Teresa de Jesús y el mercader Simón Ruiz. A propósito de una exposición


El Museo de Ferias de Medina del Campo (Valladolid) acoge, de mayo a septiembre de este año, una magnífica exposición dedicada a un personaje coetáneo de Teresa de Jesús: “Simón Ruiz: mercader, banquero y fundador”, considerado el más célebre banquero de su tiempo:

Simón Ruiz Envito nace en Belorado (Burgos) en 1525 y a mediados de siglo llega a Medina del Campo donde se establece como mercader comerciando al por mayor con géneros de importación. Sus primeros negocios se basan en el comercio de lienzos de Nantes y mercancías de Bretaña y Aragón en las ferias más importantes de Castilla. Los grandes éxitos que le acompañan desde los comienzos de su actividad le convierten en un hombre de considerable fortuna, circunstancia que le permite iniciar una segunda etapa en su trayectoria profesional orientada al comercio del dinero. En los cinco últimos años de su vida -muere el 1 de marzo de 1597-, Simón Ruiz se consagra por entero a la construcción de un gran hospital, su gran obra de mecenazgo¹.

Cuando en 1567, la Madre Teresa se disponía a abrir su segundo convento en Medina, Simón Ruiz, ya nombrado regidor de la villa, se posicionó a favor de la fundación. En el interrogatorio que se le hizo, declaró lo siguiente: “En esta villa le parece a este testigo harían mucho provecho, así a personas mujeres que se meterán en el dicho monasterio, y aun están esperando algunas para en viniendo meterse en la dicha religión”².

En Medina, Simón Ruiz se había casado con María de Montalvo en 1561. Como el matrimonio no tenía hijos, criaron en su casa a Isabel, una sobrina huérfana, hija de Víctor Ruiz, hermano del próspero mercader.

Las crónicas cuentan que a esta joven “dotóla Dios de hermosura, de discreción, de grande entendimiento”. Cuando Isabel tuvo edad para ello, su tío Simón intentó casarla con un caballero “rico y principal de Palencia”. Pero ella no lo consintió y poco después, en septiembre de 1559, entraría en el  Carmelo de Medina, junto a una criada, convertida en amiga y compañera de su aventura espiritual. Tomaron los nombres de Isabel de los Angeles y María de San Francisco, respectivamente.

Conservamos una carta de Teresa de Jesús a Simón Ruiz que data del mes siguiente, octubre de 1559, en respuesta a una recibida del mercader. Se congratula la Madre de la entrada de ambas, y se hace eco del efecto que el acontecimiento ha causado en Medina:

«No es maravilla haya hecho devoción y movimiento, porque está tal el mundo por nuestros pecados, que pocas de las que tienen cómo vivir en él, a su parecer con descanso, abrazan la cruz de nuestro Señor, y quédales harto mayor en quedarse en él».

Sin embargo, más adelante, se producen una serie de intromisiones por parte de la familia que Teresa de Jesús no podía consentir. Obtuvieron del P. General Rubeo permiso para que la tía de Isabel, María de Montalvo, entrara en clausura “cuando le pareciere”³, a fin de “consolarse con una sobrina de su marido, monja en él”. No solo esto, sino que, al tiempo de profesar, Isabel quiso renunciar a toda su fortuna en favor del monasterio, y la familia se opuso con fuerza, pidiendo a cambio el patronato de la Iglesia mayor del convento. Les apoyaba el provincial de los Calzados, el P. Ángel de Salazar. La joven y la comunidad se oponían a tales exigencias, y las consideraban injustas, puesto que Isabel podía disponer libremente de sus bienes como deseara.

A la vista de la situación, Teresa decide, hábilmente, el traslado de Isa­bel de los Ángeles al recién fundado Carme­­lo de Salamanca, y allí profesará el 21 de octubre de 1571, lejos de sus familiares pero festejada con dos hermosos poemas que la santa le había dedicado. Uno de ellos, para su toma de hábito: «Hermana, porque veléis…», y otro, con motivo de su profesión  «Sea mi gozo en el llanto…».

Isabel de los Ángeles fallecería pronto, apenas tres años después de profesar, en 1574. Así se lo comunicaba la Madre Teresa a María Bautista por carta: “Sepa que Isabel de los Ángeles, que es la de las contiendas de Medina, se la llevó el Señor, y una muerte que, si hubiera quien la pasara como ella, se tuviera por santa. Cierto, ella se fue con Dios, y yo me estoy acá hecha una cosa sin provecho” (A María Bautista, finales junio 1574).

En estos breves apuntes, hemos querido recoger la conexión de Teresa de Jesús con el rico Simón Ruiz. Como vemos, este personaje se cruza en la vida de la santa, como hicieron tantos otros de su tiempo. Conocerlo a él y su ambiente es una manera de adentrarse en ese mundo mercantil del siglo XVI y, en el fondo, una ayuda para entender mejor el mundo y las gentes con las que la Madre tuvo que bregar. Por eso, os invitamos a visitar la exposición. Hasta el 11 de septiembre, hay tiempo.

_____________________________________

¹Cf. Cátedra Simón Ruiz
²BMC, t. 5, p. 345.
³Letras recibidas, , n.8, Obras completas de santa Teresa t.3 (Madrid 1959, B.A.C) pp. 841-842.


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