La seducción de una geógrafa del alma

Pedro Paricio Aucejo

Desde su época a nuestros días, el talante de Teresa de Ahumada como mística, fundadora y escritora ha cautivado, a lo largo de los siglos, dentro y fuera de la espiritualidad católica e incluso en el ámbito de la increencia. Especialmente llamativa resulta la seducción ejercida por esta mujer sobre literatos incrédulos o indiferentes en materia religiosa, hasta el punto de resultar decisiva su influencia espiritual en los procesos de transformación personal y literaria de autores como Dawson, Schumacher y Williamson en el siglo XX, dentro de la cultura anglosajona, o de Joris-Karl Huysmans (1848-1907), que protagonizó una de las conversiones al catolicismo más llamativas en la Francia del momento.

En este último caso, se trata –según la filóloga palentina Julia Amezúa¹– de uno de los escritores galos más eclécticos de finales del XIX: naturalista con Émile Zola (1840-1902), autor de la llamada ‘biblia del decadentismo’ y experto en satanismo finisecular, tras su conversión al catolicismo llegó a consagrarse como oblato seglar en la abadía benedictina de Ligugé y asistió a los monjes como sirviente. Poeta y novelista, a partir de 1884, con A contrapelo, exhibió ya la herida interior que, trabajada por la gracia, le arrastrará a su conversión, si bien en ese momento no tenía todavía conciencia de ello. Ocho años después, se convirtió al catolicismo tras un tortuoso recorrido narrado en las novelas En camino, La catedral y El oblato.

En su tránsito personal desde la oscuridad hacia la luz, los místicos fueron sus guías espirituales, destacando la influencia del beato belga Jan Van Ruysbroeck (1293-1381) y las santas italianas Ángela de Foligno (1248-1309), Catalina de Génova (1447-1510) y Magdalena de Pazzi (1566-1607). Pero, entre todos ellos sobresalió la figura de santa Teresa de Jesús, que se convirtió en su interlocutora necesaria. Su admiración por ella resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta la displicente actitud de Huysmans hacia la literatura hispánica.

Le fascinó la compleja personalidad de la monja castellana. En su obra En camino dijo de ella por boca del abate Gévresin: “Exploró más que nadie las regiones desconocidas del alma; es, de algún modo, su geógrafa; sobre todo, levantó el mapa de sus polos, marcó las latitudes contemplativas, las tierras interiores del cielo humano; otros santos las habían recorrido antes que ella, pero no nos habían dejado una topografía ni tan metódica, ni tan exacta… Que es una psicóloga admirable, eso es seguro; mas cuán singular mezcla muestra también de mística ardiente y de fría mujer de negocios. Pues al fin y al cabo tiene un doble fondo: es una contemplativa fuera del mundo y es igualmente un hombre de estado; un Colbert femenino de los claustros. En suma, jamás mujer alguna fue tan perfecta obrera de precisión a la vez que tan firme organizadora”.

Valoró igualmente el alcance de su santidad, estimando que fue “una santa que comprobó sobre sí misma las fases sobrenaturales que describía, una mujer cuya lucidez fue más que humana”. Del mismo modo ensalzó la trascendencia de sus libros, al considerar que la escritora española “es única y sin rival. En ninguna literatura hay nada comparable con ella… [Sus] cartas son divinas en la verdadera acepción de la palabra”.

Más aún, sus referencias a hechos y actitudes de la religiosa de Ávila son numerosas en muchas de sus obras. Así se puede constatar en el propio título de su novela En camino, con el que no solo evoca un símbolo recurrente en la mística carmelita, sino que trata también de la trayectoria del alma en su búsqueda de Dios. También en otros escritos Huysmans recurre a ella ya para aprender a discernir las voces interiores; ya para aprovechar las recomendaciones dadas a los principiantes por la Santa en materia de oración, con el fin de evitar la caída en la aflicción y poder seguir con determinación su camino hacia Dios; ya para denunciar la ignorancia e incultura del clero secular. En este último caso, le agradaba sin duda la reivindicación que del saber y de los hombres de letras hizo Teresa de Ahumada –como ‘amiga de letras’ que era–, frente a los clérigos ‘medio letrados’ que causan daño a las almas.

En definitiva, para la profesora Amezúa, la huella de la descalza abulense no se encuentra solo en los libros católicos de Huysmans, sino también en sus entrevistas en prensa, en su conocimiento de los carmelos de París y en su epistolario. De este modo, santa Teresa de Jesús inspiró la determinación que condujo, en el convulso fin de siglo XIX, a la conversión de este escritor y a su posterior consagración como oblato.

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¹Cf. AMEZÚA, Julia, ‘Santa Teresa y los escritores conversos: el caso de Huysmans’, en PÉREZ CUENCA, I., ABRADELO DE USERA, Mª I., CID VÁZQUEZ, T. (coord.), Santa Teresa de Jesús, maestra de vida [Actas del Congreso Interuniversitario celebrado en Ávila del 1 al 3 de agosto de 2015. En archivo de Internet: https://drive.google.com/file/d/1-kz1q-LYFwYqpHR3pqtDYPBlwrzfvnmV/view], Ávila, Servicio de Publicaciones Universidad Católica de Ávila, 2015, pp. 267-281.

 

 

 

 

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