidad fuera del lenguaje únicamente pedagógico. Un ejemplo remarcable es el símil de la “caza espiritual” y del ánima que actúa como un gavilán¹3.

Ni se amonesta la sentencia de nuestra letra a los que no tienen domado su corazón, cuya natural condición es querer volar a todo lo que ve, como el gavilán que es traído en la mano, los ojos descubiertos, el cual nunca tiene reposo, sino a todo quiere volar; y por eso débenle cubrir los ojos, para que aprenda a volar solamente a la presa que le conviene con más ímpetu y deseo desde que se la muestran. (Osuna, 2005: 159)

Podemos asumir que Teresa de Ávila fue sensible a este registro poético. Cuando ella leyó el Tercer Abecedario no solamente hizo suya la técnica del recogimiento, que ella ya había practicado como oración mental, sino que también incorporó todo lo que es individual e ingenioso en la máquina de Osuna para transformarlo en un nuevo texto que se llamará Libro de la Vida y en el cual el ‘yo’ será el centro de lo dicho. En este libro el gavilán no tiene ninguna entrada en escena. No obstante, la idea de una voluntad inmensa de seguir a Cristo forma el fundamento del libro. En el vocabulario de Teresa de Jesús el concepto de la “determinación” expresa esta idea¹4. Puede ser una mera casualidad pero en la frase en la cual Teresa habla del Tercer Abecedario también habla de esta determinación de seguir a Dios. En el lenguaje personal y coloquial de la Santa dicha idea forma parte de una experiencia autobiográfica:

Cuando iba, me dio aquel tío mío […]un libro: llámase Tercer Abecedario, que trata de enseñar oración de recogimiento. Y puesto que este primer año había leído buenos libros […] no sabía cómo proceder en oración ni cómo recogerme, y así holguéme mucho con él y determinéme a seguir aquel camino con todas mis fuerzas. (Santa Teresa de Jesús, 2001: 18-19)

La metáfora del alma imprimida aparece lo mismo en Teresa, aunque una vez más, no es cualquier alma sino, por supuesto, el alma de la autora:

Vile (Jesuscristo) con los ojos del alma más claramente que le pudiera ver con los del cuerpo, y quedóme tan imprimido, que ha esto más de veinte y seis años y me parece lo tengo presente. (Santa Teresa de Jesús, 2001: 37-38)¹5

Así Teresa modificó las enumeraciones de Osuna haciendo una narración cronológica de su vida donde incluyó las directrices para la oración. De esta forma, ella siguió fielmente la instrucción del Tratado VIII que: “Habla de cómo los que saben han de enseñar, y los que no saben han de ser enseñados en la vida del recogimiento”. La exigencia hacia los lectores es la misma en Osuna y en Santa Teresa: los lectores tienen que interiorizar el texto y cambiar sus vidas. Leyendo a Osuna esta incorporación se hace a través de la memorización, leyendo a Teresa de Jesús se hace a través de la identificación con la autora.

Notas

1 Citamos una revisión moderna de la Biblia, traducida por Casiodoro de Reina que fue la traducción al español más popular durante el Siglo de Oro: Santa Biblia. Antigua versión de Casiodoro de Reina (1569): 1977.

2 El comentario explica: “San Pablo, con una metáfora atrevida, llama a los corintios su ‘carta‘ de recomendación (v.2). Quiere decir que su labor en Corinto era como una carta abierta, que todos podían leer, y que estaba indicando a todo el mundo qué clase de apóstol era él. Ya en otra parte había dicho que los cristianos de Corinto eran el ‘sello de su apostolado‘ (1 Cor 9,2)” (Turrando, 1965: 470).

3 Como se ve en el prólogo del Primer Abecedario Espiritual, Osuna conocía muy bien el proceso de la imprenta. Citamos una frase donde habla directamente de esto: “No compraste sino el papel y pagaste a los impressores su trabajo, que la dotrina y las madrugadas y el sudor del auctor, y la guerra que toma con los embidiosos no se paga con dineros […]” (Osuna, 2004: 128).

4 Esta intención es muy visible en el Tercer Abecedario donde Osuna escribe: “La causa que principalmente me movió a escribir este libro fue por traer a noticia común de todos este ejercicio del recogimiento; donde por esto puse en la letra esta palabra a todos, no siendo aceptador de personas, sino enseñando a todos cómo se han de llegar al universal Señor que quiere ser de todos servidos y tener con todos amistad […]” (Osuna, 2005: 241).

5 Cuando hablo de dísticos me refiero a la opinión común, sostenida por ejemplo por Juan Morcillo Pérez en su introducción al Primer Abecedario donde habla de “versos octosílabos y, a veces, con rima – cuya primera letra coincide con la del capítulo correspondiente” (Morcillo Pérez, 2005: LXI). Estelle Garbay-Velázquez, por lo contrario, habla de “hexadecasílabos”, versos de dieciséis sílabas. Para ella, dos versos con ocho sílabos forman una unidad (Garbay-Velázquez, 2008: 53-71).

6 Frances A. Yates describe esta situación con claridad cuando dice: “It has usually been classed as ‘mnemotechnics’, which in modern times seems a rather unimportant branch of human activity. But in the ages before printing a trained memory was virtually important […]” (Yates, 1966: XI).

7 “Ganz am Ende des Altertums, in der spätesten der drei Vorstufen des noch heute gültigen Missale und Pontificale Romanum, dem Sacramentarium Gregorianum … begegnet uns die Vorschrift, bei der Weihung einer Kirche soll der Priester auf ein am Boden der Kirche hingestreutes Aschenkreuz das griechische und lateinische Alphabet mit einem Stabe schreiben, und diese Vorschrift gilt noch heute” (Dronseiff, 1925: 69-81, 69 y 74-75).

8 “Die 3 steht also in besonderer Beziehung zu Gott.  Weiter ist die 3 ein Symbol für Vollständigkeit: der Mensch ist eine Dreiheit von Geist, Seele und Leib (1. Thess 5,23) als Ebenbild Gottes” (Salomon, 1985: 40).

9 “Die 4 ist tatsächlich auch die Zahl dieser Welt als Schöpfung. Das finden wir schon in der äußeren Struktur dieser Welt bestätigt: 4 Himmelsrichtungen […]” (Salomon, 1985: 45).

10“Die 7 – Summe von 4 und 3 – ist eine heilige Zahl, eine Vollkommenheitszahl” (Salomon, 1985: 63).

11 Osuna, 2005: 131. Además, ibid., p. 202-203. La intensidad de esta descripción recuerda la intensidad de algunas representaciones de la Vita Christi escritas para invitar a sus lectores a meditar la pasión del Señor. La Vita Christi busca conducir a sus lectores del “affectus” al “effectus” (Baier, 2009: 52-58).

12 Osuna, 2005: 339. Además, ibid., p. 201. Este consejo corresponde a una opinión común de la época de la alfabetización donde existía también “una clara actitud de prevención frente a la lectura” (Viñao Frago, 1999: 43).

13 Nos parece que esta imagen tiene un valor individual porque no está mencionada en los grandes diccionarios de referencia. Solamente en la Silva Allegoriarum totius sacrae scripturae el “accipiter” aparece pero sin relación explicita con el concepto de la “caza espiritual” (Lauretus, 1971: 47). Este vuelo en picado del gavilán es como el contrario del “vuelo del espíritu” que se dirige hacia las alturas del cielo. Cf. para el tema de la “caza espiritual”: García de la Concha, 1997: 53-66. Ahí tampoco se menciona el símil del gavilán.

14 Ella aún intensifica este concepto hasta la “determinada determinación” mencionada en el Camino de perfección (Teresa de Jesús, 2013: 125-126).

15 En general la metáfora bíblica del sello tiene una gran importancia en todos los escritos de Teresa como lo explica el Diccionario de Santa Teresa, cf.: “Simbología bíblica” (Diccionario de Santa Teresa, 2002: 589-590).

Bibliografía.

Baier, Karl, 2009. Meditation und Moderne, 2 Bde., Würzburg: Königshausen & Neumann, Bd. 1: Zur Genese eines Kernbereichs moderner Spiritualität in der Wechselwirkung zwischen Westeuropa Nordamerika und Asien.

Diccionario de Santa Teresa. Doctrina e Historia,2002. Burgos: Monte Carmelo.

Dronseiff, Franz, 1925. Das Alphabet in Mystik und Magie, Leipzig/Berlin: Teubner.

Garbay-Velázquez, Estelle, 2008. “Les six Abécédaires spirituels de Francisco de Osuna”, Mónica Güell/Marie-Françoise Déodat-Kessedjian (Ed.), Le plaisir des formes dans la littérature espagnole du Moyen Âge et du Siècle d’or/El placer de las formas en la literatura medieval y del Siglo de Oro, Toulouse: CNRS/Université de Toulouse-Le Mirail, 53-71.

García de la Concha, Víctor, 1997. “Montería y cetrería de amor ‘a lo divino’”, Estudios sobre literatura y arte, Granada: Universidad de Granada, 53-66.

Lauretus, Hieronymus, 1971. Silva Allegroriarum totius sacrae scripturae. Barcelona 1570, fotomechanischer Nachdruck der zehnten Ausgabe Köln 1681, München: Fink.

López Santidrián, Saturnino, 2005. “Introducción”, Francisco de Osuna, Tercer Abecedario Espiritual, Madrid: Biblioteca de autores cristianos, 5-82.

Morcillo Pérez, José Juan, 2005. “Introducción”, Francisco de Osuna, Primer Abecedario Espiritual, XXI-XCVI.

De Osuna, Francisco, 2005. Tercer Abecedario Espiritual, Madrid: Biblioteca de autores cristianos.

De Osuna, Francisco, 2004. Primer Abecedario Espiritual, Madrid: Editorial Cisneros/Centro Cardela Cisneros.

Quirós García, Mariano, 1998. “En torno al método del Abecedario”, Analecta Malacitana. Revista de la Sección de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras 21/2, 573-599.

Salomón, Gerhard, 1985. Zahlen der Bibel. Ihre Symbolik, aufschlußreichen Zusammenhänge und mathematischen Hintergründe, Lahr-Dinglingen: Verlag der St.-Johannis-Druckerei C. Schweickhardt.

Santa Biblia. Antigua versión de casiodoro de Reina (1569), revisada por cipriano de valera (1602), otras revisiones: 1862, 1909, 1960 y 1977, Barcelona: Clie, 1977.

Santa Teresa de Jesús, 2001. Libro de la Vida, Madrid: Biblioteca de autores cristianos.

Santa Teresa de Jesús, 2013. Camino de perfección, Madrid: Editorial de Espiritualidad.

Thomas, Henry, 1928. Buchdruck im Spanien des 16. Jahrhunderts, Hellerau: Demeter.

Turrando, Lorenzo, 1965. Biblia comentada. Texto de la Nácar-Colunga VI. Hechos de los Apóstoles y Epístolas paulinas, Madrid: Biblioteca de autores cristianos.

Viñao Frago, Antonio, 1999. “Alfabetización y primeras letras (siglos XVI-XVII)”, Escribir y leer en el siglo de Cervantes, Barcelona: Gedisa, 39-84, 70-73. Yates, Frances A., 1966. The Art of Memory, London.

Esta obra está bajo licencia
Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s