Meditaciones sobre los Cantares

 

Pedro Paricio Aucejo

Junto a los grandes textos que han dado fama universal a la literatura de santa Teresa de Jesús, sus obras completas contienen también relevantes escritos menores. Tal es el caso de las Meditaciones sobre los Cantares, un opúsculo conocido igualmente como Conceptos del amor de Dios –si bien ella no le puso ningún título– y que resulta singular dentro de la producción de la carmelita abulense. No era fácil escribir un libro así para una mujer del siglo XVI: de hecho, la futura doctora de la Iglesia tuvo que arrojarlo al fuego obedeciendo el consejo de su confesor, Diego de Yanguas.

A este dominico le pareció inadecuado que se atreviese a comentar el Cantar de los Cantares, poema atribuido a Salomón y que constituye el documento más polémico del Antiguo Testamento, por reflejarse el amor entre Dios y su pueblo en el amor humano de una pareja de enamorados. Sin embargo, el escrito teresiano fue salvado de las llamas por la existencia de copias fragmentarias elaboradas por las monjas seguidoras de la Santa, aunque, en lo recuperado, queda solo el comentario a unos cuantos versos bíblicos.

El texto teresiano no es propiamente una exégesis del poema¹, sino más bien la glosa de dichos versos a la luz de su experiencia como alma enamorada de Dios que se apropia de la intensidad amorosa contenida en el Cantar. Solo en clave esponsal y mística tiene sentido el opúsculo teresiano: como explicación lírica del amor que Cristo tenía por la religiosa de Ávila y al que ella trataba de corresponder. De ahí que la autora describa un amor de ´ausencia´, es decir, de búsqueda de un Amado que no se tiene y con el que se ansía la unión mística².

Según Secundino Castro³, de la lectura del escrito teresiano se desprende que la Santa entiende perfectamente que el Cantar habla del amor divino desde el lenguaje humano, por lo que ella partirá de la materialidad de lo humano para alcanzar lo divino. Sin duda alguna, tuvo una experiencia singular del Cantar, hasta el punto de que los amores allí contenidos le producen resonancias místicas: le hacen vibrar y sentirse con la necesidad de trasladar hacia fuera esos movimientos interiores (“de unos años acá tengo un regalo grande cada vez que oigo o leo algunas palabras de los Cantares de Salomón, en tanto extremo que, sin entender la claridad del latín en romance, me recogía más y movía mi alma que los libros muy devotos que entiendo”).

En este escrito Teresa de Ahumada halló consolación, recogimiento para la oración y discernimiento para su mística, por lo que en alguna ocasión mostró interés en componerlo como memorial que, al fijar por escrito las numerosas gracias que recibía, impidiera su olvido. A su vez, como instrumento contemplativo, el libro va orientado inicialmente a sus religiosas para el esclarecimiento de su experiencia espiritual, sobre todo a aquellas que han sido agraciadas con muchas mercedes del Señor. Tiene también la pretensión de animarlas a que se esfuercen para que Dios las regale con sus deleites. Pero, por hablar de una unión mística netamente cristiana, cristológica y sin fenómenos místicos extraordinarios –hecho éste que hace del opúsculo un texto único en el conjunto de la literatura teresiana–, estas Meditaciones de la descalza universal concentran lo esencial de su mística y la abren a la totalidad de los creyentes.

Buena prueba de todo ello es su concepción del ´beso´ –al que se hace referencia en los versos del Cantar– como forma de identificación con Cristo, de modo que, por parte de Dios, su beso es la inmersión total de su vida en nosotros, con la que nos inunda y enardece, mientras que, por nuestra parte, ansiar su beso es querer introducir a Dios en su totalidad dentro de nosotros. Más aún, la mística castellana se atrevió a pensar que el beso de Dios se realiza en máxima plenitud en la Encarnación del Verbo y también cada vez que viene a nosotros en la Eucaristía. De la misma manera que, al asumir nuestra naturaleza, Dios se adelantó a besarnos en la Encarnación dándonos a Cristo para siempre, en la Eucaristía quiere que nosotros le besemos a Él asumiéndole. Pero ese beso a Dios resulta verdadero solo cuando la persona acepta a Jesús, le acoge como único amor y se entrega a su servicio y al del prójimo.

¹Cf. ÁLVAREZ, Tomás: “Conceptos del amor de Dios”, en Santa Teresa en 100 fichas, disponible en < https://www.teresavila.com/santa-teresa-en-100-fichas&gt; [Consulta: 15 de diciembre de 2020].

²Cf. DE MACEDO RAYMUNDO, Larissa: Introducción a “O conceito do amor de Deus em Meditaciones sobre los Cantares, de santa Teresa de Jesús”, tesis de máster en Ciencias Religiosas, presentada en 2015 en la Universidad Presbiteriana Mackenzie de São Paulo (Brasil). Disponible en <https://delaruecaalapluma.wordpress.com/2016/05/03/el-concepto-de-amor-de-dios-en-las-meditaciones-sobre-los-cantares/> [Consulta: 17 de diciembre de 2020].

³Cf. CASTRO SÁNCHEZ, Secundino: “Las Meditaciones sobre los Cantares, un camino evangélico. Hacia las cumbres del amor por el ´Cantar de los Cantares´”, en Revista de Espiritualidad, Madrid, Carmelitas Descalzos de la Provincia Ibérica ´Santa Teresa de Jesús´ (España), 2015, vol. 74, núm. 295, pp. 587-598.

 

 

 

 


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