Humanismo teresiano

Pedro Paricio Aucejo

Si por ‘humanismo’ se entiende la actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos, no cabe la menor duda de que la doctrina contenida en los escritos de santa Teresa de Jesús puede calificarse de ‘humanismo cristiano’, por cuanto que en ellos se presenta al hombre como un ser esencialmente abierto a la trascendencia y destinado a relacionarse con Dios.

Esa alta valoración que de la persona tuvo la monja abulense se derivaba –según el humanista valenciano José Corts Grau (1905-1995)¹– del reconocimiento de la excelsa grandeza del alma humana, que, al estar hecha a imagen de Dios, abre al cristiano el horizonte de su filiación divina y su consiguiente destino eterno, obligándole a una perfección acorde con aquella dignidad y al mantenimiento del señorío del espíritu.

Desde una perspectiva de mayor concreción, esta concepción de la vida humana reportará también un lúcido sentido de la muerte, por el que “vida es vivir de manera que no se tema la muerte”, de modo que “los que de veras amaren a Dios y hubieran dado de mano a las cosas de esta vida, más suavemente deben de morir”.

De la misma forma, esta visión depositará las claves de la personalidad humana en la práctica de una serie de virtudes. Así, la humildad (“andar en verdad”) se derivará del conocimiento de sí mismo clarificado delante de Dios. Igualmente, la magnanimidad (“no dejéis que se os encoja el ánima, que se podrán perder muchos bienes”) tendrá su eje en la oración. A su vez, la esencia de ésta es el ordenamiento del alma a Dios, de manera que ha de llevarnos a ajustar la propia voluntad a la divina. La oración está llamada a actuar en el mundo la presencia de Dios e inervar las tareas más humildes y cotidianas (“entre los pucheros anda el Señor”), pues “recia cosa sería que solo en los rincones se pudiera tener oración”, ya que “el verdadero amante en todas partes ama”.

Este amor –en que se basa la oración– lo es de Dios y del prójimo y, conforme se perfecciona, abrasa el alma y la libera de inquietudes mundanas, aunque también se compenetra afectivamente con un cierto temor fiel (“para aprovechar mucho en este camino está la cosa en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios y procurar, en cuanto pudiéremos, no ofenderle… Procurad caminar con amor y temor: el amor os hará apresurar los pasos, el temor os hará ir mirando adónde ponéis los pies para no caer”).

Por otra parte, por lo que respecta al humanismo postulado específicamente para la vida religiosa por la descalza española, a aquella alta valoración que de la persona tiene la Santa hay que añadir uno de los componentes fundamentales de su ideal de existencia en los Carmelos²: la moderación como estilo de vida humanista frente al rigor medieval (normativa de dos horas de recreación al día – “cuanto más santas, más conversables con vuestras hermanas”–, intercomunión de personas y de comunidades, prescripción del trabajo personal, lectura como alimento del alma, ejercicio de la autoridad por amor…).

Esta actitud teresiana pretendía el desarrollo de una personalidad completa  centrada en el servicio al Señor y al prójimo y cuyos frutos pudieran aprovechar a muchos. Puesto que en su camino de perfección se trenzaban la amistad humana y la divina, la vida fraterna en comunidad fue entendida siempre por Teresa de Jesús como “un cielo si lo puede haber en la tierra”, por lo que la propuso como signo inequívoco de evangelización.

En definitiva, la vida y la obra de santa Teresa de Jesús conforman el extraordinario testimonio de un intenso humanismo cristiano que, redescubriendo lo esencial de nuestra fe –buscar a Dios en este mundo pero sin ser del mundo–, renovó el catolicismo por medio de la afabilidad y la amistad de su apostolado. Su lema de “procurar siempre dar contento” tiene como finalidad que “las palabras de Dios quepan en la persona con la que se habla” y desee la manera cristiana de vida.

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¹ Cf. CORTS GRAU, José: Actualización del pensamiento de Santa Teresa de Jesús en nuestra época, Valencia, Fundación Universitaria San Pablo C.E.U., 1997.

²ÁLVAREZ, Tomás: “El carisma del Carmelo teresiano”, en Santa Teresa en 100 fichas, disponible en <https://www.teresavila.com/santa-teresa-en-100-fichas&gt; [Consulta: 15 de diciembre de 2020]. 


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