Teresa de Jesús, enséñanos a orar

cdcordobaSi le preguntáramos a Teresa de Jesús cómo hay que hacer para aprender a orar, su respuesta sería la que se escucha en los capítulos de este audiolibro: una catequesis sobre la oración, sobre la persona del orante, las dificultades y los consejos que da esta Santa y Doctora de la Iglesia -desde su magisterio espiritual- a quien quiere transitar el camino hacia el encuentro con Jesús.

Ha sido realizado por las  Carmelitas Descalzas del Monasterio San José, de Córdoba (Argentina). La música es creación y ejecución de Marcos Cisneros. La adaptación de los textos y la voz es de Hna. Silvia de la Misericordiade Dios (ocd).

Capítulos:

Aprendiendo a orar / Discerniendo sobre lo que no es oración / Un “tratar de amistad”… / Condiciones para la oración / “Siervos del Amor” / Libres para amar / Humildad y verdad / Medios para la oración / La naturaleza habla de Dios / “Amigos fuertes de Dios” / La oración como mirada / Volver los ojos hacia Jesús / Mirarlo y estar con El / Dificultades en la oración / El tiempo / Las distracciones / La sequedad / Eficacia de la oración: “que nazcan obras” / Vida de oración, encuentro y comunión

Se puede adquirir a través de la página web de San Pablo.

HNA. SILVIA DE LA MISERICORDIA DE DIOS O.C.D.

“DIOS NOS DIÓ A TODOS LA CAPACIDAD DE ORAR”

Por JORGE A. BLANCO
Departamento de Audiovisuales Editorial SAN PABLO

La Hermana Silvia de la Misericordia de Dios es una joven carmelita descalza que, junto con el resto de su comunidad, quiere compartir con los demás la riqueza de la vida contemplativa a la que fue llamada e introducirnos en el camino de la oración de la mano de santa Teresa de Jesús. Por ello, produjo y le puso su propia voz a un audiolibro titulado Teresa de Jesús, enséñanos a orar, en el cual nos invita a rezar y meditar a partir de la adaptación de las enseñanzas que la Mística y Doctora de la Iglesia nos dejó en sus memorables escritos espirituales. Desde su claustro del Monasterio Carmelita San José, de la provincia de Córdoba, la Hna. Silvia dialogó en exclusiva con la ROL para contarnos algunos detalles del espíritu con que grabó esta interesante obra y otros aspectos sobre la espiritualidad teresiana y la oración en general.

—Hna. Silvia: cuesta imaginar a una monja de clausura entre micrófonos y equipos de grabación digital… ¿Cómo podría definir esta experiencia?

SMD: —Me ha sorprendido la pregunta, no pensé que costase tanto… ¡porque vivo en este mundo y en esta época digital! Hay ciertas actividades que requieren el uso de los medios que Dios nos regala gracias a los avances científico-tecnológicos. En este caso, esto está al servicio de compartir nuestra espiritualidad… ¿Cómo podría definir esta experiencia? A ver… me remito al prólogo del evangelio de san Juan: “La Palabra se hizo carne”, nos cuenta el evangelista. Se ve que Dios estuvo y está muy interesado en comunicarnos algo de sí mismo, de su amor, de su reino, de cómo quiere morar entre nosotros. El Señor usó varios “micrófonos”: por ejemplo, la naturaleza, los corazones… lo vemos a Jesús en el Monte de las Bienaventuranzas, lo vemos comunicando su fuerza de sanación con los enfermos, lo vemos predicando en la sinagoga, etc. ¿Y qué me pasa a mí? Me pasa que esa palabra de vida se me ha manifestado y no puedo callar lo que he visto y oído. Así que la puedo definir así: como una experiencia muy actual y muy real de comunicar a otros lo que para mí es una muy Buena Noticia, y sé que lo será también para el que la escuche…

—Contanos cómo nació la idea de hacer este audiolibro y cuál es el objetivo de la grabación.

SMD: —Hace años que me habita una inquietud: ¿cómo hacer para que la riqueza espiritual de los santos carmelitas sea accesible a todos? La espiritualidad del Carmelo es un don del Espíritu Santo en la Iglesia ¡que es para todos! O sea, no es solo para frailes y monjas, ¡sino también para todos! Y este audiolibro es un intento de hacer cercano el mensaje de Teresa de Jesús sobre la oración, como una invitación a la que todos estamos llamados, precisamente, como ella misma decía: “seguir por este camino de oración al que tanto nos amó”.

—El CD transita el magisterio espiritual de Teresa de Jesús: ¿Qué aspectos de la figura de esta santa crees necesario descubrir o revalorizar en estos tiempos que corren?

SMD: —Te diría que hay varios aspectos de su vida que son muy cercanos a nosotros, hasta te sorprendería cuántos…; por ejemplo, y empiezo por lo que todos vemos a diario: ¡el dolor de nuestra gente! El sufrimiento de los desplazados y los refugiados. La intoxicación letal de nuestros jóvenes que van tras una pastilla “Superman” en busca de un sentido más pleno en la vida… aunque no lo sepan. Esas situaciones a todos nos pegan fuerte; también a Teresa le pegaron fuerte y mucho las situaciones que se vivían en su época. De hecho, ella misma nos cuenta que lloraba ante el Señor y le pedía que remediase tanto mal, hasta le decía que estaba “ardiendo el mundo”. Qué realidad tan actual: ¡el mundo está ardiendo! Este gemido se encarna dentro de cada vida orante, en la de Teresa, en la mía, en la tuya, en la de los lectores! Emprender un camino de oración, de amistad con Jesús, de la mano de Teresa es hacerse cargo de la realidad, tal cual la vivís hoy. Estar unido a Jesús en intimidad de comunión con todos. Es uno de los aspectos de la dimensión de la encarnación en la espiritualidad teresiana: un Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre que asume los llantos de la humanidad y nos comparte, ya desde ahora, su triunfo sobre la muerte con la alegre esperanza de la Resurrección. Este Dios que enjuga nuestras lágrimas y nos dice: “haz tú lo mismo” (cf. Lc 10, 37).

Otro punto que podríamos tomar es la búsqueda de un algo más, que dé sentido a nuestras vidas. El camino existencial-espiritual de Teresa de Jesús no fue rectilíneo. Estuvo lleno de caídas y levantadas, con idas y venidas. Hasta que se encontró con el Dios verdadero, muchas veces Teresa experimentó sus propios escapismos. Esto es algo que nos pasa también a nosotros: tenemos idas y venidas, reveses, inconsistencias; pero, también, un constante deseo que nos tensa a buscar más y más, a buscar la verdad de nuestra propia vida, el sentido y la plenitud de nuestra existencia. Ante ello, esta mujer mística, buscadora apasionada, nos muestra que “no estamos huecos en lo interior”, que somos como un castillo en cuyo centro y mitad hay un diamante y que hay que animarse a entrar en nuestro interior por la puerta de la oración. Allí Jesús nos enseñará quiénes somos y quién es él, y nos descubrirá esas verdades hondas por las que clama nuestra existencia…

Y un tercer aspecto que podemos destacar, en relación con este “Año Extraordinario de la Misericordia” que estamos celebrando, es, justamente, la experiencia de la misericordia de Dios que tuvo ella. Tanto experimentó Teresa este amor misericordioso de Dios que nos dice que “más se cansó ella de ofenderlo que él de perdonarla”. ¡Qué mensaje tan esperanzador!

— Llama la atención que algunos capítulos están dedicados a las dificultades que se le presentan a quien decide orar… ¿es porque a rezar también se aprende?

SMD: — ¿Se aprende a amar?, ¿se aprende a vivir la ternura?, ¿se aprende a perdonar? ¡Sí!… ¿verdad? Pero, ciertamente, todos sabemos que, aunque somos capaces de amar, de vivir la ternura y de perdonar, no siempre nos sale bien, tenemos nuestras dificultades en el camino, pero vamos aprendiendo… Lo mismo sucede con el camino de la oración. A todos, Dios nos dio la capacidad de orar; es una capacidad que llevamos inscrita, sellada en las entrañas de nuestra alma. Podríamos poner esta imagen: al crearnos, Dios nos tocó con su dedo de amor y nos dejó impresas sus huellas dactilares como unas hendiduras sutiles y delicadas en el alma, que claman ser llenadas. Ese clamor se convierte en oración que lo vamos aprendiendo a lo largo de nuestra vida, con las dificultades propias de quien aprende. Lo importante es que “comencemos siempre de bien en mejor”…

— Quiero finalizar haciéndote esta pregunta: en una sociedad tan materialista y utilitaria como la actual, hay quienes sostienen que rezar es “perder el tiempo”. Desde tu experiencia cotidiana, la de quien ha consagrado su ser a la vida contemplativa, ¿qué respuesta darías?

SMD: — Les diría que sí, que estoy de acuerdo, ¡muy de acuerdo! Orar es “perder el tiempo”. Como quien pierde el tiempo con la persona amada, mirándola a los ojos, sin pronunciar palabra. Como quien pierde el tiempo sirviendo a un enfermo, que no podrá dar las gracias porque ya no puede comunicarse. Como quien pierde el tiempo con un niño al que ayuda a dar sus primeros pasos, aunque vuelva a caerse una y otra vez. Hay tantas formas hermosas de “perder y gastar el tiempo” que nos hacen más humanos, y, por eso, más divinos. Sí, orar es perder el tiempo; es dejar que se pierdan los minutos del reloj ante la Presencia de un Amor que nos empapa la vida. Que, en definitiva, para este fin de amor fuimos creados… ¡Perdamos el tiempo buscándolo! ¡Y nos daremos cuenta de que es la mejor manera de ganarlo! Porque “el que pierda su vida por mí y por el evangelio la ganará para la vida eterna” (Cf. Mc 8, 35).


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