Didáctica teresiana de la poesía

Pedro Paricio Aucejo

El propósito de santa Teresa de Jesús como escritora obedeció al irrefrenable impulso comunicativo de compartir sus experiencias y conocimientos para que fuesen de utilidad a quienes los leyesen. De ahí que se sirviera de todos los medios a su disposición con el fin de persuadir, conmover y deleitar en su testimonio del Dios vivo, estrategia que le llevaría a su condición de magistral escritora¹. Pero el logro de tal objetivo no resultó fácil. Ella misma reconoció la dificultad del empeño, por lo que recurrió frecuentemente al uso de comparaciones para hacer accesible ´este lenguaje de espíritu´.

Aun siendo cierto que la carmelita castellana actuó también de ese modo para no levantar suspicacias entre sus censores, sin embargo, hay que subrayar que lo hizo igualmente para que la comprendiesen sus monjas, que poseían escasa formación. Tanto en prosa como en verso, Teresa de Ahumada mostró siempre un afán por hacerse entender, reinventándose una y otra vez en su escritura para alcanzar la libertad que necesitaba. Esa es la razón de ser de su poesía. La religiosa abulense adquirió la posibilidad de ser alguien diferente a través de la máscara de esta actividad lírica, pudiendo expresar así sus experiencias místicas por medio de una voz interior –que ha sido acallada pero no abolida– y salvar también el abismo que separa lo humano y lo divino².

En su formación juvenil como lectora, la descalza universal conoció el lenguaje retórico de la poesía cancioneril, pero, como sus monjas no lo entendían, tuvo que transformarlo y presentarlo sin artificio para que pudiera ser comprendido y expresara  al mismo tiempo la inefabilidad mística. Esta composición lírica sigue la tradición del amor cortés, que expresa la contradicción del amante atormentado y, en sus procedimientos retóricos, hace uso de la imagen como representación de los sentidos. Por eso, a la hora de valorar la poesía de Teresa de Jesús, hay que tener en cuenta que su estética echa mano de la plasticidad de figuras que expresen la unión del alma con Dios. De éstas, ´la cruz´ es la que más se reitera, consciente de utilizar un símbolo de significación universal en el que convergen lo vertical y lo horizontal ´y ella sola es el camino / para el cielo´.

La escritora española insertó en sus poemas las formas cantables más conocidas –coplas, romances y villancicos–, que no son un mero añadido, sino que cumplen una función divulgadora. Todos ellos (entre los que destacan, ¡Oh hermosura que excedéis!, Vivo sin vivir en mí y Ya toda me entregué y di) muestran una variedad estilística sometida a la dialéctica de la repetición y la invención. Como los poetas cortesanos, Teresa utiliza la glosa del estribillo anónimo, que sirve de base a la canción entera, para insertar un motivo profano en un contexto religioso, acompañándolo con la música para llegar con más facilidad a los oyentes.

El éxito alcanzado en su tiempo por las poesías teresianas se debe a la mezcla del estilo artificioso y el lenguaje coloquial para expresar las contradicciones de un amor imposible, pues el servicio fiel a una dama que no recompensa al amante –propio del amor cortés– le lleva a padecer el sufrimiento para probar su amor y a desear la muerte como medio de liberación. Si a partir del Concilio de Trento la influencia del poder religioso fue cada vez mayor en la vida pública, parece lógico pensar que Teresa de Jesús recurriese a estos juegos retóricos de la lírica cancioneril no sólo para burlar la censura, sino también para expresar la angustia de su mortificación en la vida presente y su crucifixión entre el cielo y la tierra, de las que sólo se libera amando y escribiendo.

En definitiva, para el profesor López Castro, la santa de Ávila “escribió poesía porque tenía un alma musical y sabía dar ritmo a sus poemas”. Pero su música surgía y hablaba de lo profundo, destinada a elevarse desde la fuerza de su do­lorosa espera, solo aplacada por el estremecimiento de su viva oración. Vueltos hacia su propio interior, sus poemas se despojan de cualquier estorbo, dejan escuchar lo que viene de lo alto para que lo divino actúe en el alma y el oído vuele hacia lo sobrenatural. De este modo, lo que se percibe en cada uno de ellos es “un esfuerzo por liberarse de los códigos del lenguaje estilizado, convirtiendo su escritura en un acto de afirmación personal frente a las formas del poder establecido”³.

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¹Cf. NAVARRO DURÁN, Rosa: “El espacio literario como lugar de comunicación: la escritura en libertad de Teresa de Jesús”, en CORTÉS TIMONER, María del Mar (COORD.), Escribir bajo coacción: místicos, contemplativos y el espectro del juez. Prácticas y estrategias discursivas. España, Portugal. De la Edad Media al siglo XVIII, Cahiers d’Études des Cultures Ibériques et Latino-américaines (CECIL), número 3(2017), Universidad Toulouse Jean-Jaurès – Université Paul-Valéry, Montpellier 3, Institut de Recherche Intersite d’Études Culturelles, Montpellier, pp. 75-86.

²Cf. LÓPEZ CASTRO, Armando: “Teresa de Ávila y la poesía cancioneril”, en Lectura y Signo, Revista de Literatura del Departamento de Filología Hispánica y Clásica de la Universidad de León (España), nº15, 2020, pp. 189-204. Disponible también en: <https://delaruecaalapluma.wordpress.com/2020/12/29/teresa-de-jesus-en-la-revista-lectura-y-signo/&gt; [Consulta: 15 de enero de 2021].

³Op. cit., pág. 16.


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