Cuando tomar chocolate era pecado mortal

El 13 de septiembre se celebra el Día Internacional del Chocolate en conmemoración del nacimiento de Roald Dahl, autor del popular libro, también llevado al cine, Charlie y la Fábrica de Chocolate.

Ayer domingo, Adrián Delgado publicaba en el Diario ABC un artículo sobre esta delicia gastronómica, y mencionaba un episodio de la historia del Carmen Descalzo que merece la pena ser divulgada. El periodista remite, a su vez, a la investigación de Mercê Gras, historiadora y archivera de la Orden.

A lo largo del siglo XVI el consumo de chocolate, proveniente de América, se extiende por España, y luego por el resto de Europa. Fue precisamente en un monasterio cisterciense, el Monasterio de Piedra, en Zaragoza, donde, al parecer, se preparó por primera vez el chocolate dulce a la taza, ya que  en su origen se tomaba amargo. Esto hizo que se disparara su popularidad. También se utilizaba como medicamento o elixir vigorizante.

Pronto surgirá la polémica de si era lícito tomar chocolate por parte de los religiosos, o si rompía el tradicional ayuno eclesiástico. Por su carácter energético y tonificante, se llegó a considerar una bebida voluptuosa y contraria a la castidad, aunque también se alegaban motivos de pobreza para vedar su consumo.

En la Orden del Carmelo Teresiano, aunque, por parte de la fundadora Teresa de Jesús no había ninguna restricción al respecto, con el paso de los años, el asunto sería objeto de polémica.  Los frailes de Castilla en el Capítulo provincial celebrado en Ávila en 1642, lo prohibieron, y su consumo llegó a considerarse incluso pecado mortal. Esta prohibición de los carmelitas la hicieron extensiva a las monjas.  Desde el año 1661, la prohibición iba acompañada de castigos, cada vez más severos. Pero también hubo opositores a esta normativa.

Las carmelitas descalzas de Madrid se quejaron de esta arbitrariedad impuesta, alegando que no habían profesado bajo esta abstinencia y por tanto, no tenían obligación de privarse del chocolate en caso de necesidad. En 1692 pidieron amparo a la reina Mariana de Austria, que intercedería por ellas ante al Papa y conseguiría que las eximieran de la prohibición.

Os invitamos a leer este interesante estudio de Mercè Gras, al que tenéis acceso abierto:

Sobre este tema, se puede consultar también:


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