La iglesia y el convento de ‘La Santa’ en Ávila: Crónica de curiosidades (IV)

Daniel de Pablo Maroto, ocd
Convento de La Santa-Ávila

Un autógrafo teresiano en una casa de moriscos

Aunque el título les parezca mentira a los lectores, la historia es verdadera. Recordemos de camino que los carmelitas descalzos, antes de fundar en Ávila y el actual convento e iglesia de “La Santa”, ensayaron tres destinos en la ciudad entre los años 1600-1636: junto a la ermita de San Segundo (1600-1610), en el barrio de Las Vacas (1610-1614); y en la Calle Empedrada (1614-1636), residencia hoy de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Los historiadores providencialistas atribuirán los sucesivos fracasos o inconveniencias de esas fundaciones a la intervención de Teresa que quería que se fundase un complejo —iglesia y convento de los Descalzos— sobre el solar de las casas de sus padres donde ella había nacido.

Pues bien, la “curiosidad” que hoy presento a los lectores sucedió en la fundación de la Calle Empedrada al iniciar su andadura en una de las casas abandonadas por una familia de moriscos, expulsados de la ciudad en 1610. Los historiadores de ese hecho discuten las razones de la expulsión, los efectos en la economía de la ciudad, etc., que no puedo recordar en este breve escrito. De todo ello hay mucha y bien trabajada bibliografía. Me atengo a lo que indico en el título: la aparición de un autógrafo de la madre Teresa, una carta fechada en Toledo a mediados de marzo de 1570 y dirigida al padre Antonio de Segura, fraile alcantarino. En ella le pide información, y creo que protección, de su sobrino, Juan de Jesús (de la misma orden, hijo de su hermana María. La noticia que ofrezco a los lectores creo que es suficientemente “novedosa” como para incorporarla a las modernas ediciones del Epistolario de la madre Teresa.

Encuentro la noticia en una crónica manuscrita de 1667 y de un autor descocido, carmelita descalzo en el convento de “La Santa”, fundado sobre las casas de los padres de la madre Teresa e inaugurado en 1636. Copio literalmente del original.

“Pusieron los ojos [los frailes descalzos] en uno [lugar] que está fuera de la ciudad hacia el mediodía, en la parroquia de San Nicolás, en la calle Empedrada […]. Hubo algunas dificultades en conseguir este sitio; y en vencerlas se gastaron algunos meses y, estando todo ajustado, se hizo la traslación año de 1614 a 19 de febrero”. Y después de la descripción del lugar preciso, sigue el cronista explicando la noticia que nos interesa:

“Eligieron unas casas para este fin que habían dejado los moriscos el año de su expulsión [1610]. Entraron dentro y, derribando algunos tabiques para acomodar la iglesia, toparon en el hueco de uno una carta de nuestra Santa Madre escrita a un religioso francisco llamado Fray Antonio de Segura, guardián que era entonces del convento de Cadalso [de los Vidrios]. La cual parece estaba guardada en aquel lugar como en prenda de que en él se había de fundar convento de su Reforma [¿?]. Guárdase hoy esta carta en un relicario muy curioso que mandó hacer nuestro padre general Fray José de Jesús María para memoria de este suceso”. (Puede leerse el texto en el Libro de la fundación 1568-1658 y Libro de difuntos 1607-1836. Archivo conventual de “La Santa”, armario I, B – 3, folio 5-v.).

No dice el cronista dónde se conservaba en aquel momento el preciado autógrafo con su relicario, aunque se puede suponer que en el convento de “La Santa”, quizás expuesta al público; o en la casa general de la orden en Madrid. Hoy sabemos que se guarda en el archivo general de Notre Dame, Canonesas de San Agustín, en Fontenay Sous Bois, en Francia. (Cf. TOMÁS ÁLVAREZ – RAFAEL PASCUAL, Estudios Teresianos, V. Autógrafos. Ubicación y contenido, Burgos, Monte Carmelo, 2014, p. 94). El eminente teresianista, P. SILVERIO DE SANTA TERESA, remite al P. Antonio de San José, carmelita descalzo y excelente editor de las Cartas de la Santa en el siglo XVIII, que copia casi a la letra la crónica trascrita y tiene por milagro que no se lo comieran los ratones o algunos insectos. Trascribe el texto del autógrafo conocido por él, sin que sepamos dónde se conservaba en aquel momento.

Cómo ha llegado al archivo citado de las canonesas de Francia es un misterio histórico creo que todavía no resuelto y no sé si algún día se podrá resolver. Lo cierto es que el P. Silverio alude a una comunicación recibida de Manuel María Polit, conocido en los estudios teresianos, diciéndole que la carta estuvo en Guatemala (¡!) hasta que, finalmente, acabó en el lugar reseñado. (Cf. Obras de Santa Teresa, VII, Burgos, Monte Carmelo, 1922, pp. 58-59). La noticia añade más misterio al tema de nuestro autógrafo. ¿Cómo y cuándo llegó a América?

Esta es la historia “curiosa” del autógrafo teresiano. El sabio editor de las Cartas del siglo XVIII acepta como milagro que no desapareciera el original en las humedades de un muro de la casa abandonada durante años. Eso se puede decir de otros autógrafos, papeles destinados a perecer, como todos los recibidos por la madre Teresa, que tenía la mala costumbre de romper las cartas una vez contestadas. ¡No le cabían en su pequeña “arquilla” donde guardaba sus secretos! Solo el amor de los destinatarios ha salvado de un naufragio seguro este riquísimo tesoro de papel hoy convertido en reliquias. ¡Hermosa herencia de la madre Teresa!

Se puede consultar la carta y el autógrafo en este enlace a la web teresavila.com


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