El Carmelo de Teresa de Jesús. Sus herederos y colaboradores

Daniel de Pablo Maroto, ocd
Convento de La Santa-Ávila

Presento una obra que acaba de salir al mercado y que puede interesar a los lectores de las Obras de la Santa abulense y de su obra reformadora que todavía sigue viva. Cientos de conventos de su familia espiritual, las monjas y los frailes carmelitas; innumerables familias de laicas y laicos del Carmelo seglar y de congregaciones religiosas afiliadas a la orden, siguen alimentándose de su herencia. A todos ellos se dirige la obra en primer lugar; pero hay otros muchos lectores interesados en conocer todo lo referente a ella y a su entorno religioso y cultural, a su persona y a su mundo. Presento en síntesis el contenido del libro.

Anoto que se trata de capítulos breves que facilitan la lectura y los deseos de seguir leyendo, divididos en siete apartados. Primero, los fundadores, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, que son la fuente de la escuela de espiritualidad carmelitano-teresiana. Junto a ellos, dos personajes necesarios de los orígenes: el general de la orden, Juan Bautista Rubeo, y el compañero de Juan de la Cruz en la primera casa de la orden, Duruelo, el P. Antonio de Jesús.

En la Segunda parte, las grandes figuras femeninas de la Reforma teresiana, comenzando con las que iniciaron la experiencia espiritual propuesta por la fundadora Teresa en el convento de San José de Ávila. Siguen cinco carmelitas seleccionadas por la madre Teresa, entre ellas Ana de Jesús, María de San José y Ana de San Bartolomé.

En la Tercera parte, los grandes hombres que siguieron el proyecto de vida fijado por la fundadora Teresa, entre los que destacan los Padres Jerónimo Gracián, Nicolás de Jesús María (Doria) y el biógrafo de la Santa e ilustre escritor místico, Tomás de Jesús.

 En la Cuarta parte, la más abundante, hago memoria especial de todas las gentes que ayudaron a la fundadora Teresa en su vida espiritual y en la extensión de su obra reformadora. El entrañable amigo y noble personaje, el obispo de Ávila, Don Álvaro de Mendoza; el rey Don Felipe II, que tanto estimó a la madre Teresa y salvó su Reforma del Carmelo; el nuncio amigo y santo, Nicolás Ormaneto; y una innumerable multitud de colaboradores de su obra fundacional, amigos y amigas de la ciudad de Ávila y de otros lugares; sus queridos mercaderes que la sacaron de apuros en las finanzas que se agotaban; los acompañantes y sufridores en las correrías de los caminos; los carteros ordinarios o gentes de paso; los recueros, arrieros y carreteros, que transportaban a ella y sus monjas de convento en convento, siempre de alquiler.

Después vendrán otras ayudas a su persona y a su obra de Fundadora como los frailes de las grandes órdenes religiosas, los carmelitas calzados, los dominicos, jesuitas y franciscanos. La ayudaron también dos grandes personajes de la Inquisición, que terminaron siendo amigos y defensores de su obra y de sus escritos: Don Gaspar de Quiroga y Don Francisco de Soto y Salazar

Y entre los “adversarios”, creo que nunca enemigos, al menos por parte de Teresa, los altos eclesiásticos, el nuncio “vidrioso”, Felipe Sega, decidido a acabar con su obra reformadora sometiéndola a la orden del Carmen. Fracasó en el intento porque el rey Don Felipe estaba a favor de la causa de la madre Teresa. Y los dos arzobispos que retrasaron indebidamente las fundaciones de Sevilla y Burgos.

En las Partes quinta y sexta aludo a los “herederos” de la segunda generación de los siglos XVII y XVIII, que fueron capaces de elevar a una gran altura la Escuela mística y teológica teresiana. Y concluye el volumen – la Parte séptima- con un tema aparentemente fuera de lugar, pero lo considero importante: “Repensando el carisma de la Reforma Teresiana”, donde intento convencer a los lectores de que los frailes descalzos de la madre Teresa traicionaron parcialmente el proyecto originario en dos aspectos: el complemento de vida ascética porque, como varones, eran más recios que las monjas-mujeres. Y, lo más penoso, recortaron, al menos en España, el ideal misionero de la gran misionera que era Teresa.

       Ha sido editada en Burgos, FONTE- Editorial de Espiritualidad, 2020, 224 pp., 14 Euros.

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  • Accede a las primeras páginas de la obra desde la web del Grupo Fonte, en este enlace:

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