El amor teresiano

Raúl Berzosa: «Cristo confortando a Santa Teresa» (Iglesia del Santo Ángel, Sevilla. 2010)

Pedro Paricio Aucejo

Impelido por la pulsión vital, el corazón del ser humano orienta con frecuencia el amor hacia un horizonte de frustración y desengaño, sin más consistencia que la de un afecto que solo a veces quiere y solo a veces es querido. Es un amor que en un instante se tiene y en un instante se pierde. Es un amor que apetece hoy lo que olvidará u odiará mañana. “Holgarse” solo en este amor es, para santa Teresa de Jesús, como “pajas que se lleva el viento”: “pienso algunas veces cuán gran ceguedad se trae en este querer que nos quieran”. Como mujer conocedora de la naturaleza del amor, vio que no se debería amar de cualquier manera sino con un amor en el que el amante se abandone sin reservas y halle el camino de la gran revelación del amor absoluto, la senda de una vida que le permita hacer de lo amado lo eterno y vivir como eterno enamorado.

Por ello, la monja abulense quiso amar a Dios con toda la fuerza de su pasión, con el deslumbramiento y exaltación de un enamoramiento fundamentado en su desposorio con Cristo. Según el profesor Aranda Torres¹, la carmelita española nos muestra en sus escritos no solo que, desde el momento en que Dios se encarna en la persona de Jesucristo, el amor es el único medio de salvación eterna, sino también el testimonio del proceso de su enamoramiento e identificación con Cristo como su esposo.

El amor teresiano es producto de su mirada al Hijo de Dios y de la mirada de Éste a la descalza castellana, en invocación mutua de lo divino y lo humano. La imagen de Cristo es el origen y la fuente de su amor, que le aportó a su vez entendimiento y luz. Pero para que esa imagen humana de Dios pudiera ser el principio de todo y la causa del arrobamiento tuvo que ser percibida por los ojos del alma, que para Teresa son los ojos del corazón: “Vile con los ojos del alma más claramente que le pudiera ver con los del cuerpo, y quedome tan imprimido que ha [de] esto más de veintiséis años y me parece que lo tengo presente”. Para la mística universal, Cristo es débil, llagado, inerme e indefenso, lo que le impulsó a arrojarse junto a él y “en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí y yo engolfada en él”.

Para Cayetano Aranda, el amor teresiano, como deseo total y pleno, viene dado por el amor de Cristo a los seres humanos, cuya pasión es el modelo de todo amor humano y su quintaesencia. Se compone de ternura, consideración, respeto y humildad, sabiamente combinados. Pero también de desasimiento, para no aferrarse a otra cosa que el amor, porque solo en éste encuentra la criatura humana saber y salvación. De ahí que el amor a Jesús sea como la antesala de la muerte deseada para eternizar el amor al amado (“no me parece que es otra cosa, sino un morir casi del todo a todas las cosas del mundo, y estar gozando de Dios […]. Es un glorioso desatino, una celestial locura, adonde se desprende la verdadera sabiduría, y es deleitosísima manera de gozar el alma […]. Parece que es sueño lo que veo y no querría ver sino enfermos de este mal que estoy yo ahora. Suplico a vuesa merced seamos todos locos por amor de quien por nosotros se lo llamaron”).

La necesidad teresiana del Dios cristiano es la exigencia de un fundamento de nuevo cuño del amor humano cuyo prototipo debe ser el amor a Cristo, que ha venido precisamente a anunciar el amor como única y verdadera salvación. Es una concepción del amor como sentido del mundo y de sus realidades, un don divino al que los humanos debemos corresponder con una nueva visión de la interioridad en la que el ´otro´ humano es la huella del ´Otro´ divino. ¡Pero esto no es cosa que abunde! Ya el propio Cristo susurró a santa Teresa: “¡Ay, hija qué pocos me aman con verdad! Que si me amasen, no les encubriría yo mis secretos. ¿Sabes qué es amarme con verdad? Entender que todo es mentira lo que no es agradable a mí”.

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¹Cf. ARANDA TORRES, Cayetano: “La filosofía del amor en Teresa de Ávila”, en Revista de Espiritualidad, Madrid, Carmelitas Descalzos de la Provincia Ibérica ´Santa Teresa de Jesús´ (España), 2016, vol. 75, núm. 298, pp. 113-138.

 

 

 


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