La octava fundación teresiana

Eugenio López Berrón

Pedro Paricio Aucejo

La escisión protestante provocó una gravísima crisis en el catolicismo. Para superarla fue necesaria la nueva espiritualidad potenciada por la Contrarreforma y los principios religiosos aprobados en el Concilio de Trento (1545-1563), pero también la reforma católica experimentada en la Iglesia española de la época. Parte de esta actividad renovadora fue suministrada por la trascendencia de la espiritualidad mística de Teresa de Jesús, por la universal influencia de sus escritos y por la grandeza de su obra fundadora. El coraje vertido por la monja abulense en sus fundaciones conventuales evidencia la envergadura de su actividad apostólica. Su impulso creador de monasterios –surgidos de la nada– fue debido a su inmarcesible determinación de erigir nuevas casas para Dios. Solo la muerte pondría fin al desasosiego de esta pasión.

Después de los monasterios de Ávila (1562), Medina del Campo (1567), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569) y Salamanca (1570), la descalza universal –acompañada en este caso de san Juan de la Cruz– estableció en 1571 un nuevo convento en Alba de Tormes. Esta octava fundación tuvo unos preliminares y una realización bastante rápidos, a pesar de lo complicado que fue el entenderse con la familia bienhechora. Para ello contó con la protección de los duques de Alba, si bien serían Francisco Velázquez –antiguo receptor de la Universidad de Salamanca– y su mujer Teresa de Layz, hacendados ecónomos de la Casa Ducal, quienes abordarían la empresa con gran entrega. Este matrimonio sin hijos acometió el proyecto desde su fase inicial hasta la ubicación definitiva del monasterio, con vistas al río Tormes que tanto gustaba a la Santa¹.

Como mediadores actuaron Juana de Ahumada, hermana de la Santa, y su marido Juan de Ovalle. El 3 de diciembre de 1570 se otorgó la escritura de Fundación, que firmaron Teresa de Jesús, Francisco Velázquez y Teresa Layz (por la que, al no saber escribir, firmó Juan de Ovalle). El 25 de enero de 1571 se trasladó el Santísimo Sacramento a unas reducidas casas con capilla provisional, considerándose así iniciada la vida conventual de este monasterio destinado a ser también panteón de la familia Velázquez-Layz.

El matrimonio fundador no solo dejó su propia casa para el convento, sino que compró otras adyacentes para aumentar la capacidad y destino de todo el conjunto. Pero, sobre todo, comenzó de inmediato la construcción de la iglesia conventual (de una sola nave, en piedra de Salamanca y de gran magnificencia en portada y bóveda de crucería), que fue concluida en 1582 en vida de la Santa.

En el capítulo 20 de Fundaciones –escrito en Toledo en 1576–, Teresa de Jesús, recurriendo a sus notas y recuerdos personales, narra los hechos relativos a la fundación albense, en especial los vinculados a la señora fundadora, quien, después de morir su marido, comenzó a entrometerse en la vida del convento. Sus impertinencias le costaron numerosas penalidades a la Santa, como se evidencia en la carta que, en sus últimas semanas de vida, escribió a Teresa Layz, empeñada en imponer a su sobrina Tomasina Bautista como priora: “No quiere estar con vuestra merced […]. Temo que no ha de durar ahí priora, porque todas huyen. A vuestra merced suplico mire que es su casa y que con la inquietud no se puede servir a Dios”.

Año y medio antes de la muerte de santa Teresa, el convento –según el catálogo redactado personalmente por ella– estuvo integrado por dieciocho religiosas (trece profesas, dos novicias y tres legas), si bien, algunas de ellas son vocaciones venidas por vínculos familiares con el matrimonio fundador, es decir, como consecuencia del cumplimiento de lo estipulado respecto a candidatas en la escritura fundacional de 1571.

Desde el fallecimiento y entierro de la Santa en este convento, la comunidad carmelita de Alba de Tormes se convirtió en la guardiana de su sepulcro. Con el paso del tiempo y hasta la actualidad –especialmente a partir de 1614, en que se produce la beatificación de la mística universal–, esta octava fundación quedó configurada como meta de peregrinación y santuario teresiano de primer orden.

 

¹Cf. DIEGO SÁNCHEZ, Manuel, “Teresa de Jesús y Alba de Tormes: una relación cordial e ininterrumpida”, en CASAS HERNÁNDEZ, Mariano (Coordinador), Vítor Teresa. Teresa de Jesús, doctora honoris causa de la Universidad de Salamanca [Catálogo de exposición], Salamanca, Ediciones de la Diputación de Salamanca (serie Catálogos, nº 213), 2018, pp. 119-148.


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