‘La más querida’: carta de 7 de agosto 1580

El 7 de agosto de 1580, día de San Alberto de Trápani, Teresa de Jesús escribe esta carta desde Medina. Es la única que se conserva de las que escribiera a su sobrina quiteña Teresa de Ahumada (1566-1610), la hija de su hermano Lorenzo y de doña Juana Fuentes y Espinosa. De ahí el interés de la misma. El primer párrafo hace referencia a un intercambio epistolar amplio: «Mucho me holgué con su carta, y de que le den contento las mías lo es harto para mí, ya que no podemos estar juntas».

Teresita quedó huérfana de madre al año de nacer, y con nueve, dejó su tierra para venir a España en un duro viaje en el que fallecerían uno de sus hermanos y su tío Jerónimo. A mediados de agosto de 1575, llegaron a Sevilla los hermanos de la Santa, Pedro de Ahumada y Lorenzo de Cepeda, con los hijos de este: Francisco, Lorenzo y Teresa. Se dio la feliz coincidencia de que la Madre Teresa de Jesús estaba en la ciudad, para la fundación del convento hispalense. Teresa se prendó de la niña, que fue admitida en el Carmelo, tras la oportuna consulta a diferentes canonistas, como sabemos por la propia Santa: «Llamóse al doctor Enríquez para lo de Teresita, que es de los mejores letrados de la Compañía. Dice que entre otras cosas que le enviaron del Concilio declaradas […] que no se puede dar hábito de menos de doce años, mas criarse en el monasterio sí» (Al padre Jerónimo Gracián, 27 septiembre 1575).

Conservamos un retrato de la niña, pintado por fray Juan de la Miseria, el mismo retratista de la Santa, en Sevilla.

Teresita se tomaría muy en serio su vocación, y, acompañando a su padre hasta Ávila, pasaría a residir en el convento de San José, desde julio de 1576.

Teresa de Jesús siempre mantuvo un gran afecto por esta sobrina, algo que vemos reflejado en la carta. Ya el sobrescrito lleva este rótulo: «Para mi querida hija la hermana Teresa de Jesús». Y, en el cuerpo de la carta, Teresa justificará el escribirle a ella y no a otra hermana de la comunidad con estas palabras: «A Isabel de San Pablo quisiera responder y no hay lugar. Déle mis encomiendas –que ya sabe ha de ser Vuestra Caridad la más querida–».

Teresita pasaría por momentos difíciles, como ella misma relata en sus declaraciones en los procesos de beatificación de su tía, donde describe una crisis vocacional: «batallando dentro de sí, de si dejaría esta Orden e iría a otra, y todo esto encubriéndolo mucho a la Santa Madre» (BMC, tomo 2, 344). Pero, sobre todo, se vio muy alterada por la familia, ya que, tras la muerte de su padre, la suegra de su hermano presionaría para que Teresita modificara las disposiciones testamentarias hechas en favor de ella y de San José de Ávila, donde iba a profesar:

«Otra vez, piensa que estando en Valladolid, andaba ansí en cosas de su alma, como en negocios tocantes al testamento de su padre y su dote de esta declarante, muy turbada, y apartándose de los consejos y comunicación de la dicha Santa Madre, hacía esta declarante el parecer de otras personas seglares, procurando encubrirlo todo cuanto podía a la Santa Madre; pero Dios, que todo lo sabe, dio a entender a esta declarante sus enredos y se los fue diciendo la Santa Madre» (BMC, tomo 2, 344).

Cuando la Madre escribe la carta a Teresita, esta no es aún novicia, ya que hasta primeros del año siguiente no iniciaría propiamente el noviciado.  La misiva nos deja traslucir dificultades interiores de la joven, que comparte con su tía. Su padre había fallecido recientemente, el 26 de junio de ese año. Le invade una gran sequedad espiritual. La Santa intenta calmar la inquietud de su sobrina, asegurándole que esa sequedad que experimenta es una muestra de que Dios la trata como a “fuerte”, es decir, como a persona madura, que no necesita continuos regalos interiores para entregarse a Él. Quiere adiestrarla en el amor gratuito, asegurándole que lo importante no es el gusto espiritual sino la virtud.

Teresa trata también de contrarrestar los escrúpulos de la joven, enseñándole la diferencia entre pensar y consentir en algo: «no piense que en viniendo una cosa al pensamiento luego es malo». Le aconseja distraerse cuando le venga un mal pensamiento, o hacer algún gesto de rechazo, como santiguarse, rezar un padrenuestro o darse golpes de pecho: «antes será mérito, pues resiste».

Aparece también en la carta el hermano de Teresita, Francisco de Cepeda, que acompañará a la Madre a Valladolid para unas gestiones referentes al testamento de su padre: «Don Francisco está como un ángel y bueno». Unos meses más tarde, sorprendería a todos marchándose al noviciado de Pastrana, de donde Doria lo despediría muy pronto. Pero esa es otra historia.

Teresita acompañaría a la Madre en la difícil fundación de Burgos, y asistiría a su muerte en Alba de Tormes.  Solo tras esta tercera orfandad, la joven carmelita llegaría a descubrir qué habían supuesto para ella la enseñanza y el cariño de su tía.

Lee la carta en este enlace.

 

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