Francisco de Osuna y santa Teresa

Pedro Paricio Aucejo

Las arraigadas cualidades lectoras de santa Teresa de Jesús le llevaron a encontrar en los libros espirituales uno de los habituales auxilios de su formación religiosa durante la juventud. Tratados de san Jerónimo, san Agustín, Tomás de Kempis o Bernardino de Laredo figuraron entre sus escritos preferidos, que la monja abulense analizó selectivamente en función de sus intereses, reteniendo solo aquello que consideraba relevante para su camino espiritual. No obstante, aunque ella no pretendió conservar en su memoria el desarrollo doctrinal de ninguna de estas obras, su lectura influyó en el contenido e incluso en el planteamiento simbólico de sus escritos. Así ocurrió especialmente en el caso de los textos de Francisco de Osuna (hacia 1492-1540), su gran maestro en materia de oración de ‘recogimiento’.

Este franciscano, antes de convertirse en uno de los más fecundos escritores del siglo XVI, vivió como fraile reformado en un ambiente de soledad, silencio y vida ascética. Entre otros libros fue autor del Tercer abecedario espiritual, manual por excelencia de la vía del recogimiento, que –si bien no inventada por Osuna– ha constituido una de las manifestaciones más profundas tanto de la reforma española como de su mística. Resulta también un documento de primer orden para conocer la historia de la oración metódica y los movimientos y corrientes espirituales del siglo XVI en España.

En esa obra, como explica Daniel de Pablo¹, el asceta sevillano pone su empeño en hacer ver la importancia de la interioridad y su papel en la unión de amistad entre el hombre y su Creador. A este respecto, aborda los distintos procedimientos psicofísicos mediante los que el alma puede recoger todas sus potencias para ´entrar dentro de sí con su Dios` y ser enseñada por su divino Maestro con más quietud y brevedad que cualquier otro método, hasta lograr finalmente la unión con la divinidad.

A este reputado libro accedió Teresa de Ahumada cuando contaba veintitrés años y era ya monja del monasterio de La Encarnación. Lo recibió como regalo de su tío Pedro Sánchez de Cepeda, siéndole de mucho provecho: ‘holguéme mucho con él y determinéme a seguir aquel camino con todas mis fuerzas […]. Comencé a tener ratos de soledad y a confesarme a menudo y comenzar aquel camino, teniendo a aquel libro por  maestro’. De esta obra, la religiosa de Ávila asimiló una terminología específica para expresar las experiencias místicas propias y ajenas (mercedes, quietud, huerto de regadío, castillo interior…), simbología animal (abejas, palomas…) y conceptos y temas doctrinales (humildad, desasimiento, amistad con Dios…).

Ahora bien, aunque Teresa de Jesús tuvo a Osuna por maestro en la oración de recogimiento, ella elaboró doctrinalmente el tema en Camino de perfección, pero recogiendo solo lo que le impresionó de dicho proceso orante, aconsejándolo como una forma excelente de orar –cuyo ejercicio depende de la propia voluntad– y exponiéndolo a sus lectores de una manera más práctica que la elaborada por su maestro. De este modo, su pedagogía orante concluye en el encuentro enamorado –realizado en distintas fases y niveles de profundización– con Cristo-Dios en el interior del corazón.

En un primer momento, el orante –recogido para tratar amorosamente con Dios– debe convertir su interioridad en el escenario en el que acontezcan los hechos históricos de la vida de Cristo sobre los que se pretende meditar (pasión, muerte, resurrección…). A continuación, hay que representar imaginariamente a Cristo viviente acompañando y dialogando con el orante. Después sigue el encuentro afectivo entre ambos por medio de la mirada enamorada del orante a Jesús (‘no os pido ahora […] que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis’) y la del Hijo de Dios al orante (‘miraros ha Él con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores para consolar los vuestros, sólo porque os va[yá]is vos con Él a consolar y volváis la cabeza a mirarle’). Finalmente, esta relación amorosa abarcará también otras actuaciones del orante, como escuchar a Jesucristo, hablar con Él y compenetrarse con su vida, sufriendo con sus dolores y alegrándose con sus gozos.

De esta forma, según De Pablo Maroto, santa Teresa no solo halló provecho en el recogimiento (‘nunca supe qué cosa era rezar con satisfacción hasta que el Señor me enseñó este modo’), sino que, evitando la complejidad del método elaborado por Osuna pero recogiendo lo esencial de este, reunió con sencillez y vital cercanía “los elementos necesarios para que la persona se ‘recoja’ en su corazón, medite, contemple, ore”².

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¹Cf. DE PABLO MAROTO, Daniel: “La oración de ´recogimiento` en el Camino de Perfección. Franciscanismo y teresianismo”, en Revista de Espiritualidad, Madrid, Carmelitas Descalzos de la Provincia Ibérica ´Santa Teresa de Jesús´ (España), 2011, vol. 70, núm. 281, pp. 519-546.

²Op. cit., pág. 545. 


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