La familia albense de santa Teresa

“Primer milagro de Santa Teresa de Jesús. Resurrección de su sobrino don Gonzalo Ovalle”, Luis de Madrazo y Kuntz, MNP

Pedro Paricio Aucejo

Desde bien pequeña se evidenció entre sus íntimos el agradable carácter de Teresa de Ahumada, propiciado por los dones naturales –bondad, sencillez, transparencia, alegría…– que adornaron su afectividad y que, tiempo después, fascinarían a cuantos la conocieran, propios y extraños: “en esto me daba el Señor gracia, en dar contento adondequiera que estuviese, y así era muy querida”. Este fondo innato de afabilidad es el que presidió la relación con su numerosa familia de origen, integrada por su padre don Alonso, su madre doña Beatriz y sus hermanos Juan y María (hijos del matrimonio de su padre con doña Catalina del Peso, su primera esposa, fallecida en 1507) y Agustín, Antonio, Hernando, Jerónimo, Juana, Lorenzo, Pedro y Rodrigo (hijos, como Teresa, de su segundo casamiento, celebrado en 1509)¹.

De sus dos hermanas, santa Teresa de Jesús sintió un afecto especial por Juana, incrementado por la protección que sobre ella ejerció en razón de ser su hermana menor y por el hecho de que, durante un tiempo, esta fue el único miembro de su familia que le quedó en España, pues el resto de hermanos varones se encontraban en América. No cabe duda de que, en ese período, Juana fue el pariente más importante en el mundo afectivo de la monja abulense. Por ello, asistió con agrado en 1553 a su boda en Alba de Tormes y a la formación del nuevo hogar integrado inicialmente por Juana y su marido, Juan de Ovalle, y después por sus cuatro hijos, de los que sobrevivieron solo dos, Beatriz y Gonzalo de Ovalle, a quienes la Santa reservó  muestras continuas de cariño en sus cartas².

Esta presencia familiar fue uno de los motivos que desencadenaron las visitas de la mística castellana a la población salmantina, así como el envío de correspondencia epistolar, en unos casos dirigida a los Ovalle-Ahumada y en otros a los duques de Alba. Precisamente las cartas teresianas intercambiadas con la familia ducal reflejaron asuntos acerca de la poco saneada hacienda de los Ovalle o de la estancia invernal en las posesiones familiares del cercano lugar de Galinduste, adonde la entonces priora de la Encarnación envió una misiva solicitando a su hermana un lote de pavos para alimentar a sus monjas. Pero lo más doloroso vertido en esta correspondencia fue el asunto de lo ocurrido con su sobrina en el último año de vida de la Santa. En ella la reformadora se mostró rotunda con su hermana y su cuñado respecto de su proceder en la calumnia que circulaba por la villa sobre unas supuestas relaciones amorosas entre Beatriz y un caballero albense separado de su mujer.

En cualquier caso, los Ovalle-Ahumada prestaron decisivos servicios a la descalza universal, agradecidos y mencionados por ella en sus escritos. Así, el matrimonio albense colaboró en la primera fundación teresiana, la del monasterio de san José. No solo aceptaron trasladarse temporalmente a Ávila para seguir las obras de adaptación de unas casas a monasterio, sino que tuvieron que hacer frente también a la escasez de dinero y otras penurias de esta obra. Especialmente durante la ausencia temporal de la carmelita en la ciudad, con ocasión de consolar en su viudez a doña Luisa de la Cerda en Toledo, tuvieron que dar la cara por la Santa, que tenía en contra a toda la sociedad abulense.

Incluso es probable que los Ovalle-Ahumada ejercieran también influencia sobre el matrimonio Velázquez-Layz para conseguir una fundación teresiana en Alba que llenara sus aspiraciones de caridad. Este acomodado matrimonio sin hijos acometió el proyecto, comprometiéndose de manera tal que le llevó hasta a donar los terrenos en los que estaba su propia residencia. Asimismo, la ayuda familiar se plasmó en otras gestiones de menor relevancia pero de imprescindible necesidad, como la del traslado de la Santa a Toledo por parte de su cuñado, así como el acompañamiento de este y su hijo Gonzalo en otros viajes relacionados con tareas fundacionales en Segovia y Sevilla. Más aún, Juan de Ovalle –que fallecería en 1595–, una vez muerto su hijo en 1588, su mujer Juana en 1589 y habiendo profesado como carmelita su hija en Alba desde 1585, dejó a este convento en herencia todos sus bienes.

Por este motivo, en agradecimiento a la dedicación y entrega de toda la familia, el Carmelo albense dio enterramiento al matrimonio Ovalle-Ahumada y a su hijo en la iglesia conventual, no muy lejos del sepulcro de la fundadora.

¹La información fidedigna sobre los hermanos de santa Teresa de Jesús es todavía hoy un asunto controvertido, dadas las dificultades para establecer con exactitud todos los datos al respecto. En mi caso, cito alfabéticamente los hijos habidos en sus dos nupcias, ciñéndome a los enumerados según las circunstancias generalmente aceptadas. Para un estudio pormenorizado sobre el estado de esta cuestión, cf. PÉREZ GONZÁLEZ, María José, “Los hermanos de Teresa de Jesús”, disponible en <https://drive.google.com/file/d/0B-MfH1PXSMx9OWhHLXNFN2JtZ1U/view> [Consulta: 21 de enero de 2020].

²Cf. DIEGO SÁNCHEZ, Manuel, “Teresa de Jesús y Alba de Tormes: una relación cordial e ininterrumpida”, en CASAS HERNÁNDEZ, Mariano (Coordinador), Vítor Teresa. Teresa de Jesús, doctora honoris causa de la Universidad de Salamanca [Catálogo de exposición], Salamanca, Ediciones de la Diputación de Salamanca (serie Catálogos, nº 213), 2018, pp. 119-148.

 


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