‘Acaben ya de matarme’: Carta del 14 de noviembre de 1581

La carta que hoy nos ocupa forma parte del grupo de misivas familiares de Teresa de Jesús. Conservamos tres cartas dirigidas a su cuñado Juan de Ovalle (1527-1595), y otra más, dirigida conjuntamente a él y a su esposa, la hermana menor de la Santa, Juana de Ahumada. El matrimonio residía en Alba de Tormes. Tuvieron cinco hijos, aunque solo dos llegaron a edad adulta: Gonzalo y Beatriz. Colaboraron en la fundación de San José de Ávila (1562), cuando la Santa los mandó llamar para hace pasar como arreglos en una vivienda suya lo que eran las obras del nuevo monasterio que se iba a fundar.

En esta ocasión, el tema que aborda Teresa es un caso de escándalo que afecta a su sobrina Beatriz, por entonces de 21 años, y a D. Gonzalo, un hombre casado, amigo de la familia que frecuentaba el hogar de los Ovalle. La esposa de este ha ido esparciendo calumnias de una supuesta relación entre la joven y su marido.  Así narraba Teresa el asunto por carta a un clérigo amigo, también residente en Alba, como los Ovalle:

«Bien creo que vuestra merced lo sabrá —porque me dicen es cosa pública, por mis pecados— la gran pasión que tiene su mujer de don Gonzalo, porque se lo han dicho, y a ella se le ha antojado, que su marido trata de ruin amistad con doña Beatriz, su hija de mi hermana; y esto afirma y dice tan públicamente que por la mayor parte le deben dar crédito. Y así, cuanto a su honra de la moza, ya debe estar tan perdida que no hago caso, sino de las muchas ofensas que se hacen a Dios. Estoy en extremo lastimada cosa mía sea ocasión de esto, y así he procurado con sus padres la quiten de ahí, porque algunos letrados me han dicho están obligados; y, aunque no lo estuvieran, me parece cordura huir como de una fiera de la lengua de una mujer apasionada. A ellos les dicen otros que es hacer verdad lo que es mentira, y que no hagan mudanza. Dícenme están descasados marido y mujer. Veo que ya se trata aquí en Ávila por parte de la hermana de ella, y levantan hartas mentiras los que se lo dicen -y aun en Salamanca se sabe ya-, y que el mal va creciendo, y de una parte ni de otra no se pone remedio, ni sus padres hacen caso de cosa que les digo -que no son pocas-, sino dicen que me engañan» (Carta a don Sancho Dávila, en Alba, Ávila, 9 octubre 1581).

La pena de Teresa, que aparece también en la carta dirigida a su cuñado Juan, es la inacción de los padres de la joven, que no ponen pronto remedio a este conflicto, y permiten que se siga destruyendo la reputación de Beatriz, con lo que ello podía suponer para su futuro, en un tiempo en el que la honra lo era todo para una mujer. Apremia a Juan de Ovalle para que aleje de Alba a su hija, con expresiones vehementes en las que se presenta como afectada por este asunto: “Por amor de nuestro Señor, que vuestra merced no se descuide”, “por amor de Dios, que acaben ya de matarme”. Como se acerca el invierno, y los Ovalle solían ir a Galinduste, —donde tenían propiedades, ya que la familia de Juan era oriunda de este lugar, y donde contaban con buena chimenea y leños para calentarse— Teresa le insiste en que lo hagan pronto, y de ahí, luego vayan a Ávila, según han acordado. Finalmente, la tenacidad de la Madre lo conseguirá. Al año siguiente, la joven se instalará en Ávila, en casa de su tío Pedro Álvarez Cimbrón, primo hermano de su madre.  Dos años después de muerta la Santa, Beatriz entraría en el Carmelo de Alba en 1584.

Otros asuntos familiares aparecen en esta misiva. La familia tenía la mirada puesta en América, de donde se espera ayuda económica, pero la inesperada muerte de Lorenzo de Cepeda el año anterior ha acarreado dificultades burocráticas: “han venido cartas de las Indias y no dineros”. Se requerirá autorización de Francisco, hijo del difunto, para el envío. Otro de los hermanos conquistadores en las Indias, Agustín, también es mencionado por Teresa, y su situación, afrontada con gran realismo: “Agustín de Ahumada dice que vendrá de aquí a un año, y no rico sino a que le haga mercedes el rey. Dicen se las hará, porque ha servido mucho, y tendrá el favor del virrey, que es venido”. Ese proyecto lo cambiará por otro, al año siguiente: la búsqueda del Dorado, con los dineros de su sobrino Lorenzo de Cepeda y que acabaría en fracaso. No sería hasta mucho más tarde cuando regresara a España para pedir favores, que conseguiría, y que le llevarían de nuevo a volver a América.

Otro familiar que nombra Teresa gira en torno a su sobrino Lorenzo de Cepeda, que había regresado a América para hacerse cargo de la hacienda de su padre, Lorenzo de Cepeda. Allí, nada más llegar, contrae matrimonio. En España había dejado una hija natural, por la que Teresa intercederá, para que no se olvide de sostenerla económicamente (Cf. Carta a Lorenzo de Cepeda, hijo, 15 de diciembre de 1581).

Como podemos apreciar, Teresa seguía muy de cerca y activamente, las peripecias familiares. De todos se preocupaba y a todos asistía. No le dieron pocos quebraderos de cabeza.

Puedes leer la carta en este enlace:


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