Pascua de Resurrección en Ucrania con el P. Miguel Márquez

Haz clic sobre la imagen para acceder a la entrevista al P. Miguel Márquez

El P. Miguel Márquez, superior general del Carmelo teresiano, se encuentra estos días en Ucrania, acompañando a los hermanos de ese país, tan castigado por la guerra. Los carmelitas descalzos, a pesar del riesgo tan grande que corren, han apostado por permanecer junto a la gente que sufre, prestando ayuda humanitaria y apoyo espiritual a tantos seres necesitados en este momento de quien pueda llevarles una palabra de sentido y consuelo.

Miguel nos deja su crónica de su paso por Ucrania, a través de las redes sociales, y ahora queremos hacernos eco de sus palabras y experiencias en este blog.

Además, incluimos el enlace a una entrevista que le hace Rony Vargas, de la cadena 3 de Argentina, en la que también participan las hermanas del Carmelo de Córdoba.

Vaya por delante nuestra admiración y cariño por quienes, desde la fe en un Dios fiel  que no se desentiende de sus criaturas, hacen de su vida un don para los demás. Gracias, Miguel, gracias hermanos de Ucrania.

DÍA 13 abril 2022

Paweł y Piotr me recogen en el aeropuerto. Llego a las 8.30 de la mañana. Vamos a las carmelitas de Cracovia.

Encontramos a la comunidad de Kiev que están alojadas aquí desde hace un mes. Diálogo intenso y emocionado. Comemos con ellas y salimos hacia el convento de Przemysl en la frontera.

Nos recibe el prior Christof. Y estamos una hora conversando con los hermanos de la comunidad. Salimos hacia la frontera Piotr, Paweł Baraniecki y Paweł Ferko que pertenece a la comunidad de Berdichev y desde el comienzo de la guerra está en Przemysl para organizar las ayudas y los coches que se envían dos veces a la semana desde Polonia a Berdichev. Llevamos alimentos, ropa para los soldados, chalecos antibalas, generadores, prismáticos de noche, etc.

Llegamos a la frontera y atravesamos a pie. Se quedan Piotr y Paweł del lado polaco. Encontramos antes de la frontera multitud de ONG de todo el mundo para dar apoyo y soporte a los que vienen del lado ucraniano. Alimentos, ropa, etc. etc.

Encontramos un grupo de españoles jóvenes que se han venido por su cuenta de Cádiz, Málaga, Barcelona… y han colocado su tienda en el corredor de entrada con otra multitud de organizaciones. Nos preguntan si vamos a celebrar los oficios en la frontera porque desearían vivir estos días la Semana Santa.

Pasamos Paweł y yo relativamente fácil la frontera polaca y ucraniana. Mucha gente del lado ucraniano esperando para pasar a Polonia. Muchas familias y niños. Nos espera del otro lado Rafał Myszkowski que ha hecho un camino de siete horas para venir a recogernos.

Hoy pasamos la noche en Mostyska, en las Pequeñas Hermanas del Inmaculado Corazón de María. Fundadas por un capuchino, padre Honorato Kozminsky. Las hermanas Alina y Edith son la amabilidad personificada. La cena, la acogida, la habitación, todo muy exquisitamente preparado.

Día 14 de abril de 2022

Jueves Santo 

En el desayuno tienen tres jacintos junto al plato de cada uno para celebrar nuestro sacerdocio. La hermana Alina hace un saludo. Dice que nos felicitan y piden para nosotros con los tres narcisos, la Fe, la Esperanza y la Caridad.

Nos despedimos en la calle y quedo muy sorprendido de la calidez de la acogida, verdaderas hermanas.

Emprendemos camino hacia Berdichev. Son siete horas.

Camino en algunos tramos lleno de baches. Muchas barricadas de control y muchos soldados todo el camino. Pasamos sin problema y sin que nos hagan detenernos. Pasamos por alguna ciudad en que se ven los efectos de las bombas.

Salimos a las 7.20. Y llegamos a Berdichev a las 14.20. Nos recibe toda la comunidad de hermanos. Hago visita al Santuario, a nuestra Madre del Carmen. Comemos un plato típico ucraniano. Charlamos animadamente.

Dentro de un rato, a las 6, tendremos la celebración de La Cena del Señor. Es sobrecogedor estar aquí y ver la alegría y la viveza de los hermanos.

Dios les bendiga.

Tarde de Jueves Santo.

Iglesia Santuario de la Virgen del Carmen de Berdichev, patrona de los católicos ucranianos. Precioso icono de la Madre con el escapulario ofreciendo su protección. Iglesia llena. Ancianos, jóvenes y niños… un grupo vestido de monaguillos en perfecta armonía vaticana, abren la celebración con escrupuloso orden. Tengo que decir que pocas veces en la vida he celebrado un Jueves Santo con tanta emoción contenida. Los cantos, atención a cada detalle. Cuidado de las flores.

Lavo los pies de la comunidad de los frailes. Aquí se usa hacerlo con un mandil del estilo de cocina. Significativo. Beso los pies de mis hermanos que aquí cuidan de toda esta gente. Beso a Jesús en ellos.

Aunque preside Vitaly, el prior (ucraniano), hago yo la homilía explicando el misterio que se celebra, con ejemplos de la guerra y de la actualidad de estos días.

La Fracción del Pan recuerda los cuerpos rotos de tanta gente en algunas ciudades. Mañana el cuerpo roto de Jesús sigue siendo un misterio que no comprendemos y así aparentemente derrotado dio la vida al mundo.

Al terminar la misa, cómo describir el ambiente de familia y de cariño de la gente. Saludan a los sacerdotes con un afecto que conmueve. Todos nos felicitan y nos abrazan. Traen fruta, flores y regalos. Todos quieren fotos. Todos dicen palabras de agradecimiento por estar con ellos. Todos me dicen os agradezca a todos la oración por Ucrania. Una abuela me dice que cuando vaya a Roma le diga, por favor, al Papa que venga. Al salir de la Iglesia otro rato muy cordial de diálogo con voluntarios, familia, amigos.

Cena distendida y muy fraterna. Un rato de recreación muy agradable sin ganas de terminar. Se celebra la presencia del general y también de Paweł, que desde el inicio de la guerra está viviendo al otro lado en Polonia, para organizar la ayuda humanitaria y el transporte de material, dos veces a la semana. Nuestra conversación sin silencios, intensidad de temas y preguntas de ellos sobre frailes conocidos y mías sobre la situación, y el momento que viven.

Son cerca de las 10 de la noche en Ucrania. Ha comenzado a sonar la sirena durante unos minutos. Anuncia que algún proyectil ha salido de territorio bielorruso. Pero los frailes siguen su amigable conversación sin conmoverse mucho. Se preocupan de si tengo miedo. Estoy confiado en su serenidad.

Y así termina el día… con la viva sensación de comunión y familia en tiempos de guerra. Antes de dormir otro toque de sirenas, y una súplica pidiendo La Paz.

DÍA 15 de abril de 2022

Viernes Santo 

Hoy celebramos la pasión y muerte de Jesús en esta tierra herida por la guerra. Con los crucificados y las víctimas de todas las guerras e injusticias.

Me despierta el sonido de las sirenas que no cesa durante un cuarto de hora, hasta las 6.00. Sirenas y sonido de campana que avisan del peligro. Parece una nueva ofensiva aérea. No lo sé.

A las 8 de la mañana celebramos el oficio de lecturas y los laudes. Con cantos muy bellos. Hay en la iglesia un grupo de unas cien personas desde esta hora. Y comienza la jornada acogiendo las sorpresas del día, delante de Jesús.

Visito el convento, el búnker debajo de la Iglesia, que el alcalde les pidió tener disponible para cuando hiciera falta a la gente venir a refugiarse. En los primeros días de la guerra venían con frecuencia a dormir.

Visito con Vitaly a las pequeñas hermanas del Inmaculado Corazón, también conocidas como Honoratas, las hermanas que nos hospedaron el primer día pasada la frontera. Compartimos un rato largo sin prisas, con las cuatro hermanas. Es una casa para retiros y acogen algunos niños durante la jornada. Una de ellas, la más joven me hace una entrevista para un periódico católico de Ucrania. Me pregunta sobre mi impresión de la situación en Ucrania y lo que estoy viviendo. Le cuento mi deseo de llegar aquí a celebrar la Pascua para estar con mis hermanos y la gente haciendo presente la unidad y el afecto de toda la Orden del Carmen y de la Iglesia. La unión nos hace fuertes frente a toda amenaza.

Hoy algunos no comemos como gesto de comunión con Jesús y con los que son heridos por el hambre y la injusticia.

A eso de las 4, Rafał ha convocado a un grupo de monaguillos y adolescentes, que se llama Oasis. Con los que se suele reunir todos los domingos para compartir y también para hacer actividades. Cantan, hacen juegos, rezan y se animan mutuamente.

En la tarde a las 17.00 h. Vía Crucis emocionado. Me piden llevar la cruz durante las tres primeras estaciones. Es un honor. En la tercera ya me pesa mucho. Pero aquí nada es romanticismo y todo tiene el peso de una realidad que duele. La liturgia no es teatro, habla de un Via Crucis real y sangrante. Cualquier pequeño esfuerzo y gesto es un signo y una comunión en Jesús vivo para la Vida. Voy siguiendo las estaciones y descubro detrás de mi un pequeño ejército de niñas que siguen muy recogidas las estaciones. Una de ellas reparte disimuladamente caramelos a las compañeras. Dos de ellas tienen el papá en el frente de guerra.

A las 18.00 h. Celebración de la Pasión del Señor. La celebración dura dos horas. Nadie se sienta en la Pasión. Ancianos y niños firmes. Con una devoción sin asomo de prisa. Me edifica y emociona.

Las hermanas de Santa Teresita que acompañan toda la labor del Santuario trabajan con los capellanes que están en el frente. Les entrego parte del cargamento de rosarios que traigo que han pedido los soldados.

Después de las celebraciones, despedida de los hermanos que preguntan con interés cómo he estado aquí estos dos días. Quieren saber si me he encontrado bien. Les digo que no bien, sino muy feliz de estar con ellos y orgulloso de que estén arropando a la gente y siendo Jesús en medio de ellos. Y me siento bendecido por la Fe y el calor de esta Iglesia unida.

Los hermanos se van pronto a la cama. En sus rostros se ve el cansancio y la entrega.

Comunión y silencio con todos los que celebran la Pasión de Jesús en todo el mundo.

DÍA 16 de abril de 2022

SÁBADO SANTO

Es día de silencio, sobrecogida experiencia de profundo vacío, en la calidez herida de María, la Madre; en el corazón de todas las madres, que representan el alma en vela del mundo, y que siempre abrigan, en medio de tanto dolor, la esperanza. ¡Qué sobrecogedor el día de hoy, como un abismo de silencio, que encierra algo que todavía no conocemos, y que siempre es retoño! Y que amanecerá… siempre amanece.

Son las ocho menos unos minutos de la mañana en Berdichev, y saludamos al Señor y a su Madre en la basílica. Nos preparamos para el viaje a Kiev.

Me llevan Vitaly y su hermano Olek. Es un camino de tres horas, pero depende del tráfico y de las dificultades de la entrada.

Sorteamos algunos controles sin dificultad.

Nos han dicho que ha habido algún proyectil sobre Kiev.

Llegan algunas voces de gente amiga de España y de otros rincones con noticias de peligro en Kiev…

Paramos a tomar un café, y a echar gasolina. Solo se permite comprar 20 litros de gasolina cada vez, pero la chica que atiende es de la parroquia y llenamos al depósito. Además, Vitaly es ‘famoso’ por estos rincones.

Nuestra conversación sigue muy animada todo el camino.

A medida que nos acercamos a Kiev, vemos el horror de la guerra, tanques, camiones, casas, edificios quemados y tiroteados, como vaciados de su alma. Casas y restos de vehículos que huelen a un sábado santo desolado, sin vida, sin aparente resurrección.

Damos un rodeo para entrar en Kiev, evitando la carretera principal. Unos 30 km de vuelta.

Llegamos a nuestra parroquia en Kiev, nos recibe Jozef. ¡Cuánta alegría da abrazarlo! ¡Qué alegría haber llegado y estar aquí! Aquí está Marek, el párroco y prior. Y también Benedict, que está encargado de ayuda humanitaria y atención a los soldados, nuestros tres carmelitas ahora en Kiev. Un sacerdote polaco que tiene una organización internacional y trae ayuda humanitaria a Ucrania, está hoy aquí, Maciej. Y también se hospedan desde las destrucción de su pueblo un padre y un hijo: Andrzej y Daniel.

Alegría del encuentro con los hermanos y comida con Jozef y Marek, informando de muchas cosas de la guerra y la pastoral de estas semanas. Marek habla de los horrores de la guerra y muestra las fotos de los búnkeres; la atención a los enfermos, y la actividad intensa como párroco. Durante algún tiempo esta fue la única parroquia católica de Kiev. Cuando vino la madre Teresa de Calcuta, después del premio Nóbel de la paz, pidió poder ir a misa y la trajeron a nuestra iglesia. Es una iglesia pequeñita y acogedora. Acompaño a Jozef a bendecir los alimentos, que es costumbre típica de aquí. Los primeros alimentos que se toman de Pascua, dulces, huevos de pascua y otras cosas. Swieta ha traído huevos de Pascua para los frailes. Me da un abrazo muy cariñosa y pide bendición.

Salimos a ver al obispo de Kiev, Vitaly, que nos recibe en un lugar sencillo; es joven, muy cordial. Conversación muy familiar. Me agradece mucho que esté aquí y agradece mucho el servicio pastoral y la entrega de los carmelitas en Ucrania. Es una hora de diálogo sobre la situación y la iglesia en Ucrania. Le hablo de la oración de todo el Carmelo del Mundo entero; nuestra oración por él y por la Iglesia y el pueblo ucraniano.

Me dijo Jozef si tenía algo para regalarle, y al salir dije al Señor: ‘a ver… y qué puedo regalarle si ya no me queda nada especial en la mochila…’ Estando hablando con el obispo, pienso y meto la mano en mi bolso y descubro que tenía una reliquia de Santa Teresita, del cabello. Se la doy y nos dice que es su santa preferida… ¡Sorpresas del Señor!

Damos una vuelta por el centro de la ciudad, la famosa plaza de Maidán, la plaza de la Independencia de Ucrania, donde en el año 2014 murieron tiroteadas 98 personas. Visitamos el lugar de la memoria de los caídos y pedimos por ellos.

Regresamos a casa visitando algunos lugares destruidos por los proyectiles…

Oramos por las gentes que habitaban esos edificios ahora desolados.

Es hora de preparar la vigilia…

Emoción con toda la Orden, ante esta noche.

Recordamos Siria, Burkina, Perú, Colombia, Congo, Líbano, Irak, .

Oramos como UNO solo… por la VIDA QUE NO MUERE ni es capaz de destruir ninguna bomba…

Esta llegada a Kiev es otro capítulo diferente de Berdichev… porque aquí el horror de la guerra se siente mucho más patente aún… las señales están humeantes, y el relato de las personas es constante… No puedo contar en esta crónica todo lo que he escuchado. Alguno de los frailes me decía si me importaba que me contase esos horrores, y le dije que no me importaba… han sido muy largos ratos de conversación. Omito detalles. Están en contacto con los capellanes que acompañan a los soldados, y ellos mismos confiesan a los soldados. Les he entregado unos trescientos rosarios para los soldados.

La celebración de la vigilia sencilla y sentida. La capilla me parecía un pequeño arca de Noé, un recinto de salvación. La liturgia comienza en la calle con un sencillo fuego, y un frío helador. Conseguimos a duras penas mantener la llama de la vela encendida después de varios intentos.

Predico yo y traduce al ucraniano Jozef.

Al final de la celebración cantos y alegría compartida. Fila larga de gente para un abrazo, una bendición, y agradecer muy vivamente que yo esté aquí. Me dijo una joven que en su trabajo hay 400 personas y que 200 huyeron para ponerse a salvo en un lugar seguro, y que el que yo hubiera venido era para ella un signo especial. Así matrimonios y familias pasaban para ser bendecidos y abrazados. No me parece estar en un lugar de guerra, hay una sensación fortísima de comunión y complicidad… Una joven que ha perdido su casa en Mariupol y ahora ayuda a otros… una joven soldado que me pide la bendición antes de ir al frente. Le regalo mi rosario.

Y termina el día en conversación amigable un rato de dos horas, con Jozef, Marek, Benedict, el sacerdote Maciej, y padre e hijo, Andrzej y Daniel. Qué rato más intenso de experiencias vividas. Cuánta necesidad tienen de contar lo vivido y lo que saben… cuánto agradecen la presencia. Les digo que toda la Orden está aquí con ellos.

Termina el día, mañana iremos a visitar Bucha, la ciudad de la masacre. Y también alguna otra de las ciudades más devastadas, el seminario y otros lugares. Pero mañana será otro día, hoy, en las gentes de Kiev, a mí se me apareció el Señor Jesús resucitado, sonriente, y me bendijo en su sonrisa… una joven me bendijo espontánea.

En Berdichev escuché las sirenas cinco veces, en Kiev una, al salir del obispado. Pero ya nadie baja a los búnkeres. Si algo cae, caerá, si algo sucede, sucederá. Pero hoy, Cristo ha resucitado para mi en la fe de un pueblo, en su esperanza. ¡Qué afortunado soy de estar aquí! ¡Y de que estéis aquí conmigo!

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN… Resucitó mi Amor y mi Esperanza.

DÍA 17 de ABRIL de 2022
Domingo de Resurrección.
Nunca olvidaré en los días de mi vida este Domingo de Resurrección. Nunca.
Amanece la Vida. Y más en un día como hoy, día de Pascua pero esa vida nos ha nacido en el suplicio de la Cruz y se ha hecho luz en el sepulcro vacío.
A las 8 de la mañana comienza la celebración de la Eucaristía en nuestra parroquia de la Exaltacion de la Santa Cruz, de Kiev con una procesión alrededor de la parroquia, con el Santísimo. Hace mucho frío pero la pequeña iglesia está llena. La procesión es toda una metáfora de la vida misma. Cantamos la alegría y la confianza en Su Resurrección en medio de la muerte. En la celebración hay varios soldados y policías de uniforme que viven intensamente el momento.
Preside el padre Benedict y predica el sacerdote Maciej, cuya organización PRO SPE viaja casi todos las semanas a Ucrania para ayuda humanitaria. Sus palabras y su presencia son también un regalo de comunión eclesial estos días.
Al finalizar la Misa agradecimiento muy sentido de la gente. Me regalan una sudadera que dice ‘Viva Ucrania’, y unas flores amarillas. Dos laicos de la parroquia me agradecen la valentía de venir como el pastor en medio de las ovejas en peligro y agradecen la vida de estos carmelitas que se han quedado para acompañar y cuidar a la gente. Nos dicen que también ellos necesitan el cuidado y el apoyo de todos para seguir sosteniendo y animando a los demás. Me cantan una canción emocionante que dice bendito el que viene en nombre del Señor. Agradezco vivamente su precioso discurso sincero y expreso el orgullo por mis hermanos, por su entrega y por estar aquí. Les nombro a cada uno y doy gracias por sus vidas. Bendigo la vida de todos los presentes. Nunca olvidaré este Domingo de Resurrección. Al terminar les hago entrega de un regalo: Una reliquia de Santa Teresita y de sus padres, Celia y Luis. Y también de Mariam de Belén, invocando para todos ellos la bendición, para sus familias y las familias que han sufrido alguna pérdida importante estos días. Para que Teresita ilumine la noche de nuestros días. Y para que Mariam nos haga vivir al Dios de la vida en la humildad y la nada del sepulcro vacío, la plenitud de la misericordia.
Celebran con mucha alegría el regalo.
Después de la misa, soy bendecido con sus abrazos y su sonrisa. Todos expresan el saludo de Pascua en ucraniano.
Hacemos el desayuno que es aquí como una comida. De hecho, hoy haremos la siguiente comida cerca de las seis de la tarde.
Y emprendemos camino Benedict, Jozef, Maciej, Bogdan (amigo voluntario) y yo, a lugares muy significativos y estremecedores.
Visitamos en primer lugar el seminario mayor de Kiev, (Worzel) que está en un bosque, en el campo, a unos kilómetros de la ciudad, y nos recibe el rector, el padre Ruslan, joven, delgado, con sotana y polar. Y algunos voluntarios y gente que trabaja con él en la ayuda humanitaria a las familias. El seminario fue saqueado por los rusos y se llevaron todo lo que quisieron. En el patio del seminario cayó una bomba de racimo, cuyos efectos nos espeluznaron. Algunos trozos de la metralla entraron por las ventanas y impactaron a la Virgen de Fátima arrancando la cabeza. Comprobamos el agujero del proyectil en el patio y su potencia destructiva.
El padre Ruslan y otros voluntarios nos acompañan durante todo el día al siguiente lugar que es el campamento de los rusos en el bosque. Los responsables de las masacres de Bucha. Con cuidado nos adentramos entre los árboles. Encontramos todo tal como lo dejaron hace 15 días; las madrigueras excavadas en el suelo, las instalaciones provisionales. Todo absolutamente nos deja perplejos y con el alma atravesada por preguntas sin respuesta: ¿Cómo puede el ser humano llegar a tanta atrocidad en pleno año 2022? No es una película, no es un reportaje en blanco y negro de los años 42, no es una biografía que habla de Auschwitz. Los rusos se fueron de aquí hace quince días y sólo pensarlo se me ponen los pelos de punta. Está la fruta en las cajas, la cafetera, los calcetines colgados, las botellas de vodka vacías, las botas en el suelo, las cajas rusas que contienen la comida, pastillas de vitaminas, etc. etc. pisamos este suelo con cuidado por si hubieran dejado alguna mina. Pero queremos ver y ser testigos para poder contar al mundo lo que hemos visto. Una historia real y no de ciencia ficción. El alma encogida, indignada, taladrada como por bomba de racimo de pies a cabeza. ¡Dios mío! ¿Cómo es posible? Desde aquí iban a los pueblos vecinos y hacían atrocidades. Desde aquí recibían de sus superiores el encargo de hacer con libertad lo que quisieran. Hablo con Jozef pensando en voz alta: ellos también tendrán madre y hermanas y abuelos e hijos. Entonces, ¿cómo se puede lastimar la vida hasta tal punto …? Nos quedamos en silencio y oramos. Emprendemos el camino del horror por las calles de Borodzianka, Bucha e Irpin. No puedo describir con palabras lo que vimos, vais a ver algunas fotos, y os pido que no retiréis la mirada, porque esta película es real y las víctimas merecen que miremos, que despertemos y que nuestra vida se haga consciente. Tanques destrozados, casas quemadas, edificios en ruinas, hospitales vaciados, un espectáculo siniestro, demoniaco… puentes destruidos, coches volcados. Y la sensación de estar siendo testigos privilegiados y atónitos de que los Hitler y los Stalin, los Mussolinis y los Pinochets, los Gadafis no han desaparecido del escenario humano, aunque nos cueste creerlo. También una masa inmensa enardecida aclamaba a Hitler y saludaba como el salvador. Por favor, no soportaré que nadie justifique este horror con bondades ideológicas del signo que sean.
En el corazón de Bucha, donde depositaron los cadáveres de 98 personas tiroteadas en las calles, oramos sobrecogidos en el lugar de la fosa común. Y enviamos desde ahí mismo nuestro mensaje a toda la Orden de felicitación de Pascua. En este sepulcro vacío y real, Jozef, Benedict, también Marek que se ha quedado en la parroquia, y yo, expresamos la comunión de todo el Carmelo ucraniano con toda la Orden.
Junto a una puerta en el suelo sobre la que hubo el cadáver de un anciano, han colocado unas flores amarillas. Rezamos a María y oramos por todos. Cristo ha vencido a la muerte. Cristo ha resucitado. No están aquí, están ya en la casa de la vida. Disfrutan de La Paz de Dios en el hogar sin fin.
Abrazo a Ruslan el joven rector que nos ha acompañado tan amable, y que ha estado en contacto con todos los protagonistas y con familias de las víctimas y nos aseguramos la oración común. Le digo que el Carmelo orará por los 25 seminaristas de Kiev y por él. Un abrazo muy sentido.
Emprendemos camino a la parroquia de un sacerdote Dehoniano, Tadeusz, que se ha quedado aquí en los tiempos más difíciles en Irpin, una de las ciudades masacradas. Nos enseña su capilla, dedicada a santa Teresita. Le entregamos una chimenea para calentar la parroquia, que traíamos todo el día en la furgoneta de Maciej.
Volvemos a casa para un programa de la radio argentina. Y visitamos a Verónica y Alejandro, miembros del Carmelo Seglar de Kiev. Nos reciben con tanto cariño en su humilde casa también alcanzada por una bomba de racimo. Verónica nos habla entusiasta del Carmelo Seglar y nos entrega unos regalos, y un libro publicado en ucraniano con textos de los Santos del Carmelo, de lo poco publicado en ucraniano sobre nuestros santos. Nos contagian con su entusiasmo. Oramos por todo el Carmelo Seglar en Kiev y en Ucrania.
Retornamos a la parroquia. Se hace muy tarde. El toque de queda es a las 22.00. Abrazo muy sentido por ambas partes.
Me siento muy feliz de verles confortados. Me siento muy contento de haber llegado a Kiev y haberme dejado tocar por su testimonio y su presencia paternal y fraterna con la gente sencilla, son un sacramento vivo de la cercanía incondicional de Dios a cada ser humano. Dios os bendiga mis hermanos. Orgulloso me siento. Y me despido deseándoles, en polaco, ánimo y coraje.
Salimos con dificultad de Kiev. El GPS no sabe de barricadas y de calles cortadas. Después de un rato conseguimos salir de la ciudad. Tenemos poca gasolina, solo para unos 40 km. Y nos quedan unos 150. Jozef reza al Espíritu Santo y dice que nunca le falla. Pasamos muchas gasolineras cerradas. Ya es muy tarde. Me imagino durmiendo en el coche. Pero al pasar una estación de servicio vemos una pequeña luz y conseguimos, no 20, sino 30. Y el Señor que vende se desahoga con Jozef contando sus sentimientos. Al final con las manos hace gesto de orar.
Antes de llegar, muchos controles militares. Nos piden la documentación. Rezamos vísperas y completas. Oramos por toda la gente que hemos encontrado, y suplicamos a Dios la Paz y el fin de tanto mal. Nuestro camino nos lleva casi, cuatro horas después de salir, a Gwozdawa; una casa tranquila en el campo, en la que los frailes celebran diariamente con el pueblo, de unos cien habitantes.
Nos recibe Maximilian, el superior. Es ya muy tarde. Son pasadas ls 11 de la noche. Y el día ha sido agotador, impresionante, sobrecogedor.
Cristo Resucitado cura la tierra de Ucrania, cura sus heridas. Cura nuestro mundo.
DÍA 18 Abril 2022
LUNES DE PASCUA
Amanece en Gwozdawa. Me acelero en levantarme para acudir con ellos a la hora de la oración. Antes rezamos laudes. Y la misa después, a las 7.20. La iglesia se ha ido llenando de gente encantadora. Algunos niños en primera fila. Mujeres ancianas y algunas de mediana edad. El grupo de hombres es más escaso. Celebra Jozef y me deja a mí la predicación. Al comenzar la misa, Clementina me dirige unas palabras acogiéndome con una sencillez y alegría que me conmueve.
En sus palabras expresa la alegría de este pequeño pueblo por mi presencia en tiempos de guerra y la alegría por los padres Maksymilian, Piotr y Jozef entre ellos, el gozo de tener la misa diaria. Me regalan un huevo de Pascua de porcelana y unos bombones.
Al final de la misa nos abrazamos como familia de toda la vida. Bendigo uno por uno a todos con imposición de manos. Les regalo los rosarios que he traído de España y que ha hecho el padre Santiago, un fraile bueno y sencillo, que vive en Madrid (de 90 años). Agradecen mucho el detalle. Cuando les bendigo me retienen las manos y me besan en las dos palmas, como si fuera mi primera Misa. Me estrenan el sacerdocio con tanto cariño. Me hago algunas fotos con ellos. Después, enseño algunas fotos de estas y digo a amigas y amigos que me he enamorado de estas gentes. Soy yo el bendecido.
Desayunamos en ambiente de fiesta y alegría. Visito la casa y los alrededores con los hermanos. Un lugar de campo tranquilo y silencioso. Son solo una comunidad, la de Berdichev, que atiende este lugar de silencio y retiro, cuidando la piedad y la confianza de este pueblo pequeño, tan lleno de fe y tan probado desde los tiempos del comunismo.
Después de haber completado con Jozef una entrevista con Anastasia (hermana honorata) para el periódico de la Iglesia en Ucrania, nos despedimos con agradecimiento mutuo. Ha venido en la mañana Rafal de Berdichev para la despedida. Abrazo y bendición a los hermanos.
El camino hacia la frontera es de 7 horas, con dos paradas. A medida que nos alejamos del centro del país la vida se percibe más normal, aunque haya controles cada cierto tiempo. Más coches y estaciones de servicio enteras y sin nada roto. Se hace extraño, después de los alrededores de Kiev, ver ciudades con los edificios casi todos en pie y sin señales de guerra.
El camino con Vitaly y Olek, que vuelven a prestarse amables para llevarme, es animado y lleno de vitalidad amiga. Agradezco mucho su compañía.
Llegamos a la frontera y da pena despedirse del país, de los hermanos, de Vitaly, pero les prometo volver.
En la frontera, una cola de unas 200 personas. Familias y niños. Comienza a hacer bastante frío. Esperamos una hora y media más o menos el fluir muy lento de la cola. Mientras voluntarios y cruz roja nos ofrecen agua y mantas, muñecos a los niños y chocolate y te… pasan una y otra vez por la fila de gente preguntando qué necesitamos. Me emociona esta humanidad arropando el éxodo de los ucranianos frente al desamor y la barbarie que ayer contemplé.
Por fin consigo pasar los dos controles de policía ucraniano y polaco después de tanto tiempo de pie. Al otro lado las ONGs reciben a la gente y ofrecen de todo. Acepto chocolate de los españoles y saludo a otros voluntarios.
Me recoge Andrezj y emprendemos camino a Częstochowa, sin parar en Przemyśl. Voy a visitar a las carmelitas dé Kharkiv que están ahí hospedadas en un lugar independiente y preparado para ellas, en las hermanas de San José. Con ganas de abrazarlas.
Llegamos pasada la media noche. Y me recibe Ana María la priora y otras dos hermanas. Nos saludamos con un abrazo largamente esperado. Tienen la cena preparada. Conversamos sin prisa pese a la hora, cerca de la 1. Hay tanto por compartir, tanto consuelo en esta fraternidad honda y verdadera que vence toda frontera y logra comunión en la lengua común del sentirnos UNO. ¡Cuánto calor en medio de tanto frío en nuestro mundo!. Si todos los seres humanos pudieran disfrutar de este cariño de hermanos que a mí se me regala. Si las niñas violadas o las personas tiroteadas, si las familias bombardeadas o las personas desprovistas de hogar pudieran sentir este calor de Resurrección dentro y el calor de lo mejor del ser humano. Pero todavía no es ese sueño cumplido en esta tierra herida. Y no escenificamos reconciliaciones inexistentes, porque Rusia y Putin siguen en su empeño de masacrar Ucrania, a la que llaman ‘fascista’, ¡Cruel ironía! Sino que oramos con violencia pacífica para que se haga verdad y justicia. Y sí, que haya perdón, que sane y libere a víctimas rotas y a verdugos crueles, y gracia que cure el dolor profundo de la Cruz de nuestros días y llene el sepulcro vacío de un anuncio de Vida Nueva invencible. Pero todavía es la guerra y todavía no hay ningún aire de conciencia por parte de quienes la alimentan y quienes la consienten. Todavía las bombas silban en el aire y caen sobre Lviv mientras pasamos por sus alrededores al caer la tarde de este Lunes de Pascua. Y todavía tenemos tanto por orar y tanto por despertar y tantos a los que abrazar y consolar, sin rendirnos.
No nos engañemos. El perdón de Jesús en la Cruz está también en nuestros labios y en nuestro corazón: ‘Perdónalos porque no saben lo que hacen’. Y lo decía desde la Cruz. Pero las raíces del mal y del horror están escondidas y vivas en esta tierra que pisamos y sus botas dispuestas a seguir pisoteando seres humanos indefensos. Tenemos el deber moral de armarnos para esta guerra. Os invito a sacar a luz la violencia de los pacíficos plantando cara a tanta hipocresía política, a tanta mentira ideológica y a tanto silencio cobarde, a hacer frente común de evangelio valiente con una oración y una vida sin echarnos atrás.
Perdonad este desahogo. Me fastidia tanto la política de nuestros días. Respeto a los políticos que sirven al pueblo, que no dicen mentiras, que luchan sin ser esclavos de ideologías de partido, los políticos que no buscan poder y que no son narcisistas. Los que construyen para todos. No puedo soportar que sigamos discutiendo si estamos a favor de Rusia o de USA, si somos de derechas o de izquierdas, si somos del Papa Francisco o de Benedicto XVI… cayendo en una trampa estúpida que no nos deja ver la realidad del mal que nos acecha. Y la demencia de dirigentes sin escrúpulos.
Termino el día agotado y feliz de estar con mis hermanas.
DÍA 19 de Abril
MARTES DE PASCUA
La Eucaristía con las hermanas de Kharkiv es un rato precioso de oración, de acción de gracias y de canción que expresa esperanza y vida.
Estoy muy conmovido del encuentro con ellas. Durante la mañana apuramos el tiempo hasta el último segundo compartiendo lo vivido. Las hermanas tienen necesidad de contarme lo que han pasado. El pánico, el miedo, el sonido de las bombas acechando, la incertidumbre, la resistencia a salir hasta el último momento, un éxodo sin tiempo para pensar y la presencia del pastor, del obispo abriéndose camino en una carretera insegura para llegar hasta ellas y celebrar la Eucaristía y consolar y arropar. Diálogos comunitarios con diversidad de opiniones. Dudas y oración para pedir luz. El obispo dijo una palabra que dejó a todas en shock: mañana a primera hora hay que salir, el peligro es inminente (el día anterior habían decidido quedarse a pesar del peligro). Pero poco rato después fue aún más apremiante y sin discusión posible. “En una hora están los coches en la puerta y hay que salir”. Consumir el Santísimo y recoger lo estrictamente imprescindible… Y un camino de inseguridad evitando zonas de peligro. Cuánta angustia para llegar a zona segura. Incluso la pérdida de uno de los dos coches y la inquietud hasta reencontrarse. Horas de espera en la frontera y, por fin, dejar atrás la tierra que ha sido hogar durante toda la vida para las 8 hermanas de Ucrania y tantos años para las tres de Polonia y la hermana de Eslovaquia. Todo empujó a esta salida cuando llegaban las noticias de las atrocidades del ejército checheno y ruso sin escrúpulos. (En toda la crónica de estos días he omitido detalles innecesario que mis oídos y mi corazón no olvidaran).
Escucho conmovido hasta las lágrimas. Y mientras tanto me honran con cantos de Pascua y con una alegría que me hace llorar, sin comprender cómo es posible tanto dolor y tanta vida desbordante. Es tanta la alegría que percibo en ellas por mi visita, y por mi presencia en los días de más incertidumbre, y tanta mi alegría por su agradecimiento. A la madre se le saltan las lágrimas al contar. Y también a las hermanas.
Me pregunta qué palabra les digo para vivir este momento. Les digo que el SÍ más importante se pronuncia en la tierra del presente sea cual sea. Que Juan de la Cruz y Teresa de Jesús vivieron lo más fecundo de sus vidas en los momentos más inhóspitos y más perseguidos, de extrema fragilidad. Que antes de llegar a la tierra prometida que Dios les quiera regalar, este momento que pisan es un ahora privilegiado de alianza y de entera. Hemos venido al Carmelo andar la vida. Y nunca imaginamos donde nos llevaría el Señor, pero sabemos que donde vayamos Él será nuestro hogar y nuestro consuelo infinito. El Carmelo renace en las horas de máxima pobreza.
Se hace presente la presidenta de la Federación que ha sido una madre para ellas preparando todo. Y también la provincial de las hermanas de San José que las ha acogido en este lugar que tenían, precisamente, preparado para acoger a familias de refugiados ucranianos, providencia de Dios.
Nos intercambiamos algunos detalles. Y, sobretodo, abrazos tan sinceros, tan necesarios en esta hora de frío incierto. Me han regalado una figura Preciosa de la Virgen de Ucrania que tengo ahora junto a mi cama.
Nos despedimos con la bendición, las bendigo y me siento bendecido en ellas.
Nos despiden en la calle con la guitarra y el tambor tan llenas de alegría que no quisiera dejarlas. Todo el Carmelo se ha encantado en esta comunión de la fraternidad. Y toda Ucrania esté segura de que el Carmelo entero está orando sin tregua y sin respiro para que se haga La Paz.
Antes de dejar Częstochowa, hacemos una visita a las hermanas de aquí de esta ciudad que esperan con tanto entusiasmo la bendición en la iglesia. Muy rápida y muy gozosa visita.
Termina mi periplo por tierras de Ucrania y de Polonia. Jamás olvidare lo vivido. Se ha abierto dentro una herida que no quiero que cure. Me cuesta digerir y la impotencia de lo visto me deja sin palabras dentro. Me he dejado atravesar sin miedo a escuchar, a ver, a sentir, a llorar, a indignarme… y me he dejado abrazar por aquellos a los que yo iba a consolar. He abrazado a frailes que parecen fuertes y consuelan q muchos y necesitan ser consolados y sostenidos y me he dejado agradecer por su mirada. He bendecido a una joven soldado que me pedía orar por ella antes de ir al frente y me ha desarmado la sonrisa de una joven que ha perdido todo lo que tenía en su casa de Mariupol.
Gracias por acompañarme en este camino terrible al corazón de la guerra. Todos estamos en guerra. Y nos necesitamos unidos. Hay que estar preparados con las armas de la luz, que nadie nos borre la sonrisa y la esperanza, es el mayor tesoro que traigo de Ucrania. No son pobrecitos masacrados, son un pueblo que resurgirá de sus cenizas porque tienen Fe y en su herida nos despiertan a todos a vivir y a ponernos en pie.
Gracias por vuestra oración. Mi última palabra es el agradecimiento de la gente sencilla, de los frailes, de las monjas y las hermanas, la sonrisa de los niños y el beso de las abuelas apretando fuerte mis manos y besándolas. Su Agradecimiento para todos vosotros. Saben que seguiréis, que seguiremos a su lado pase lo que pase. Y vencerá la bondad sobre el horror y la crueldad. Os lo prometo.
Dios nos bendiga a todos.
“Paz a vosotros, soy yo. No temáis” dice Jesús, “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin”.


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