Plenamente humana y toda de Dios

Pedro Paricio Aucejo

Si, en el siglo XIX, san Enrique de Ossó y Cervelló (1840-1896) quiso vivir, amar y pensar como Teresa de Jesús para transformar el mundo mediante el espíritu de la monja abulense¹, en el siglo XX fue san Pedro Poveda Castroverde (1874-1936) quien tomó el relevo en dicho teresianismo carismático². Dotado de gran poder de convocatoria, fundó un movimiento espiritual y educativo de amplia repercusión, con una organización básica compuesta de hombres y especialmente de mujeres seglares que, desde su fe y su vinculación con la Iglesia, intentaban responder al evangelio de Jesús y a las necesidades de la sociedad.

Nacido en Linares, Pedro Poveda expresó con convencimiento desde pequeño su atracción por el sacerdocio, ingresando primero en el seminario de Jaén y después en el de Guadix, donde fue ordenado en 1897. Allí desempeñó diversas responsabilidades eclesiásticas y pastorales. Desde 1901, llevó a cabo una intensa tarea de promoción humana y cristiana en una marginada zona de cuevas de dicha ciudad granadina: creó escuelas para niños y niñas, organizó clases para adultos, abrió comedores populares y talleres para las mujeres, buscó profesorado adecuado, reconstruyó la antigua ermita…

En 1906 fue nombrado canónigo de la basílica asturiana de Covadonga, donde, además de dedicar todo el tiempo posible a la oración y el estudio –dos pilares esenciales en su vida–, se ocupó de numerosos asuntos relacionados con el cabildo y con las necesidades del santuario, así como de la atención pastoral de numerosos peregrinos. Al visitar con frecuencia Oviedo y Gijón, se percató de la difícil situación que afectaba al mundo de la enseñanza. Preocupado por la función social de la educación, propuso un gran plan nacional de renovación educativa católica centrado en la promoción del maestro y de la escuela primaria y comenzó a escribir sobre temas pedagógicos y a colaborar con asociaciones de maestros.

En 1911 puso en marcha un centro para formación de alumnas de Magisterio que denominó Academia y otros similares en Linares y Jaén al año siguiente. En 1914 creó en Madrid la primera residencia universitaria femenina del país y posteriormente en muchas ciudades de España. Asimismo envió a Chile y Roma a colaboradoras suyas para desarrollar tareas directivas, docentes, investigadoras y formativas.

Desde 1913 vivió en Jaén, siendo canónigo de su catedral, profesor de su seminario y de sus dos escuelas de magisterio y colaborador activo de entidades, asociaciones y círculos obreros. Con el apoyo de un grupo numeroso de jóvenes sólidamente formadas –Poveda promovió en todo  momento la participación de la mujer en la vida de la Iglesia y de la sociedad civil–, afianzó la Institución Teresiana, cuyo origen se remonta a la Academia de Oviedo, y la preparó para su aprobación ante la Santa Sede –acontecida en 1924– como asociación laical internacional que, adoptando el estilo de vida de los primeros cristianos, se comprometía a dedicar sus esfuerzos a la educación y la cultura como ámbito específico de su misión.

En 1921 fue nombrado Capellán Real y trasladó su residencia a Madrid, multiplicando su actividad personal y la vinculada a la expansión de la Institución Teresiana. Como humanista y pedagogo, además de su magisterio coloquial –vertido en conferencias, artículos periodísticos y correspondencia personal–, fue requerido para el desempeño de diversas tareas, como la organización de las juventudes universitarias católicas, la coordinación como consiliario de los padres de familia católicos, la fundación de la Federación de Amigos de la Enseñanza y la elaboración de un proyecto para una universidad católica en España. Al mismo tiempo, formó parte de la Hermandad del Refugio dedicada a la atención de los más pobres, mayores y niños abandonados.

Con el estallido de la guerra civil, fue apresado en su propia casa, no ocultó su identidad como «sacerdote de Jesucristo”, entregó su vida por la fe el 28 de julio de 1936 y su cadáver fue encontrado en el cementerio de la Almudena. En 2003 fue canonizado por Juan Pablo II.

La adopción de la titularidad de santa Teresa de Jesús para la obra cumbre de su ardor apostólico –la Institución Teresiana– fue motivada por la generosidad y simpatía que halló siempre en la monja abulense, cuya vida calificó de “plenamente humana y toda de Dios”, cualidades que deseó también para su Obra: “Toda de Dios. Pero siendo de Dios toda, debe distinguirse por su carácter eminentemente humano, el cual, informado por Dios, se perfecciona, pero no se desnaturaliza […]. ¿Cuándo llegaremos a ver realizado este ideal? […]. ¿Modelo? Santa Teresa de Jesús. Que nosotros conozcamos bien a nuestra Santa, entendamos su doctrina y obremos de acuerdo con sus enseñanzas y ejemplos”.


¹ Cf. en este mismo blog, PARICIO AUCEJO, Pedro, “Un teresianismo carismático del siglo XIX”, en <https://delaruecaalapluma.wordpress.com/2020/04/18/un-teresianismo-carismatico-del-siglo-xix>.

²Cf. <http://www.pedropoveda.org> [Consulta: 14 de septiembre de 2020].


Una respuesta a “Plenamente humana y toda de Dios

  1. Muy buena síntesis de lo que ha sido la vida de S. Pedro Poveda, su intuicion profética y lo que en la actualidad sigue siendo su Obra. Promoción humana desde los valores evangélicos haciendo dialogar la Fe y la Cultura.

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