Enero de 1582 en Castilla. Informe meteorológico de santa Teresa

Daniel de Pablo Maroto, ocd Convento de La Santa-Ávila

Aunque parezca mentira, en las obras de santa Teresa se encuentran referencias al tiempo atmosférico en el siglo XVI, sobre todo en el libro de las Fundaciones y, con más frecuencia, en sus Cartas. Elijo en este breve comentario las informaciones sobre enero del año 1582, el último de su vida. La noticia la retengo como una prueba más de que ella, mujer de altísimas experiencias místicas, vive encarnada en las realidades temporales de su tiempo. Lo de la meteorología es una de tantas curiosidades que encontramos en su quehacer de historiadora.

Teresa ha sufrido las inclemencias del tiempo atmosférico —calores, fríos, lluvias, nevadas— como reformadora de su orden y fundadora de conventos que la obligó a recorrer repetidamente los caminos de Castilla y Andalucía los años 1567-1582, a veces cabalgando (¡!) y más frecuentemente en carros entoldados, a veces en coches y aun carrozas de sus amistades ricas, en distancias cortas o largas, en todas las estaciones del año, acompañada de monjas, frailes, clérigos y carreteros. Entre tantas aventuras como narra en sus crónicas de las fundaciones, escojo algunas de las sufridas en el crudo invierno en la estepa castellana.

Había cumplido Teresa los 66 años de vida, estaba enferma con varias y graves dolencias camino de la fundación de Burgos, sin haberse recuperado del todo del “catarro universal” en el fatídico año de 1580. Y ya no se recuperó en el largo tiempo de espera ni en el camino de retorno hacia la muerte en Alba de Tormes el 15 de octubre de 1582. Espero que su crónica no solo ilumine la meteorología de aquel enero aciago y tormentoso, sino que pueda servirnos como punto de referencia para confrontarlo con lo que sufrimos en el nuestro.

En este relato me atengo casi con exclusividad a los apuntes de la madre Teresa. Sabemos que inició el camino hacia Burgos desde Ávila un 2 de enero de 1582; que llegó a Medina del Campo, “un día antes de la víspera de los Reyes”, el día 4 (Carta a Dionisio Ruiz, 8-I-82, n. 1) con intención de seguir de camino hacia Valladolid, “mañana”, o sea, el día 9 (ib., n. 6). Aunque calla las penurias de ese viaje, una testigo dice que sufrieron las inclemencias de “agua y nieve” y “casi todo el día lloviendo” y le afectó a la Madre en la garganta y en la lengua “de manera que apenas se entendía lo que hablaba”, como recuerda el P. Gracián.

Lo mismo sucedió en el viaje de Medina a Valladolid, con los ríos desbordados y los caminos encharcados, aunque la cronista no especifica tanto como nosotros quisiéramos. Se detuvo en Valladolid “cuatro días por estar muy indispuesta”, con catarro y perlesía (parálisis). En carta a la fundadora de Burgos, Catalina de Tolosa, desde Palencia, excusa  la tardanza en llegar a su destino: porque “si supiesen cuáles están los caminos, quizá me culparían más de haber venido” (16-I-82, n. 1). Ese día 16 era lunes y esperaba salir de Palencia “el viernes”, día 20, “si el tiempo abona como hoy” y “mejora un poco, que dicen es el camino desde aquí a ese lugar muy penoso” (ib., nn. 2-3). Ana de San Bartolomé, su enfermera, dice que en Palencia “el tiempo hizo muy recio, de muchas aguas

De su crónica podemos deducir la realidad de la meteorología de aquellos días del camino entre Ávila y Burgos, sin especificar demasiado las novedades de cada uno de los caminos por donde pasaba. Por ejemplo, cuando dice: “Hacía entonces nieves y fríos. Lo que me acobarda más es la poca salud” (Fundaciones, 31, 12). El P. Gracián —apunta ella— quiso acompañarla “por ser el tiempo tan recio y yo tan vieja y enferma”. Y sigue describiendo “los caminos que eran las aguas muchas […] en especial desde Palencia a Burgos”. Sobre todo se refiere a los peligrosos caminos ya cerca de la Ciudad, por ejemplo, en unos “pontones” donde “el agua había sido tanta, y lo era muchos ratos que ni se parecían ni se veían por dónde ir, sino todo agua, y de una parte y de otra está muy hondo”. Y sigue describiendo el peligroso panorama de las aguas y los lodos en los que embarrancaban los carros y el coche de la madre Teresa (Fundaciones, 31, 16-17). Y, finalmente, concluye la aventura: “Con este mal camino llegamos a Burgos, por harta agua que hay antes de entrar en él” (ib., n. 18)

Llegaron a Burgos el día 26 de enero después de 24 días de viaje con paradas en los conventos de Medina, Valladolid y Palencia y en varias ventas del camino. Los males de la garganta y la calentura continuaban a finales de junio, cuando escribe la crónica de la fundación (ib. n. 17) que resulta demasiado breve y con muchos vacíos que han sido rellenados por compañeros de camino, como el P. Gracián, su fiel enfermera Ana de San Bartolomé, y su sobrina Teresita, y que los curiosos pueden leer en biografías más completas de la madre Teresa. Así como la situación de su salud y lo que sufrió con la negativa del arzobispo para conceder la licencia de la fundación durante meses.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .