«Marta y María han de andar juntas»

Diego Velázquez. Cristo en casa de Marta y María. National Gallery de Londres.
Diego Velázquez. Cristo en casa de Marta y María. National Gallery de Londres.

El lienzo de Velázquez titulado Cristo en casa de Marta y María, conservado en la National Gallery de Londres, pertenece a la etapa de juventud del pintor sevillano. La fecha de este cuadro coincidiría, según los expertos, con el año de su boda, 1618.

La obra presenta, en un primer plano, una cocina, y en ella, a una joven con aspecto disgustado, que podemos identificar con la hacendosa Marta, machacando ajos en un almirez. A su lado, aparece una anciana que, por el gesto, parece estar haciéndole una advertencia.

En un segundo plano, a la derecha, se observa otra escena. Han corrido ríos de tinta sobre si se trata de una ventana, de un cuadro o de un espejo. Finalmente, la mayoría de estudiosos parece coincidir en que estamos ante un espejo, que refleja una escena con tres personajes: Jesús, sentado y dirigiendo su palabra a  María, que lo escucha a sus pies, y otra anciana a su lado.

El hecho de que Cristo aparezca bendiciendo con su mano izquierda, algo impropio de la representación habitual del Señor en la época, refuerza la tesis del espejo.

La anciana que advierte algo a Marta, en el primer plano, parece ser la misma de otro cuadro velazqueño: Vieja friendo huevos, cuyo modelo fue la esposa de Pacheco, el maestro y suegro de Velázquez.

Jonathan Brown comenta, a propósito de esta obra: «Es de lamentar que el virtuosismo de la ejecución corra cierto peligro debido a la falta de claridad narrativa, que ha dado lugar a numerosos intentos de explicar con exactitud qué es lo que en el cuadro se representa. Es unánime la opinión de que en el plano del fondo Velázquez representó con fidelidad el pasaje 10,38-42 del Evangelio de San Lucas […]. Pero, ¿dónde se desarrolla la escena descrita? ¿En una habitación contigua que vemos a través de una pequeña ventana de la cocina? ¿O se trata más bien de un cuadro dentro del cuadro enmarcado y colgado en la pared? Quizás pudiera ser asimismo un espejo que refleja una acción que tiene lugar delante del cuadro, en el espacio del espectador, se ha suscitado igualmente la cuestión de la identidad y función de las dos figuras que ocupan el primer plano. Velázquez las ha representado como si fueran no solo mujeres de su tiempo, sino también personas concretas […]. En consecuencia, resulta difícil comprender el sentido de su integración en la escena»[1].

El motivo aparentemente más sublime, la escena religiosa que representa a Cristo en casa de Marta, aparece como secundario, al fondo, con menor nitidez en los trazos, frente al detallismo de la escena primera, la que representa, a modo de bodegón, una cocina de la época. Se consigue así aunar ambos tiempos, traer al presente la escena bíblica, insertarla en lo cotidiano, que pasa a ser lo principal.

Tradicionalmente, María personifica la vida contemplativa, contrapuesta a su hermana Marta, modelo de vida activa. Las palabras de Jesús en el Evangelio se han interpretado comúnmente como una valoración mayor de la vida contemplativa: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas, pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la quitará».

Sin embargo, el lienzo de Velázquez parece comunicar otro sentido. Arsenio Moreno Mendoza[2], en  un interesante trabajo sobre esta obra, ha descubierto una influencia de Santa Teresa en el mensaje transmitido por Velázquez a través del pincel, que le ha hecho plantear una nueva hipótesis interpretativa del cuadro.

Este  autor nos recuerda el contexto religioso en el que la obra se pintó: «Con la Contrarreforma y el empuje de ciertas órdenes religiosas renovadas, el trabajo, o lo que es igual, la vida activa, la dedicación al prójimo, habían ido adquiriendo una valoración cada vez más encomiable. Si la salvación no era tan solo fruto de la fe, sino también consecuencia de las obras, del ejercicio de la caridad, la acción en pos de los demás iba consiguiendo un reconocimiento mayor en la espiritualidad española del Siglo de Oro […]. Pero son, precisamente, las enseñanzas de Santa Teresa de Jesús las que han de ponderar el reconocimiento del trabajo, físico y mental, como preámbulo, en muchos casos, indispensable a la contemplación estática»[3].

En efecto, en varios de sus libros y, sobre todo,  en su obra cumbre, las Moradas, Teresa intentará superar esa dicotomía entre vida activa y contemplativa:

«Marta y María han de andar juntas para hospedar al Señor y tenerle siempre consigo, y no hacerle mal hospedaje, no dándole de comer. ¿Cómo se lo diera María, sentada siempre a sus pies, si su hermana no le ayudara?» (7M 4, 12).

De hecho, Teresa llega a comentar las palabras de Cristo en el Evangelio de Lucas, dándoles una original interpretación. Identificando a María de Betania con María Magdalena (algo habitual en la tradición teológica hasta el siglo XIX), dialoga con sus monjas de este modo: «Decirme heis dos cosas: la una, que dijo que María había escogido la mejor parte. Y es que ya había hecho el oficio de Marta, regalando al Señor en lavarle los pies y limpiarlos con sus cabellos» (7M 4, 13).

Y aún llegará a advertir: «Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras» (7M 4, 6).

Por esta razón, Arsenio Moreno  concluye: «Dios está en sus criaturas. Dios está en la sencillez de una cocina, en la labor cotidiana e ingrata. Su encuentro implica, muchas veces, trabajo, sacrificio, humildad. Y es que la ocupación ni distrae ni perturba el alma […]. Este es -en mi opinión- el gran sermón velado que el cuadro encierra. La anciana que señala a Marta con gesto admonitorio le recuerda esta virtud. Le exhorta a abandonar su enojo haciéndole ver que su afán doméstico, su sacrificio abnegado, es grato a los ojos del Señor y compatible con otros menesteres más elevados, cuando no antesala de los mismos. Desconocemos para quien fue pintada esta obra. Pero sabemos que fue realizada el mismo año en que Velázquez -ya lo hemos dicho- contraía matrimonio. Es posible pensar, por tanto, que el lienzo expresa un claro elogio de la vida doméstica, de la santa cotidianeidad, de su sencillez rutinaria más imprescindible. Y esta lección está siendo dictada por Doña María del Páramo, la mujer entregada que regía la casa del maestro, la matrona de un hogar capaz de acoger a la familia nuclear y a los diversos pupilos (entre los que un tiempo se encontró Diego), la madre educadora de su joven esposa».[4]

Si esto es así, hemos de concluir una viva influencia teresiana –directa o indirecta– en el genio de la pintura española.


[1]  Jonathan Brown, Velázquez, Madrid, 1986, pp. 16-17.

[2] «Cristo en casa de Marta y María de Velázquez: una interpretación carmelitana», Cuadernos de arte e iconografía. Tomo XIII – 25. 2004.

[3] Ob. Cit., p. 122.

[4] Ibid., p. 126


4 thoughts on “«Marta y María han de andar juntas»

  1. “Dios está en sus creaturas”
    Qué grato recordar que hasta con nuestras más sencillas acciones y trabajos cotidianos, podemos agradar a Dios, podemos ser “Alabanza de su gloria”
    De paso recrearnos con estas obras de arte.Gracias. Gracias.

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    1. Muchas gracias por tu aportación. La unión con Dios se alcanza por el amor, que puede expresarse de múltiples modos. Pero en el Evangelio, Jesús nos muestra que el servicio es la manera en que Dios nos expresa su amor.Y también aquella que nos ha de servir de criterio para evaluar nuestro grado de amor: “Tuve hambre y me disteis de comer…” (Mt 25).

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