Introducción a los Escritos de Teresa de los Andes

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SANTA TERESA DE LOS ANDES
Introducción a sus Escritos
Una clave de lectura

 Ciro García, ocd

 

Presentación

Hoy, el día del nacimiento de Teresa de los Andes (13 julio 1900)  y en el primer centenario de su muerte  (12 abril 2020), quiero hacerme eco de esta joven carmelita chilena y presentar su mensaje a partir de sus escritos,  Diario y Cartas: seis carpetas autógrafas y 164 cartas dirigidas a más de treinta destinatarios, en un período sorprendentemente breve pero intenso de vida.

Son una joya biográfica, literaria y espiritual, que forma parte ya de la historia de la espiritualidad moderna, juntamente con Teresa de Lisieux e Isabel de la Trinidad. En estos escritos Juanita se retrata ella misma y nos trasmite un mensaje que define su misión en la Iglesia.

Son escritos de carácter narrativo y experiencial; en ellos nos ha dejado el relato de su vida, de su experiencia espiritual y de su misión profética. Todo se va fraguando en torno a su vida familiar y social en el mundo, vivida muy intensamente durante 18 años (1900-1918) y que culmina en su vocación al Carmelo (1919-1920), donde vive solo once meses.

No son tratados o escritos teológicos; son relatos de carácter eminentemente autobiográfico; destacan por la frescura de su experiencia espiritual y por la extraordinaria viveza con que se comunica. Juanita es muy observadora y  una excelente narradora:

  • describe con mucho detalle los acontecimientos de su entorno;
  • nos da cuenta de sus años de estudio y de formación en el colegio del Sagrado Corazón de Santiago de Chile desde 1907 hasta agosto de 1918;
  • cultiva una intensa relación social y epistolar con sus amistades;
  • describe de forma deliciosa las aventuras de sus vacaciones en la hacienda familiar de Chacabuco, cerca de Los Andes;
  • comparte su tiempo con los niños de la catequesis y con las familias que trabajan en el fundo;
  • participa muy activamente en las misiones que se imparten en la hacienda familiar y en la parroquia.

Con su hermana Rebeca -su máxima confidente- acompañada de sus amigas, da también grandes paseos a caballo, como una «perfecta amazona» por la Cordillera Andina, admirando sus cumbres majestuosas coronadas de nieve, sus fértiles valles surcados por torrentes de agua cristalina, el sonoro murmullo de las cascadas que se deslizan por la ladera, la extraordinaria floración de los bosques, prados y riberas, que canta san Juan de la Cruz en su Cántico espiritual (Cántico espiritual, 4, 5). Todo queda reflejado en la retina de sus ojos y en las páginas de sus libretas y de sus cartas.

Pasa también largos ratos en la capilla en oración ante el Santísimo, en un coloquio amoroso con Jesús y con la Virgen María. Son ellos sus grandes interlocutores, que van moldeando interiormente su corazón y van forjando su ideal. Aunque lo hace ocultamente, casi a escondidas, y no  quiere que nadie lo sepa, pronto aflorará en el entorno familiar y en el amplio círculo de sus amistades el perfume de sus virtudes: su amor, su entrega, su jovialidad, su capacidad para el sacrificio, su alegría.

Y es que el tesoro escondido de su experiencia espiritual no puede quedar oculto, como el tesoro del evangelio (Mt 5, 14-16), sino que ha de salir a la luz. Ella misma, con admirable candor y sorprendente sencillez, irá revelando los secretos de su corazón entre sus amistades y dentro de su propia familia, profundamente cristiana, un hogar encantador que pasa por muchas vicisitudes, formado por don Miguel y doña. Lucía con seis hijos que idolatran a Juanita.

Como todas las personas portadoras de una rica experiencia, Teresa de los Andes siente necesidad de compartirla, de comunicarla, como ella misma confesará en sus cartas. Necesita alguien a quien confiarse, con quien expansionarse y compartir sus inquietudes, sus temores, sus sueños, sus proyectos e ilusiones.

Esta fuerza expansiva crea una red de comunicaciones, una intensa correspondencia, innumerables cartas – de extraordinaria belleza literaria por su misma espontaneidad, pero sobre todo por la riqueza de su experiencia y por su valor testimonial, que subyugan a sus lectores.

El lector, en efecto, más que oír hablar de Teresa, quiere entrar en contacto con sus textos y conocer directamente el relato de sus experiencias, narradas con una enorme simplicidad  en sus cartas.

Están escritas en los tres últimos años de su vida, 1917-1920, cuando esta joven chilena ha alcanzado ya una sorprendente madurez psicológica, humana y espiritual. Su vida en casa, entre sus compañeras de colegio y entre sus amigas. irradia paz, alegría, serenidad, consuelo y esperanza.

Por eso es tan querida por todos: es la «regalona» de todos (D 2). Es además la hija predilecta de su padre don Miguel,  a quien ella sabe rodear de cariño y de inmensa ternura; le echa mucho de menos cuando está lejos. No obstante, este amor no será obstáculo para dejar a sus padres y a sus hermanos, siguiendo la renuncia evangélica (Lc 14, 26), cuando llegue el momento de responder a la llamada del Señor y cumplir el ideal de su vida: hacerse religiosa.

Y es que el verdadero amor no esclaviza; es soberanamente libre. Desde esta libertad que crea el amor (Gál 5, 1) se dispone ahora a ascender vertiginosamente a lo más alto del Monte Carmelo por la senda del amor y de la abnegación, que describe san Juan de la Cruz. Se siente feliz ante el día en que subirá a la bendita Montaña del Carmelo para vivir crucificada, como le dice a la Priora de Los Andes (C 80).

Esta «bendita Montaña» será la majestuosa Cordillera Andina. Es aquí, en el Monasterio de las Monjas Carmelitas de Los Andes, donde surge como faro luminoso, cuyos resplandores iluminan el camino de búsqueda de muchas personas.

Son personas que buscan nuevos horizontes, con ansias de Dios, con anhelos de infinito. Pero también personas que, perdidas en la oscuridad de la noche del dolor, experimentan muchas dificultades o no encuentran sentido a su vida.

Será esta su misión, semejante a la de Teresa de Lisieux y a la de Isabel de la Trinidad, casi coetáneas suyas en el Carmelo francés: revelar al mundo el inmenso amor de Dios que arde en su corazón.

Teresa de los Andes ofrece a todos el testimonio de este amor, como ese camino de búsqueda, que caracteriza a nuestra sociedad moderna, en medio de los gozos, las fatigas, las penas y las esperanzas de la familia humana (GS 1).

Por eso son tantos hoy los que acuden a ella, a su Santuario de Auco (Los Andes), buscando el precioso testimonio de vida que nos legó en sus escritos. Es una excelente guía que conduce a las fuentes de agua viva que revela Jesús a la samaritana (Jn 4, 3-15).

Ella misma, llevada de su gran bondad, se ofrece como guía que acompaña con sus cartas a las personas que la rodean, como revela el amplio abanico de sus destinatarios: familia, amistades, directores espirituales, Carmelo de Los Andes. Aparece así el relato de su experiencia como un camino espiritual que va desvelando el misterio, entrando cada vez más adentro en la espesura, como dice san Juan de la Cruz (Cántico espiritual  36, 10).

Merecen especial atención las cartas a la familia y al Carmelo. Se hallan ensambladas como relatos paralelos, escritas por las mismas fechas. Pero sobre todo son portadoras de una misma inquietud: revelar el amor misericordioso de Dios y enseñar el camino que conduce a él.

Las cartas a la familia y las cartas al Carmelo, como las cartas a sus amistades o a sus confesores, aunque reflejan situaciones distintas, con sus matices particulares, tienen el mismo punto de convergencia: manifestar el amor de Dios, que se va revelando en su camino de búsqueda, como una fuente de alegría y de gozosa esperanza.

Ella quiere comunicar esta experiencia a su familia y a sus amistades, como una respuesta al amor que la tienen. Quiere también compartirla con sus directores espirituales para que la guíen en su camino. Pero sobre todo quiere ahondar en esa experiencia acompañada por las Carmelitas de Los Andes, que viven la rica espiritualidad que les legó su Madre fundadora Santa Teresa de Jesús.

En sus cartas va haciendo un discernimiento, que quiere compartir con las personas de mayor confianza. Destaca el ideal de la vida del Carmelo, que va madurando guiada por la Priora de  las Carmelitas de Los Andes: «Amar y sufrir»

Desde esta atalaya, el mensaje de Teresa de los Andes resuena como una  voz profética en su propio corazón y en las altas cordilleras de Los Andes. Es como la voz profética que llega de lo alto de la montaña;  o como la lámpara que se enciende para ponerla sobre el candelero y alumbre a todos los de casa (Mt 5, 15).

Y es que la vida y el mensaje de nuestra santa, como el de los grandes santos y el de los grandes místicos, a cuya escuela pertenece esta joven carmelita chilena, es una revelación de Dios en nuestra historia contemporánea.

Es como la manifestación de un fuego de amor que abrasa su corazón y que quiere que prenda en el corazón del mundo entero, como el fuego del evangelio que Jesús vino a traer a la tierra (Lc 12, 49).

Este amor se alimenta en las fuentes del evangelio: Jesús es su Evangelio y el Maestro que la instruye. Pero se nutre también en las fuentes de los grandes místicos fundadores del Carmelo: santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Por eso su mensaje adquiere un valor eclesial y un sentido universal, que traspasa todas las fronteras.

Así fue presentada la figura de Teresa de los Andes por Juan Pablo II el día de su beatificación en Santiago de Chile en 1987 y posterior canonización en la basílica de San Pedro de Roma en 1993, como una admirable luz:

Dios ha hecho brillar en ella de modo admirable la luz de su Hijo Jesucristo, para que sirva de faro y guía a un mundo que parece cegarse con el resplandor de lo divino. A una sociedad secularizada, que vive de espaldas a Dios, esta carmelita chilena, que con vivo gozo presento como modelo de la perenne juventud del Evangelio, ofrece el limpio testimonio de una existencia que proclama a los hombres y mujeres de hoy que en el amar, adorar y servir a Dios están la grandeza y el gozo, la libertad y la realización plena de la criatura humana. La vida de la bienaventurada Teresa grita calladamente desde el claustro: ¡Sólo Dios basta!  (Juan Pablo II, 3 abril 1987).

Desde esta clave de lectura, queremos hacer la presentación de su Diario y de sus Cartas, siguiendo el hilo conductor de su relato, en el que va desgranando sus experiencias de vida. Este relato nos permite reconstruir el camino de su itinerario espiritual, como la luz que alumbra desde lo alto de la montaña en la oscuridad de la noche.  Es la luz de la esperanza que no defrauda (Rm 5, 5).

Nuestra exposición se desarrolla conforme al siguiente esquema

  1. Escritos autobiográficos
  2. El autorretrato de Juanita
  3. La vida de Juanita: Cuatro claves de lectura
  4. Salida del Colegio y camino del Carmelo: Maduración  humana y espiritual
  5. Guiada por el Espíritu: Cartas a sus amigas
  6. Discernimiento vocacional: Cartas a sus confesores
  7. Iniciación al espíritu del Carmelo y su vida de carmelita: Cartas a la M. Angélica
  8. Cartas de dirección espiritual desde el Carmelo
  9. Tratados espirituales
  10. “Mi bendita Montaña del Carmelo”: Últimos meses de su vida
  11. Fuentes y valoración teológica de sus escritos

Esta obra del P. Ciro García estará disponible próximamente


Una respuesta a “Introducción a los Escritos de Teresa de los Andes

  1. Muchas gracias.
    Estoy participando en el curso de la Santa Teresa de los Andes…..
    Y DIOS nos da muchas bendiciones….
    ¿Quién puede hacerme más feliz que Dios? En El todo lo encuentro. STA Teresa de los Andes
    Saludos
    Eve g

    Me gusta

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