Alba de Tormes en la literatura teresiana

Pedro Paricio Aucejo

Santa Teresa de Jesús tuvo una relación especial con Alba de Tormes. Tres coyunturas propiciaron su vínculo con la población salmantina: la familiar (a raíz del matrimonio de su hermana Juana de Ahumada con el caballero albense Juan de Ovalle y del establecimiento de su residencia en dicha localidad); la amistosa (por su profundo trato con doña María Enríquez de Toledo, esposa del Gran Duque de Alba, y el grupo familiar, que poseía allí su majestuoso castillo-palacio); y la religiosa (con ocasión de su octava fundación conventual en esta población, donde además de fallecer sería enterrada).

Durante su estancia en Alba, la futura patrona de los escritores españoles revisó, contrastó y aprobó la copia de Camino de Perfección hecha por Isabel de Jesús en Salamanca. Sin embargo, no sería este hecho el más representativo del protagonismo literario de la población bañada por el río Tormes en la obra teresiana, pues son numerosas las alusiones que la monja castellana hizo a la villa ducal en varias de sus obras y en el epistolario¹. Así, en el capítulo 20 de Fundaciones –escrito, sin embargo, en Toledo en 1576–, narra los hechos relativos a la fundación del monasterio albense en 1571.

En 6 Moradas 4,8 aparece también la referencia explícita a su visita al castillo ducal, efectuada a finales de 1573 o comienzos de 1574, y la impresión que le causó el camarín de la duquesa, usada después por Teresa de Jesús como metáfora explicativa de lo que ocurre en determinado estado místico: “era tanto lo que había que ver, que luego se me olvidó todo de manera que de ninguna de aquellas piezas me quedó más memoria que si nunca las hubiera visto, ni sabría decir de qué hechura eran mas por junto acuérdase que lo vio. Así acá, estando el alma tan hecha una cosa con Dios […], algunas veces gusta que se desembeba y de presto vea lo que está en aquel aposento, y así queda, después que torna en sí, con aquel representársele las grandezas que vio; mas no puede decir ninguna, ni llega su natural a más de lo que sobrenatural ha querido Dios que vea”.

Sin embargo, la forma más certera de abordar la conexión teresiana con Alba es por medio de su epistolario. De las treinta y ocho cartas conservadas, veinte fueron dirigidas –de 1569 a 1582– a la familia Ahumada-Ovalle (a Juana de Ahumada, su hermana; a Juan de Ovalle, su cuñado; y a Beatriz de Ovalle, su sobrina); doce cartas –de 1578 a 1582– al entorno de la familia ducal de los Álvarez de Toledo (a doña María Enríquez, esposa del Gran Duque de Alba; a don Fadrique, su hijo y heredero; a don Sancho Dávila, sacerdote que se movía entre Alba y Salamanca y perteneció a la parte abulense de la familia, los marqueses de Velada; y a Inés Nieto, esposa de Juan de Albornoz, secretario del Gran Duque); cuatro cartas –de 1574 a 1581– al caballero Antonio Gaytán, viudo, amigo y colaborador en las fundaciones teresianas desde 1574, y cuya hija Mariana fue carmelita descalza en el monasterio albense; dos cartas –escritas en 1582, a pocos meses de llegar a Alba de Tormes para morir– a varios personajes de la villa: una a Pedro Sánchez, sacerdote, confesor de las Carmelitas y personaje cercano a doña Teresa de Layz, fundadora del convento; y otra, en tono muy duro, a la citada bienhechora.

De este rico y variado panorama epistolar, sostenido con corresponsales de diferentes estratos sociales de Alba, merece destacarse el correspondiente al  ámbito familiar de la Santa, que representa el testimonio más abundante de la relación habida con sus deudos, si se exceptúa el caso de las cartas escritas a su hermano Lorenzo de Cepeda.

Y, en fin, otras referencias epistolares a Alba de Tormes –aunque sean de pasada– se pueden encontrar, sobre todo, en la amplia correspondencia de Teresa de Jesús con Jerónimo Gracián, su amigo y superior. Son especialmente interesantes las cartas intercambiadas entre los años 1575 a 1582, en las que se evidencia la intensidad de un tiempo en el que estuvo en juego la expansión y consolidación de la reforma teresiana. Del mismo modo, conviene no olvidar que de Alba salieron las cartas dirigidas a Alonso Álvarez Ramírez, de Toledo (5 de febrero de 1571); a Ana de la Encarnación, en Salamanca (enero 1574); y a don Álvaro de Mendoza (finales de enero 1574).

¹Cf. DIEGO SÁNCHEZ, Manuel, “Teresa de Jesús y Alba de Tormes: una relación cordial e ininterrumpida”, en CASAS HERNÁNDEZ, Mariano (Coordinador), Vítor Teresa. Teresa de Jesús, doctora honoris causa de la Universidad de Salamanca [Catálogo de exposición], Salamanca, Ediciones de la Diputación de Salamanca (serie Catálogos, nº 213), 2018, pp. 119-148.

 


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